Una hermana terrible.

Pero puedo sentirlo, esto que hay entre nosotros, aunque Zane actúe como si no lo notara en absoluto. Levanto la vista hacia él. No soy bajita ni nada, pero todos esos tipos del fútbol americano son enormes, como de más de un metro ochenta con facilidad.

—¿Qué haces aquí? —pregunto.

—Te voy a muda...

Inicia sesión y continúa leyendo