
El error que no debia desear
Deysi Juarez · En curso · 33.9k Palabras
Introducción
⚡ Un beso que no debió pasar.
⚡ Un cuerpo que no olvida.
⚡ Una obsesión que empieza sin permiso.
Decide huir de él, borrar su rostro y fingir que nunca existió.
Error número uno: su mente no lo suelta.
Error número dos: horas después, acepta una cita a ciegas. Y frente a ella, tiene al chico perfecto. Amable, estable y seguro. Pero cuando sus labios vuelven a rozarla… algo no encaja. No es el desconocido que la hizo temblar. Entonces, ¿por qué su corazón late igual?
Atrapada entre dos versiones del deseo y una verdad que llega demasiado tarde, tendrá que elegir:
Seguir siendo quien era o rendirse al error que podría destruirlo todo.
Capítulo 1
LUZIA
"No debí haber salido esta noche."
Eso es lo primero que pienso al llegar.
La discoteca late a mi alrededor como un corazón enfermo: luces estroboscópicas, sudor, música que vibra en mis huesos. Tahía me ha arrastrado hasta aquí con la excusa de "relajarme un poco", pero yo conozco la verdad. Quiere sacarme del pozo de silencio donde llevo meses metida.
Y funciona durante media hora, logro desconectar de mi mundo de terror.
Hasta que lo veo.
Él está apoyado contra la barra, con esa calma peligrosa de quien no necesita llamar la atención… porque la atención lo encuentra sola. Camisa negra mal abotonada, mangas arremangadas hasta los antebrazos, un par de anillos de plata brillando bajo la luz violeta. Tiene el pelo oscuro y desordenado, como si se hubiera pasado los dedos mil veces. Y una cara de ángel que pondría nerviosa a cualquiera.
Pero no es su físico lo que me paraliza. Es la forma en que sus ojos me miran. Esa mirada intensa, imposible de ignorar como si estuviera leyéndome entera en un solo segundo.
“Qué bonito. Pero no, gracias.”
Desvío la mirada. Trago saliva. "No pasa nada. Solo es un chico guapo. Hay cientos", pienso.
Pero cuando vuelvo a levantar la vista, él sigue allí sin moverse, sin sonreír, solo… observándome como si esperara algo.
“Pues que espere sentado.” Pienso, tratando de volver con Tahía, sin embargo, la multitud me empuja. La corriente de cuerpos bailando me arrastra hacia la barra. Sigue mirándome y ya está poniéndome nerviosa.
Y como si esto no fuera suficiente Tahía está a unos metros de él, bailando. Asi que cuando paso a su lado, él habla.
—Te estás equivocando de lugar.
Su voz es baja y segura.
Me detengo. Lo miro de arriba abajo, igual que él me ha mirado a mí. Me tomo mi tiempo. Que sepa que yo también puedo jugar.
—¿Perdón? —suelto, con una ceja levantada.
Él sonríe apenas. Una curva diminuta en el extremo de sus labios. Como si yo acabara de confirmar algo que él ya sabía.
—No eres de este tipo de sitios.
Qué típico y predecible.
—¿Y tú sí? —pregunto, desafiante, dejándolo en silencio
La música sigue sonando, pero de repente parece lejana. Todo parece lejano. Solo existimos él y yo y esa tensión que crece entre nuestros cuerpos como un chispazo antes del incendio.
Él inclina la cabeza. Me mira de arriba abajo otra vez, no con morbo, sino con curiosidad.
—Yo soy de todos estos sitios —responde al final—. Y también de ninguno.
Un escalofrío recorre mi espalda, lo siento como un golpe directo en el pecho.
—Eso no tiene sentido —digo, con una media sonrisa que me sale más tensa de lo que quisiera.
—Nada lo tiene esta noche —responde él, acercándose un paso más. Su voz es un murmullo que raspa—. Pensé que sería divertido, pero te creí más profesional. No vales lo que he pagado por este show.
