
Heredera de la Luna
Eugenia Etcheverry · Completado · 125.1k Palabras
Introducción
Junto a su hermana y confidente, Sam, se sumerge en un mundo de mentiras, secretos, magia y complicadas relaciones, enfrentándose a desafíos que transformarán sus vidas.
Con el tiempo en su contra, Octavia debe descubrir si tiene el coraje necesario para cumplir su objetivo final.
Capítulo 1
Alfa
15 años antes.
Aún podía olerse en el aire la guerra. O el final de la misma.
Mis pies se hundían en el suelo empapado por la lluvia reciente mientras observaba la montaña en la distancia. Aunque la guerra había llegado a su fin, el eco de la batalla aún resonaba en mis oídos. Mis ojos recorrían el paisaje desolado, donde los rastros de la lucha yacían dispersos, testigos silenciosos de la violencia que había asolado esta tierra.
El río cercano fluía con una calma engañosa, como si la naturaleza misma lamentara el conflicto que había dejado su huella en el mundo. Un nudo se formó en mi garganta al recordar a los amigos que habían caído en la batalla, cuyas vidas se habían desvanecido como el agua que corría frente a mí.
Mientras el amanecer teñía el cielo con tonos dorados y rosados, una misteriosa niebla bajó por la ladera, como si la montaña terminara de cerrarse sobre nosotros.
La tristeza y la impotencia me cerraban el pecho, y me preguntaba si algún día esta tierra conocería la paz de nuevo, o si las cicatrices de la guerra marcarían la historia de este lugar.
Estábamos haciendo un recuento de los muertos, heridos y supervivientes en medio del caos que rodeaba la colina. La noticia de la caída del Alfa de la manada enemiga había desencadenado un cambio notable en la actitud de sus hombres. Muchos de ellos se detuvieron en el instante, como si se hubiera caído un velo de sus ojos y se dieran cuenta del sinsentido de la lucha.
Con determinación, llevamos a todos los heridos que pudimos cargar hasta la casa y al hospital de nuestra manada, con la intención de sanar tanto cuerpos como almas rotas por la guerra. Sin embargo, aquellos que ofrecieron resistencia fueron escoltados y confinados en las mazmorras situadas en las afueras de la ciudad.
Con la primera luz del día y la niebla persistiendo sobre la montaña, mi mente se consumía por la inquietud.
Esperaba ansiosamente noticias de mi Beta, quien debía confirmar el estado de nuestras familias, el bienestar de nuestros seres queridos que habían soportado el peso de la guerra.
Mis pensamientos se volvían una y otra vez hacia mi hijo mayor y el primogénito de mi Beta, ambos destinados a convertirse en los futuros Alfa y Beta de nuestra manada. Estaban ocultos en el búnker subterráneo al norte de la ciudad, un refugio seguro. Lo habíamos preparado en secreto para protegerlos. Ellos eran la esperanza de nuestra manada, el legado que debíamos salvaguardar a toda costa en medio de la devastación que nos rodeaba.
Mientras buscaba entre los heridos y los supervivientes, la noticia de mi Beta me llenó de alivio.
«Están a salvo, Alfa», me informó mentalmente, y un suspiro de tranquilidad escapó de mis labios. «Los llevaré a ambos con Luna y mi compañera a su casa».
«Afirmativo, Beta. Nos veremos allí en unas horas», le respondí antes de continuar con la tarea de atender a los heridos y evaluar el alcance del desastre que nos rodeaba.
Intenté conectar mentalmente con mi Luna, pero el vínculo entre nosotros permanecía bloqueado. Ella se encontraba resguardada en otro de nuestros búnkeres, protegido con plata para debilitar a cualquier intruso que pudiera haber llegado allí. Lo habíamos perfeccionado con el tiempo. Nos permitía pelear y sobrevivir en nuestra forma humana si era necesario.
Sin embargo, mi tranquilidad se vio perturbada cuando la voz de Beta resonó en mi mente una vez más. El aire pareció espesarse antes de oír su voz.
«Alfa, tenemos un problema», anunció, y el pánico comenzó a apoderarse de mí.
«Habla», grité en respuesta, girando mi cabeza hacia el lugar donde se encontraba mi Luna. Mi corazón latía con ansiedad mientras esperaba la respuesta de Beta.
«Han atacado a Luna, Alfa. Ella y mi compañera están heridas...», comenzó a decir, su voz cargada de ira, y mis ojos se abrieron de par en par ante la terrible noticia.
«¿¡Qué!? ¿Y los niños?», pregunté, temiendo por el bienestar de nuestros cachorros que estaban con ellas. La preocupación me invadió, y comencé a correr hacia el búnker.
