Deme otra señal

ARABELLA

—¡Arabella!

Esa voz se estrelló contra mi puerta y rebotó en cada pared de mi habitación. Gemí y me di la vuelta, intentando sacudirme las sábanas de las piernas. Se me habían enredado en los tobillos como si intentaran mantenerme de rehén.

Otro golpe fuerte en la puerta me hizo encogerm...

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