—Creo que me estás confundiendo con alguien más —intento retroceder, pero me toma del brazo. No con violencia, con una seguridad que me hiela. Me atrae hacia él en un movimiento fluido, como si nuestros cuerpos ya se conocieran.
—Sí, eres tú —suelta una pequeña risa, casi para sí—. Me hiciste dudar un segundo. Pero confirmas que te metes mucho en tu papel.
Podría apartarme, empujarlo y plantarle una bofetada que le borre esa sonrisa. Pero algo me detiene, algo caliente y torpe que se anuda justo debajo del estómago.
Él inclina la cabeza. Encuentra mi labio inferior con una precisión que me hace temblar y me besa como si ya me conociera. Como si ya fuera suya.
Su mano se desliza por mi nuca, sus dedos largos y firmes se enredan en mi pelo, tirando lo justo para mantenerme en su lugar. Como si yo fuera a huir.
El mundo se detiene y lo mejor… es que no lo rechazo.
Al contrario, cierro los ojos. Mis propias manos suben, lentas, deliberadas, y se aferran a la tela de su camisa. Él aprieta más, me besa más hondo. Un gemido queda atrapado en mi garganta —pequeño, indigno, inevitable—. No sé si es de sorpresa o de deseo.
Quizá las dos cosas. Más, cuando él intenta profundizar, cuando su lengua roza la mía como pidiendo permiso… me aparto, recobrando la razón.
Mi mano se levanta y le volteo la cara de un golpe.
Él me mira y sus ojos brillan con diversión.
—¿Acaso no te gusto?
—Gustarme? ¡por favor!, si a eso le llamas beso.
— Nena, te derretiste. Los dos lo sabemos.
Ese tono de suficiencia, me llena de enojo.
—No soy tu nena —digo.
Y antes de que pueda responder, mi mano se levanta y se abate contra su mejilla otra vez.
El sonido corta el aire como un látigo.
—¿Eso es todo? —pregunta, con esa sonrisita boba que no le puedo quitar.
Me reta, mi mano se levanta de nuevo y le doy lo que pide.
La tercera bofetada es más seca, su piel se enrojece bajo mis dedos, mi palma arde y también arde un deseo de volver a besarlo.
—Bien —murmura—. Así me gustas más.
No me da tiempo a replicar. Sus manos están en mi cintura antes de que pueda reaccionar. Me levanta, me gira, me empuja contra la barra. Inclina la cabeza y me besa. Este beso no pide permiso, me toma. Su lengua entra en mi boca sin suavidad, reclamando cada rincón como si fuera suyo. Sus dedos se entierran en mi cadera.
Un gemido —este sí, abierto, vergonzoso— se escapa de mi garganta. Él lo bebe, lo devuelve. Su otra mano sube a mi mandíbula, la fija en su lugar, y me besa más hondo, más sucio, como si quisiera demostrarme que, por más que lo abofetee, más que me aparte… Sigo ahí.
Cuando por fin separa los labios, los dos estamos respirando con dificultad. Mis labios palpitando y mi orgullo, hecho trizas.
—¿Sigues creyendo que no te gustan mis besos? —pregunta él, con la voz rota por el deseo, pero con esa sonrisa suya que ya empiezo a odiar… y a desear.
No respondo, no puedo. Porque la maldita verdad me está quemando desde dentro, caliente como un hierro al rojo vivo justo debajo del ombligo.
Pero tengo valor y orgullo, demasiado orgullo.
Sonrío ligeramente, lo justo para que sepa que no me ha ganado del todo.
—Me sigues pareciendo un imbécil —suelto—. Y tus besos son pasables.
Él arquea una ceja. Se lame el labio inferior.
—¿Pasables?
—Pasables —repito, como si escupiera la palabra—. Cualquiera te da un beso así. No eres nada especial.
Él se acerca, atrapándome con esa mirada de cazador hambriento.
—Puedo demostrarte lo contrario.
—Ve y demuéstralo a tu abuelita.
Lo empujo con fuerza para apartarlo. Luego me alejo en dirección a Tahía. Siento su mirada, pero no me giro. Mis manos tiemblan y mi corazón late tan fuerte que casi no oigo su risa baja.
