Capítulo 3 Subasta
No podía creer lo que estaba pasando, todos los presentes me quedaron viendo de pies a cabeza, preguntándose quien era la nueva. Me sentía chiquita Justo ahora, un poco nerviosa si, pero no dejaría que me intimidasen. Todos los que están aquí son adinerados a quien no les hace falta el dinero. Mientras que mi familia y yo estamos rentando un lugar de mala muerte en esta ciudad.
—America, por favor... —volvió a decir la anfitriona. Avancé lentamente hacia adelante, subí los pequeños peldaños y me posicioné a la par de ella. Sentía que todos me miraban—Perfecto, ahora llamaré a las siguientes dos chicas que son de nuevo ingreso, ellas son Susana Black y Jordana Dexter. Aplausos para ellas por favor.
Los demás aplaudieron, luego las chicas se acercaron alegremente a la tarima y se pusieron a la par mía. Estas chicas estaban tan jóvenes, quizás no pasaban de los dieciocho. A lo lejos se notaban cuatro sillas y cuatro hombres sentados, usaban trajes y se miraban tan imponentes. Uno de ellos era Pietro. Sentía que me observaba.
—La primera en subastarse es Susana... ¿quién ofrece diez mil dólares por ella?
Me pareció tan poquito diez mil dólares, pero cuando los hombres empezaron a poner precio una y otra vez hasta llegar casi a los cien mil me di cuenta de que esto no era una broma.
—Doscientos mil dólares —dijo una voz ronca, provenía de los chicos que estaban sentados en esa silla que hasta ahora habían estado callados.
—Doscientos mil dólares a la una... —silencio—... doscientos mil dólares a las dos... —silencio—... doscientos mil dólares a las tres. Venida a Chris Johnson.
La chica llamada Susana estaba medio emocionada, me pregunté por qué nadie siguió ofertando si parecían muy interesados y dinero tenían. Entonces caí en cuenta de que cuando uno de ellos cuatro se interesaba por una de nosotros nadie más podía seguir ofertando. Ya entendía por qué se quedaban callados.
—La siguiente es Jordana, la subasta abre con diez mil dólares.
Esta vez la oferta llegó hasta siento cincuenta mil dólares y fue uno de los de la multitud. Los cuatro de arriba parecían no estar interesados. Sentí ansiedad al saber que venía yo, no entendía por qué estaba nerviosa de que nadie me quisiera, me haría quedar en ridiculo. Pero confié en mi y en mis habilidades, sabía lo que provocaba en los hombres así que eso no me preocuparía. Además pensé en el dinero que ganaría y, si tenía suerte, el tipo no me pediría sexo.
—Nuestra ultima en subastar es America... la oferta abre en diez mil dólares.
—Cincuenta mil —dijo un tipo de barba entre la multitud.
—Cien mil —habló otro.
—Doscientos mil —exclamó otro.
Estaba sorprendida porque los precios que ponían eran altos desde el principio.
—Trescientos mil.
—Quinientos mil.
—Seiscientos mil.
Las personas estaban sorprendidas y yo nerviosas.
—Setecientos mil.
—Un millón de dólares —exclamó otra voz, esa voz que ya me conocía. Todos se quedaron en silencio cuando Pietro ofreció esa cantidad de dinero por mi. Hasta yo.
—Un millón a la una... —empezó su conteo la anfitriona—Un millón a las dos... un millón a las tres. Venida a Pietro Ainsworth.
La multitud aplaudió. No podía creer que Pietro me había comprado por un millón de dólares. ¿Y ahora que? Ese chico era... fastidioso. Todos volvieron ala fiesta.
—Felicidades, America. Desde hace mucho tiempo no había una oferta tan grande. —la anfitriona se acercó a mi. Usaba joyas y un vestido muy elegante, brillaba. Wow, era hermosa. —Ya que eres nueva te pondré al tanto, Pietro ya te dará el horario y las rutinas que harán juntos. Solo espero que te portes bien —acarició mi pelo— Personas como Pietro saben recompensar muy bien a las chicas que se saben comportar.
