Mi conciencia estaba en lo cierto.

Arabella

Esos ojos cafés. Se habían oscurecido hasta volverse algo humeante y furioso, y verlos me heló hasta los huesos. Haiden azotó la puerta al cerrarla detrás de él y me dejó atrapada bajo esa mirada ardiente.

—¿Qué carajos haces aquí, Bella? —escupió, alargando la mano hacia mi codo y cerran...

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