Capítulo 34

Katya se aferró más a su capa mientras caminaba de puntillas, mirando hacia atrás varias veces para asegurarse de que nadie la seguía. Incluso con los guantes puestos, sus dedos temblaban.

Se detuvo—por nostalgia, para acariciar a los perros. Se habían acostumbrado tanto a su olor y presencia que y...

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