Hueles a sexo

Arabella

—¡Sí! —bramó la multitud de tipos calientes apiñados alrededor de la mesa de billar en el centro del cuarto.

No estaban aplaudiendo al tipo que acababa de ganar su partida. No. Tenían los ojos pegados a la rubia que estaba meneando el trasero encima del paño. Gwen.

—¡Quítate esa blusa, p...

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