Necesitaba a mi compañera y ansiaba ver a mis cachorros. Mi mente estaba al borde de la locura.
«Alfa... Las niñas han desaparecido, no están, solo está su hijo», anunció sin rodeos, y su voz llevaba un rastro de desesperación que me desmoronó por completo.
Mis pasos se volvieron más frenéticos mientras corría a través del bosque hacia el suroeste, donde se encontraban mi Luna, mis cachorros gemelos, la compañera de Beta y su cachorra menor.
«Voy en camino, no permitas que nadie se mueva de ese lugar. Llamaré a nuestro jefe de espías para que observe las cámaras del búnker. ¡Tenemos que encontrarlas ya!», ordené mientras establecía conexiones mentales con todos aquellos de confianza que pudieran ayudar a obtener la información necesaria para localizar a las niñas.
Mi pequeña cachorra, sin su loba despierta, no podía contactar con ella, y la desesperación me embargaba por completo mientras me aproximaba al búnker.
Al llegar allí, la voz suave de mi compañera me envolvió con un alivio momentáneo.
—Estás aquí... —susurró, y su llanto no cesaba. Mi corazón se apretó con dolor, sintiendo su sufrimiento tan profundamente como el mío.
Nos habían arrancado una parte de nosotros mismos, y no estaba completo, no podía pensar con claridad. Miré a Beta, abrazado a su compañera que estaba inconsciente en el suelo, y vi el charco de sangre que se había formado bajo ella.
—¿Está...? ¿Ella...? —pregunté, temiendo la respuesta.
—Está muy débil, casi no respira. El médico llegará en cualquier momento... —respondió él, tratando de mantener la calma frente a los demás, pero yo conocía su verdadera angustia. Pude ver los temblores en su cuerpo y los pequeños espasmos que lo recorrían, señales de su dolor y preocupación por su compañera herida y su cachorra desaparecida.
El futuro de nuestra manada y nuestras familias estaba en peligro.
«Las vamos a recuperar, tu compañera se repondrá y saldremos de esta Beta», enlacé dentro de su mente. Levantó su cabeza con lentitud y asintió en mi dirección.
—¡Llegó el médico! —exclamó uno de nuestros soldados, irrumpiendo en la sala, seguido por el doctor de la manada que había llegado en tiempo récord.
—Tienen que llevarla a la habitación de al lado, no llegará con vida al hospital —instó el médico con urgencia al verla. Beta gruñó en desacuerdo, pero no tenía otra opción y la llevó a la sala contigua, donde la atención médica podía marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Me acerqué a mi Luna y vi que tenía a nuestro cachorro entre sus brazos, tratando de protegerlo y brindarle consuelo en medio de la tragedia que se había desatado.
Pasaron unos minutos, y Beta regresó a la sala. Mi Luna, que hasta ese momento había permanecido en silencio, estaba sumida en un estado de shock.
Mi corazón latía con fuerza, lleno de preocupación y temor por la vida de la compañera de mi Beta y por encontrar a nuestras hijas.
Estábamos en medio de una pesadilla, y debíamos enfrentarla con valentía y determinación, pero el futuro era incierto y oscuro, y esa incertidumbre nos abrazaba como una sombra implacable.
Con la mirada fija en mi Luna, acaricié con suavidad el cabello de nuestro cachorro, tratando de transmitirle una sensación de seguridad en medio de la confusión y la desesperación que nos rodeaban.
«Estamos juntos, mi amor. Lo superaremos, encontraremos a las niñas», le susurré en la mente con voz tranquila, aunque mi propio corazón latía con miedo y ansiedad.
Mi Luna finalmente levantó la vista hacia mí, sus ojos cargados de dolor y angustia.
«No puedo creer que nos hayan arrebatado a nuestras hijas...», susurró con voz temblorosa, y una lágrima solitaria rodó por su mejilla.
Beta se acercó, su mirada llena de preocupación, y asintió en silencio.
Comprendía la magnitud de la tragedia que estábamos viviendo. Nuestros pensamientos estaban unidos en un objetivo común: encontrar a nuestras hijas y traerlas de vuelta a salvo.
—Mi amor... Mírame, mi Luna —murmuré con ternura, tomando su rostro entre mis manos y obligándola a enfrentarme. Su mirada estaba llena de dolor y temor, y me rompía el corazón verla sufrir de esa manera—. ¿Qué ocurrió, amor? —pregunté con suavidad, dándole un espacio para que compartiera su dolor.
