Maravilloso.

Arabella

Sonó la campana y ya podía sentir cómo mi estómago se devoraba a sí mismo. Gwen caminaba a mi lado; las dos salíamos del salón.

—Necesito comida ya —dijo, casi gimiendo las palabras.

El almuerzo había empezado oficialmente. El olor de la cafetería se colaba por el pasillo, ese aroma gras...

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