Me mojo los labios

Me humedezco los labios.

—¿Puedo abrazarte?

Isaac sonríe de oreja a oreja.

—Sí. Por supuesto.

No espero. Aparto la bandeja a un lado y me lanzo sobre él. Se ríe, sorprendido, cuando lo tumbo, dejándolo de espaldas. No puedo evitarlo. Me gusta tanto. Lo aprieto con fuerza en un abrazo de oso.

—¡...

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