Ella necesitaba hablar sobre lo que había sucedido para comenzar a sanar.
Se esforzó por hablar entre sollozos.
—Ellos... vinieron... Lograron entrar... Ella... —sus palabras se entrecortaron mientras señalaba hacia la sala donde estaba su amiga herida—. Ella nos protegió, los contuvo el tiempo suficiente para que pudiéramos escondernos, pero las niñas, su cachorra no iba a permitir que les hicieran daño... Ella corrió con su mamá y...
Mi corazón se apretó al escuchar la historia, y el dolor de mi Luna se volvió mío.
—Mi amor, calma, ya estoy aquí —le dije, acariciando su cabello y tratando de consolarla—. ¿Qué pasó con las cachorras, amor?
Ella continuó llorando, su voz temblorosa.
—Nuestra cachorra la siguió, sabes lo protectoras que son la una con la otra. Yo no pude sujetarlas a tiempo. Un hombre las atrapó a ambas y se las llevó —confesó, su respiración agitada—. Escondí a nuestro cachorro e intenté seguirlos, fue cuando el hombre logró herirla, me golpeó dejándome inconsciente... Yo... lo siento mucho, amor... Fue mi culpa...
Mi corazón se rompió aún más al escucharla culparse a sí misma.
Abrazándola con fuerza, le aseguré:
—No es tu culpa, mi amor. Hiciste todo lo que pudiste para proteger a nuestras hijas. Vamos a encontrarlas, te lo prometo —nuestro cachorro, que había estado escuchando en silencio, se deslizó de los brazos de su madre y llegó a los míos.
—Papi... Papi... La necesito de vuelta... No puedo vivir sin mi gemela —sollozó entre lágrimas. Mi corazón terminó de romperse al ver el dolor en sus ojos.
—La encontraremos, mi cachorro. Las encontraremos —le prometí mientras lo abrazaba con fuerza.
La determinación de traer a nuestras hijas de vuelta ardió en mi interior, y sabía que haríamos todo lo posible para reunir a nuestra familia una
vez más.
La manada estaba unida en esta búsqueda, y no descansaríamos hasta que ellas estuvieran a salvo en casa.
Últimos capítulos
#54 Capítulo 54 Epílogo: Ilusión
Última actualización: 6/3/2026#53 Capítulo 53 Capítulo 53: Sorpresas
Última actualización: 6/3/2026#52 Capítulo 52 Capítulo 52: Verdades que salen a la luz
Última actualización: 6/3/2026#51 Capítulo 51 Capítulo 51: Alfa
Última actualización: 6/3/2026#50 Capítulo 50 Capítulo 50: Diosa Luna
Última actualización: 6/3/2026#49 Capítulo 49 Capítulo 49: La raíz del problema
Última actualización: 6/3/2026#48 Capítulo 48 Capítulo 48: Portales
Última actualización: 6/3/2026#47 Capítulo 47 Capítulo 47: El bosque de los Lamentos
Última actualización: 6/3/2026#46 Capítulo 46 Capítulo 46: Premoniciones
Última actualización: 6/3/2026#45 Capítulo 45 Capítulo 45: La marca
Última actualización: 6/3/2026
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**************Ava es secuestrada y se ve obligada a darse cuenta de que su tío la ha vendido a la familia Velky para saldar sus deudas de juego. Zane es el jefe del cártel de la familia Velky. Es duro, brutal, peligroso y mortal. En su vida no hay espacio para el amor o las relaciones, pero tiene necesidades como cualquier hombre de sangre caliente.
Advertencias de activación:
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Problemas con la imagen corporal
BDSM ligero
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Autolesión
Lenguaje duro
Alpha at the Door (versión editada)
—Ese es el último de ustedes, Cascata —dijo el hombre, mirando al lobo. Disparó de nuevo antes de escapar al final del oscuro callejón.
La tía Rita me dijo que nunca creyera en los hombres lobo. Eran malvados y desagradables.
Pero miré al lobo muy herido. Simplemente no podía dejar que alguien muriera frente a mí.
Corriendo por el oscuro callejón tenuemente iluminado, de nuevo. Miré hacia atrás con cautela. La bestia marrón de furia me estaba persiguiendo. Gruñendo en la oscuridad, estaba decidido a atraparme. Gemí y me giré, concentrándome en mi escape. No quería morir esta noche.
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Habían pasado cinco largos años desde que había visto esos ojos brillantes.
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Por favor, tenga en cuenta que esta es una versión editada de AATD, la historia y el contenido serán los mismos que en la original.
Lectura madura 18+
Alpha at the Door 2020 Por RainHero21 ©
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