Capítulo 7 La noticias
Herseis observó con curiosidad, imaginando a la novia de negro y el mensaje en el cielo. Era una escena bonita, una familia feliz en una noche especial, pero para ella, el verdadero encanto de la noche estaba al lado suyo, en la persona con quien compartía ese momento.
Sin saberlo, acababa de presenciar un fragmento de la vida de Hariella Hansen, Hermes Darner, y sus mellizos, Helios y Hera Darner. Aunque en ese momento, esos nombres no significaban nada para Herseis, algún día estarían ligados al destino que la esperaba, uno que cambiaría su vida para siempre.
Por ahora, todo lo que importaba era que esa noche parecía el comienzo de algo hermoso con Edán. Mientras el coche de recién casados desaparecía en la distancia, Herseis estaba convencida de que la atracción que empezaba a florecer entre ellos era lo que siempre había soñado y eso la llevaría a formar su propio hogar y, vivir su propia historia de amor.
Después de pasar una tarde memorable, Herseis y Edán se despidieron frente al parque donde habían pasado las últimas horas juntos. Con una sonrisa, se miraron por un momento, ambos sintiendo que algo especial estaba surgiendo, aunque aún no lo expresaban con palabras. La conexión era innegable, pero todo se desarrollaba a su propio ritmo, sin prisas ni expectativas.
—Fue una tarde increíble —dijo Edán, rompiendo el silencio con una sonrisa sincera.
—Sí, lo fue —respondió Herseis, sintiendo un ligero nerviosismo en su pecho. —Espero que podamos repetirlo pronto.
Edán asintió, y tras una breve despedida, ambos se separaron. Herseis caminó hacia la avenida principal y levantó la mano para detener un taxi. Mientras el vehículo la llevaba de regreso a su apartamento, no pudo evitar sonreír al recordar cada detalle del tiempo que había pasado con él.
Llegó a su apartamento rentado, un pequeño, pero acogedor espacio que había decorado con sencillez. Después de una ducha refrescante, se puso un pijama cómodo y se tiró en la cama, su lugar favorito para desconectar del mundo. Tomó su teléfono y comenzó a revisar las redes sociales, curiosa por ver si el evento de la boda de la dama de negro había causado tanto revuelo como ella pensaba.
Las noticias y las publicaciones sobre la boda y los aviones que habían escrito "Te amo, mi ángel" en el cielo estaban por todas partes. Fotografías, videos y comentarios inundaban las redes, y la etiqueta #NoviaDeNegro se había vuelto viral. Herseis se sumergió en las imágenes y los comentarios, sorprendida por la cantidad de personas que, al igual que ella, se habían sentido cautivadas por el espectáculo.
Después de un rato, decidió buscar el perfil de Edán. Habían hablado tanto durante la tarde que sentía una creciente curiosidad por saber más sobre él. Al encontrar su perfil, se tomó un momento antes de enviarle la solicitud de amistad. Un leve nerviosismo la invadió, pero finalmente la envió, sintiendo un pequeño salto en su corazón cuando lo hizo.
Luego se distrajo viendo las imágenes públicas que Edán había compartido. Algunas eran de su vida diaria, momentos capturados con amigos y familiares, mientras que otras mostraban su pasión por la arquitectura y el diseño. Herseis sonrió al ver su rostro en varias fotos, sus ojos claros y su expresión cálida la hacían suspirar. Había algo en él que le resultaba genuino y encantador. Pasó más tiempo del que esperaba mirando esas imágenes, imaginando cómo sería conocer más profundamente a alguien como él. Aunque no se apresuraba a sacar conclusiones, había algo en Edán que despertaba en ella un sentimiento que no había experimentado antes. Con una sonrisa soñadora, apagó el teléfono y se acomodó en la cama, dejando que los pensamientos de esa tarde inolvidable la arrullaran hasta quedarse dormida.
Los niños, ya cansados por las emociones del día, se acomodaron en la cama, mientras Hariella y Hermes se miraban, conscientes de que habían construido algo sólido y hermoso. Esa noche, en ese hotel, no solo se celebraba una boda, sino también la consolidación de una familia que había pasado por mucho para llegar a ese punto. Y aunque la ciudad seguía vibrando a sus pies, en esa habitación, solo existían ellos. Luego de cuatro años, de sus discusiones e intrigas habían podido estar juntos. Lo que había iniciado solo como un experimento de parte de ella para saber cómo se sentía el amor, se había convertido en algo tan grande que ella no podía imaginar. Tenía el afecto de un hombre maravilloso como Hermes y había dado a luz a sus hermosos mellizos; cada uno con la herencia genética de ambos. Era el producto de su pasión. A pesar de que las mentiras y engaños, eso era real y verdadero, genuino e irrevocable.
Hariella y Hermes se cambiaron en la suite del hotel, preparándose para disfrutar de la piscina privada que habían reservado. Ella eligió un elegante traje de baño negro, que acentuaba su figura esbelta y realzaba sus curvas que, después del embarazo, se habían vuelto más pronunciadas. El traje, de una sola pieza, tenía detalles sutiles en encaje a los lados y un escote profundo que resaltaba su busto, ahora más voluminoso. Su piel blanca contrastaba a la perfección con el tono oscuro del traje, y su cabello rubio, un poco más grande debido al paso del tiempo, caía en suaves ondas sobre sus hombros, dándole un aire de sofisticación y sensualidad.
Hermes optó por un bañador negro de corte clásico, que combinaba con el traje de Hariella. El color oscuro resaltaba su físico atlético, y la simplicidad del diseño añade un toque de elegancia masculina. Ambos trajes, aunque diferentes en estilo, se complementaban en un juego de contrastes que reflejaba la unión entre ellos.
Mientras se dirigían a la piscina, Hariella caminaba con gracia. Su figura esbelta y bien definida, destacando con cada paso. Aunque había dado a luz, su abdomen se mantenía firme, y sus caderas, ligeramente más anchas, acentuaban su andar elegante. Hermes la miraba con admiración, notando cómo la maternidad había añadido una nueva dimensión a su belleza, haciéndola parecer aún más etérea y deslumbrante. Era su esposa, su precioso ángel.
Al llegar, la luz suave del lugar iluminó sus siluetas. Ambos se sumergieron en el agua, listos para disfrutar de un momento de tranquilidad en ese espacio privado, alejados del bullicio del mundo exterior.
La piscina del hotel era un oasis de lujo y exclusividad, diseñada para ofrecer una experiencia íntima y relajante. Ubicada en una terraza privada en el último piso del edificio. Era amplia y moderna, con líneas lujosa y acabados de alta calidad. Su forma rectangular se extendía en dirección al horizonte, creando la ilusión de que el líquido se fundía con el cielo nocturno.
