Ábreme, cariño.

Arabella

—¡Arabella! —el llamado llegó desde abajo, sacándome de lo que casi se había convertido en un sueño de verdad—. ¡Arabella!

La voz de mi madre volvió a resonar, más impaciente esta vez, y no pude evitar poner los ojos en blanco. Con un suspiro frustrado, me incorporé de donde había estado ...

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