Capítulo 4 Capítulo 4: Un nuevo latido
Nessy
«Hola tú», desperté desesperada por hablar con mi humana. Quería mostrarle quiénes éramos. Lo que llevaba dentro.
Saltaba dentro de su mente, recorriéndola como si fuera un espacio vivo. Todo vibraba distinto, demasiado rápido, y no percibí las señales.
—¿Qué mierda...? —despertó gritando ella.
—La misma pregunta me hago, ¿qué mierda te ocurre? No puedes asustarme así —habló su compañera de cuarto con una mano en el corazón y otra en la boca ahogando un grito.
Definitivamente, ella también era una loba, aunque no la sentía completa aún.
Me moví de un lado a otro dentro de su mente, incapaz de quedarme quieta. Todo en mí quería correr, mostrarle, hacerle sentir lo que yo sentía. A pesar de las sorpresas y el desconcierto inicial, deseaba el momento en que pudiera comprender plenamente mi existencia como una extensión de nuestra conexión especial.
—Juro que escuché una voz en mi cabeza —dijo Sam, mi humana, llevándose las manos a las sienes—. Dios, recuérdame no tomar tanto por favor.
La otra chica, rio por lo bajo. Se levantó de la silla en la que estaba trabajando con su computadora y se acercó al armario.
—Eso pasa por creerte adulta la víspera de tu cumpleaños —se burló.
Ahora que estaba de pie, pude observarla mejor. Era alta, de postura segura. Su cabello oscuro caía libre hasta las caderas, denso y brillante como la noche cerrada. Sus ojos celestes no se movían rápido; observaban con calma, midiendo, como quien entiende el entorno antes de actuar.
Algo en ella me hizo bajar la guardia. Mi impulso de correr, de mostrarme, se detuvo. Su presencia no pedía nada, y por eso mismo se sentía confiable. Supe, sin necesidad de palabras, que iba a ser importante para nosotras.
—Vamos, a levantarse. Tu regalo de cumpleaños no se abrirá solo —dijo mientras se acercaba a la cama donde estábamos mi humana y yo.
«Es grandiosa», murmuré.
—Ahí está otra vez, ¿Lo oíste?
—No escuché nada...
—Está en mi mente, lo juro por Dios, acaba de decir que eres grandiosa —chilló, llevándose las manos a la cabeza.
—Bueno, ambas sabemos que eso es verdad, de seguro es tu conciencia recordándote lo genial que soy —rio la chica, mientras se sentaba en la cama y le entregaba un paquete envuelto en un papel de regalo de color negro, con un lazo de seda roja.
Una tarjeta acompañaba el paquete, y en ella se leía: «Felices 18, Sam». La misteriosa apariencia del regalo y el mensaje en la tarjeta dejaron a Sam intrigada y emocionada por partes iguales.
—No sé, creo que no es mi conciencia, diría que eres horrible por estar burlándote de mí en este estado, Vi.
—Puede ser tu conciencia o la resaca que tienes... Aun así, feliz cumpleaños Sam.
Abrimos el regalo encontrando un libro que comprendí, por la intensidad de sus emociones, que mi humana realmente amaba.
—¡No me lo puedo creer! Ay Vi, ¿sabes hace cuánto lo estaba buscando? —Saltó de la cama abrazando a esta chica hermosa frente a nosotras.
Estaba claro que Vi había acertado de lleno con el regalo, y la conexión entre ellas se hacía más profunda en mí, con cada gesto de amistad y afecto.
«Ella es única», dije, arrepintiéndome en el momento que lo solté.
Mi humana no estaba preparada a oírme, y no me estaba esperando como pensé que lo haría. Me preocupó que la asustara, que pensara que estaba loca. Entonces entendí que no podía hablarle como quería. No todavía.
«Ciertamente, ella lo es», me respondió en su mente. Me sorprendí ante su respuesta inmediata en la mente.
«Tal vez pueda hablar con ella al fin de cuentas, solo tengo que ser como su conciencia», pensé. «Tendría que atrasar mi transformación, pero esperaré pacientemente. Esperaré a que la loba de esta chica, Vi, despierte, y juntas pensaremos qué hacer con la situación».
—Ahora que ya estás levantada, apresúrate a darte una ducha, mamá y papá no pueden verte en este estado, sabrán que nos escapamos anoche y no quiero un sermón sobre el tema... —dijo Vi con voz cansina.
—Vale —respondió Sam alargando las vocales—, tampoco te hagas la inocente, tomaste igual o más que yo.
—Sí, pero mientras tú te has pasado durmiendo las últimas dos horas, yo ya he acabado nuestra tarea del colegio, así que de nada. —Vi le sonrió con una mirada de satisfacción.
Reí, retirándome más atrás en la mente de mi humana. Me replegué dentro de su mente, haciéndome pequeña. Si tenía que esperar, lo haría en silencio.
Ese día no volví a hablar. Me limité a observar. Las risas tenían un tono distinto, más liviano. El aire se sentía menos tenso cuando Vi estaba cerca. Sam se relajaba sin notarlo, y yo lo sentía. Todo parecía normal, y aun así, no lo era.
Eran una verdadera amistad, una hermandad que trascendía el tiempo y las dificultades. Mientras ellas se apoyaban mutuamente, yo permanecía en silencio, lista para ser un lazo aún más fuerte en esta relación.
Mi presencia en la mente de Sam era constante, pero no intrusiva. A medida que pasaban los días, ella comenzó a notar pequeños destellos de pensamientos y emociones que no eran completamente suyos, pero que estaban llenos de apoyo y aliento. No sabía de dónde venían, pero no le asustaban.
Nuestra relación estaba en sus primeras etapas, y aunque no podía comunicarme directamente con mi humana, sabía que había un vínculo especial entre nosotras.
Me acomodé en lo más profundo de su mente, dispuesta a esperar.
Pero antes de dormirme, sentí algo más.
Un latido distinto.
Cercano.
Despierto.