Últimos capítulos
#30 Capítulo 30 La verdad que duele
Última actualización: 4/26/2026#29 Capítulo 29 Sin querer queriendo
Última actualización: 4/26/2026#28 Capítulo 28 La novia
Última actualización: 4/26/2026#27 Capítulo 27 Solo mía
Última actualización: 4/26/2026#26 Capítulo 26 La casa del terror
Última actualización: 4/26/2026#25 Capítulo 25 El parque de diversiones
Última actualización: 4/26/2026#24 Capítulo 24 Preparación
Última actualización: 4/26/2026#23 Capítulo 23 Un deseo
Última actualización: 4/26/2026#22 Capítulo 22 Acercamiento
Última actualización: 4/26/2026#21 Capítulo 21 El desayuno
Última actualización: 4/26/2026
Te podría gustar 😍
Elegida por el Rey Alfa Maldito
—Pero yo sobreviviré.
Lo susurré a la luna, a las cadenas, a mí misma—hasta que lo creí.
Dicen que el Rey Alfa Maximus es un monstruo—demasiado grande, demasiado brutal, demasiado maldito. Su cama es una sentencia de muerte, y ninguna mujer ha salido viva de ella. Entonces, ¿por qué me eligió a mí?
La omega gorda e indeseada. La que mi propia manada ofreció como basura. Una noche con el Rey despiadado se suponía que acabaría conmigo. En cambio, me arruinó. Ahora ansío al hombre que toma sin piedad. Su toque quema. Su voz manda. Su cuerpo destruye. Y sigo regresando por más. Pero Maximus no ama. No tiene compañeras. Él toma. Él posee. Y nunca se queda.
—Antes de que mi bestia me consuma por completo—necesito un hijo que tome el trono.
Qué lástima para él... no soy la chica débil y patética que tiraron. Soy algo mucho más peligroso—la única mujer que puede romper su maldición... o destruir su reino.
El Ascenso de la Loba Desterrada
Ese rugido me robó mi decimoctavo cumpleaños y destrozó mi mundo. Mi primera transformación debería haber sido gloriosa—la sangre convirtió la bendición en vergüenza. Al amanecer me habían marcado como "maldita": expulsada por mi manada, abandonada por mi familia, despojada de mi naturaleza. Mi padre no me defendió—me envió a una isla desierta donde los marginados sin lobos eran forjados en armas, obligados a matarse entre ellos hasta que solo uno pudiera irse.
En esa isla aprendí los bordes más oscuros de la humanidad y cómo enterrar el terror en los huesos. Innumerables veces quise rendirme—sumergirme en las olas y no salir jamás—pero los rostros acusadores que atormentaban mis sueños me empujaban hacia algo más frío que la supervivencia: venganza. Escapé, y durante tres años me escondí entre humanos, recopilando secretos, aprendiendo a moverme como una sombra, afilando la paciencia hasta convertirla en precisión—convirtiéndome en una espada.
Luego, bajo una luna llena, toqué a un extraño herido—y mi lobo regresó con una violencia que me hizo completa. ¿Quién era él? ¿Por qué podía despertar lo que yo creía muerto?
Una cosa sé: ahora es el momento.
He esperado tres años para esto. Haré que todos los que me destruyeron paguen—y recuperaré todo lo que me fue arrebatado.
El Latido Prohibido
La mía cambió en el tiempo que tomó abrir una puerta.
Detrás de ella: mi prometido Nicholas con otra mujer.
Tres meses hasta nuestra boda. Tres segundos para verlo todo arder.
Debí haber corrido. Debí haber gritado. Debí haber hecho cualquier cosa excepto quedarme allí como una tonta.
En cambio, escuché al mismísimo diablo susurrar en mi oído:
—Si estás dispuesta, podría casarme contigo.
Daniel. El hermano del que me advirtieron. El que hacía que Nicholas pareciera un niño de coro.