—¿Cuánto tiempo durará esto y cuánto es mi paga?
—Bueno, el tiempo normal son dos semanas pero depende de Pietro cuánto tiempo te quiere tener. Tu paga es de la mitad del dinero, la otra mitad se dona. Además de todo lo que Pietro te puede dar si estás con el.
—Gracias —me alejé de ella, pensando en todo el dinero que tendría solo para mi a cambio de soportar al idiota de Pietro. Por fin. Pero en el fondo sabía que esto no era nada fácil, en especial con ese chico que parece tan inalcanzable. Cuando bajé las chicas me quedaban viendo con malos ojos, parece que no les gustaba nada que yo esté con el. A lo lejos pude ver a un grupo de gente riéndose de una chica que usaba lentes e iba vestida un poco extraña.
—Mírala —rió una lanzándole su copa de vino en el vestido—¿De donde vienes? Tu vestido parece sacado del tianguis.
La chica parecía querer echarse a llorar. Me acerque un poco más con la intención de defenderla.
—Vete para donde perteneces, naquita. No durarás mucho aquí —el grupo se fue riéndose de ella. Me acerqué a la chica y me arrodillé junto a ella para ayudarla a ponerla de pie.
—¿Estás bien? —le pregunté.
—N-no —sorbió su nariz—Solo quiero irme de aquí.
—¿Por qué te molestaban? —quise saber. Pude tener un dejavú cuando esas chicas la molestaron.
—Por lo mismo de siempre. —me miró— por no estar a su nivel, por no tener el dinero y la posición que ellos tienen —lloró—mírame, tienen razón. Mi vestido fue sacado de ropa usada y mi maquillaje es barato. No soy como tu.
Sentí una punzada en el pecho cuando me dijo eso. Sí era como yo. Yo era como ella.
—Soy America —me presenté.
—Me llamo Tara.
—No les hagas caso, Tara. La gente que tiene dinero es así, no crecieron con los valores que nosotras... es decir, olvídalo. Solo ignóralas.
—Serán unos años de sufrimiento, lo sé.
—Por supuesto que no. En unos meses se les olvidará y te ignorarán prácticamente.
—Ojalá. Felicidades por ganar, saldrás con uno de esos chicos que parecen muy importantes.
Sonreí sin gracia.
—Supongo que si.
—Y apuesto a que ese dinero no lo necesitas.
Abrí la boca para decir algo pero no tenía como defenderme y decirle que en realidad sí lo necesito y mucho. Pero ella no me entendería.
—¿En que residencias estas? —quise saber. Tara me había caído bien y sentía la necesidad de estar cerca de ella y cuidarla de estas buitres.
—Junto a la tuya, te vi salir hoy con tus compañeras.
—Perfecto.
Alguien carraspeó detrás de mi. Al girar miré a Pietro con semblante serio.
—¿Nos vamos? —me preguntó.
—Te veré por ahí, Tara.
Ella solamente asintió.
—¿A donde vamos? —rodé los ojos.
—A mi casa —respondió, girándose. Lo seguí porque no tenía otra opción. Me pegó fuerte el ver a Tara en esa situación y me vi a mi también en ella. No quería volver a pasar por lo mismo así que será mejor que la gente siga pensando que soy rica, además, nadie tendría como averiguarlo. Estando afuera había un coche lujoso esperando por Pietro y por mi.
—¿Tus maletas están en la residencia? —se giró a verme, desabrochándose su saco.
—Obvio —respondí de mala gana. No podía lidiar o luchar con lo que sentía en realidad. Pietro era guapo, muy guapo y fuerte pero su manera de pensar... un ejemplo es ese, de las subastas, la manera en la que compran a las mujeres es repugnante. