Entonces, ¿por qué no podía parar?

Arabella

Él clavó en Gwen una mirada dura y soltó un gemido de frustración.

—¿Qué quieres ahora, Reece?

La expresión de Gwen cambió a una que yo conocía muy bien. La que significaba que estaba a punto de salirse con la suya. Y esta vez no me cabía duda de que no sería diferente.

—Ya sabes lo que...

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