Se apoyó contra la pared, observando cómo mi mundo se desmoronaba.
Mi pulso retumbaba. —¿Qué?
—Me escuchaste. —Sus ojos se clavaron en los míos—. Cásate conmigo, Emma.
Pero al mirar esos ojos magnéticos, me di cuenta de algo aterrador:
Quería decirle que sí.
Que comience el juego.
El Amor No Dicho del CEO
Antes de que pudiera responder, se acercó más, de repente alzándose sobre mí, su rostro a centímetros del mío. Sentí que mi respiración se detenía, mis labios se separaban por la sorpresa.
—Entonces este es el precio por hablar mal de mí con otros —murmuró, mordisqueando mi labio inferior antes de reclamar mi boca en un beso real. Comenzó como un castigo, pero rápidamente se transformó en algo completamente diferente cuando respondí, mi rigidez inicial derritiéndose en cumplimiento, luego en participación activa.
Mi respiración se aceleró, pequeños sonidos escapando de mi garganta mientras exploraba mi cuerpo. Sus caricias eran tanto castigo como placer, arrancando estremecimientos de mí que pensé él sentía reverberar a través de su propio cuerpo.
Mi camisón se había subido, sus manos descubriendo más de mí con cada caricia. Ambos estábamos perdidos en la sensación, el pensamiento racional retrocediendo con cada segundo que pasaba...
Hace tres años, para cumplir el deseo de su abuela, me vi obligada a casarme con Derek Wells, el segundo hijo de la familia que me había adoptado durante diez años. Él no me amaba, pero yo lo había amado en secreto todo el tiempo.
Ahora, el matrimonio contractual de tres años está a punto de terminar, pero siento que algún tipo de sentimiento se ha desarrollado entre Derek y yo que ninguno de los dos está dispuesto a admitir. No estoy segura de si mis sentimientos son correctos, pero sé que no podemos resistirnos físicamente...
La Noche Antes de Conocerlo
Dos días después, entré a mi pasantía y lo encontré sentado detrás del escritorio del CEO.
Ahora le traigo café al hombre que me hizo gemir, y él actúa como si yo hubiera cruzado la línea.
Empezó con un reto. Terminó con el único hombre que nunca debería desear.
June Alexander no planeaba acostarse con un extraño. Pero en la noche que celebra haber conseguido su pasantía soñada, un reto salvaje la lleva a los brazos de un hombre misterioso. Es intenso, callado e inolvidable.
Pensó que nunca lo volvería a ver.
Hasta que entra en su primer día de trabajo—
Y descubre que él es su nuevo jefe.
El CEO.
Ahora June tiene que trabajar bajo las órdenes del hombre con quien compartió una noche imprudente. Hermes Grande es poderoso, frío y completamente prohibido. Pero la tensión entre ellos no desaparece.
Cuanto más cerca están, más difícil se vuelve mantener su corazón y sus secretos a salvo.
La Pequeña Pareja de Alfa Nicholas
¿Qué? No—espera… oh Diosa Luna, no.
Por favor, dime que estás bromeando, Lex.
Pero no lo está. Puedo sentir su emoción burbujeando bajo mi piel, mientras que todo lo que siento es pavor.
Doblamos la esquina y el aroma me golpea como un puñetazo en el pecho—canela y algo increíblemente cálido. Mis ojos recorren la habitación hasta que se posan en él. Alto. Imponente. Hermoso.
Y luego, tan rápido como… me ve.
Su expresión se tuerce.
—Joder, no.
Se da vuelta—y corre.
Mi compañero me ve y corre.
Bonnie ha pasado toda su vida siendo destruida y abusada por las personas más cercanas a ella, incluida su propia hermana gemela. Junto a su mejor amiga Lilly, que también vive una vida de infierno, planean escapar mientras asisten al baile más grande del año que está siendo organizado por otra manada, solo que las cosas no salen como planeaban, dejando a ambas chicas sintiéndose perdidas e inseguras sobre su futuro.
El Alfa Nicholas tiene 28 años, sin compañera, y no tiene planes de cambiar eso. Este año le toca organizar el Baile Anual de la Luna Azul y lo último que espera es encontrar a su compañera. Lo que espera aún menos es que su compañera sea 10 años menor que él y cómo su cuerpo reacciona ante ella. Mientras intenta negarse a reconocer que ha encontrado a su compañera, su mundo se pone patas arriba después de que los guardias atrapan a dos lobas corriendo por sus tierras.
Una vez que las traen ante él, se encuentra nuevamente frente a su compañera y descubre que ella esconde secretos que lo harán querer matar a más de una persona.
¿Podrá superar sus sentimientos hacia tener una compañera y una que es tan joven? ¿Su compañera lo querrá después de sentir el dolor de su rechazo no oficial? ¿Podrán ambos trabajar en dejar atrás el pasado y avanzar juntos o tendrá el destino otros planes y los mantendrá separados?
Mi profesor vampiro
De hecho, era hábil y muy sexy. Dejé efectivo y me escapé a la mañana siguiente.
Más tarde, me topé con el «chico de compañía» en mi clase y descubrí que, de hecho, era mi nuevo profesor. Poco a poco, me di cuenta de que había algo diferente en él...
«Olvidaste algo».
Me regaló una bolsa de la compra delante de todos los que tenían cara de póker.
«Qué...»
Empecé a preguntar, pero ya se estaba alejando.
Los demás estudiantes de la sala me miraban fijamente, preguntándose qué me acababa de entregar.
Eché un vistazo al interior de la bolsa y la cerré al instante, sintiendo que la sangre salía de mi cuerpo.
Era el sujetador y el dinero que había dejado en su casa.
Enamorada del hermano marino de mi novio
¿Por qué estar cerca de él hace que mi piel se sienta demasiado apretada, como si llevara un suéter dos tallas más pequeño?
Es solo la novedad, me digo firmemente.
Solo la falta de familiaridad de alguien nuevo en un espacio que siempre ha sido seguro.
Me acostumbraré.
Tengo que hacerlo.
Es el hermano de mi novio.
Esta es la familia de Tyler.
No voy a dejar que una mirada fría deshaga eso.
**
Como bailarina de ballet, mi vida parece perfecta—beca, papel protagónico, dulce novio Tyler. Hasta que Tyler muestra su verdadera cara y su hermano mayor, Asher, regresa a casa.
Asher es un veterano de la Marina con cicatrices de batalla y cero paciencia. Me llama "princesa" como si fuera un insulto. No lo soporto.
Cuando una lesión en mi tobillo me obliga a recuperarme en la casa del lago de la familia, me quedo atrapada con ambos hermanos. Lo que comienza como odio mutuo lentamente se convierte en algo prohibido.
Estoy enamorándome del hermano de mi novio.
**
Odio a las chicas como ella.
Consentidas.
Delicadas.
Y aún así—
Aún así.
La imagen de ella de pie en la puerta, apretando más su cárdigan alrededor de sus estrechos hombros, tratando de sonreír a pesar de la incomodidad, no me deja.
Tampoco lo hace el recuerdo de Tyler. Dejándola aquí sin pensarlo dos veces.
No debería importarme.
No me importa.
No es mi problema si Tyler es un idiota.
No es asunto mío si alguna princesita malcriada tiene que caminar a casa en la oscuridad.
No estoy aquí para rescatar a nadie.
Especialmente a ella.
Especialmente a alguien como ella.
Ella no es mi problema.
Y me aseguraré de que nunca lo sea.
Pero cuando mis ojos se posaron en sus labios, quise que fuera mía.
La última oportunidad de la luna morbosa
Pero todo cambió el día que me dijeron que mi loba se había quedado dormida. El doctor me advirtió que si no marcaba o rechazaba a Alexander dentro de un año, moriría. Sin embargo, ni mi esposo ni mi padre se preocuparon lo suficiente como para ayudarme.
En mi desesperación, tomé la decisión de dejar de ser la chica dócil que ellos querían que fuera.
