Tenía que ser un error.

Arabella

Un calor extraño me trepó por el cuello.

—Está bien, señor Genio Certificado al que le gusta mantenerse misterioso, ya basta de coquetear.

Me aclaré la garganta y acomodé un libro dentro de mi casillero.

La ceja poblada de Christian se alzó.

—¿A eso le llamas coquetear? Cariño, todavía...

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