Pero la vida nunca es tan sencilla.

—¿Estás bien? —Zane se recuesta en la silla mientras sus ojos recorren mi cara de arriba abajo. Todavía me está sosteniendo las manos, sus manos grandes y ásperas envolviendo las mías, más pequeñas—. Shirley, ¿estás llorando?

—No, solo estoy un poco sensible ahora mismo. —Y deseando que fueras mío ...

Inicia sesión y continúa leyendo