Pronto, todos me llamaron loca, pero eso era exactamente lo que quería—rechazo y divorcio.
Lo que no esperaba era que mi antes arrogante esposo un día me rogara que no me fuera…
Papis Alfa y su Criada Innocente (18+)
—¿De quién fue la polla que te hizo llorar más fuerte esta noche?— La voz de Lucien era un gruñido bajo mientras me sujetaba la mandíbula, obligándome a abrir la boca.
—La tuya— jadeé, mi voz destrozada de tanto gritar. —Alpha, por favor—
Los dedos de Silas se clavaron en mis caderas mientras se hundía de nuevo en mí, rudo e implacable. —Mentirosa— gruñó contra mi espalda. —Ella sollozó en la mía.
—¿Deberíamos hacer que lo demuestre?— dijo Claude, sus colmillos rozando mi garganta. —Átenla de nuevo. Que suplique con esa boquita bonita hasta que decidamos que ha ganado nuestros nudos.
Estaba temblando, empapada, usada— y todo lo que pude hacer fue gemir, —Sí, por favor. Úsenme de nuevo.
Y lo hicieron. Como siempre lo hacen. Como si no pudieran evitarlo. Como si les perteneciera a los tres.
Lilith solía creer en la lealtad. En el amor. En su manada.
Pero todo fue arrancado.
Su padre—el difunto Beta de Fangspire— murió. Su madre, con el corazón roto, bebió acónito y nunca despertó.
¿Y su novio? Encontró a su pareja y dejó a Lilith atrás sin una segunda mirada.
Sin lobo y sola, con una deuda hospitalaria creciendo, Lilith entra en el Rito—un ritual donde las mujeres ofrecen sus cuerpos a los Alphas malditos a cambio de oro.
Lucien. Silas. Claude.
Tres Alphas despiadados, malditos por la Diosa Luna. Si no marcan a su pareja antes de los veintiséis, sus lobos los destruirán.
Lilith se suponía que era un medio para un fin.
Pero algo cambió en el momento en que la tocaron.
Ahora la quieren—marcada, arruinada, adorada.
Y cuanto más la toman, más la desean.
Tres Alphas.
Una chica sin lobo.
Sin destino. Solo obsesión.
Y cuanto más la prueban,
Más difícil es dejarla ir.
Cómo No Enamorarme de un Dragón
Por eso fue más que un poco desconcertante cuando llegó una carta con mi nombre ya impreso en un horario de clases, una habitación en el dormitorio esperándome y las materias elegidas, como si alguien me conociera mejor de lo que me conozco yo misma. Todo el mundo conoce la Academia, es donde las brujas afilan sus hechizos, los cambiaformas dominan sus formas, y toda clase de criatura mágica aprende a controlar sus dones.
Todos menos yo.
Ni siquiera sé qué soy. No hay cambio de forma, ni trucos de magia, nada. Solo una chica rodeada de personas que pueden volar, conjurar fuego o sanar con un toque. Así que me siento en las clases fingiendo que encajo, y escucho con atención cualquier pista que pueda decirme qué es lo que llevo escondido en la sangre.
La única persona más curiosa que yo es Blake Nyvas, alto, de ojos dorados y, definitivamente, un dragón. La gente susurra que es peligroso, me advierten que mantenga las distancias. Pero Blake parece decidido a resolver el misterio que soy, y de algún modo confío en él más que en nadie.
Tal vez sea imprudente. Tal vez sea peligroso.
Pero cuando todos los demás me miran como si no perteneciera a este lugar, Blake me mira como si fuera un acertijo que vale la pena resolver.
En la Cama con su Jefe Idiota
Una noche. Eso es todo lo que se suponía que iba a ser.
Pero a la fría luz del día, alejarse no es tan fácil. Roman no es un hombre que suelta—especialmente no cuando ha decidido que quiere más. No solo quiere a Blair por una noche. La quiere a ella, punto.
Y no tiene intención de dejarla ir.












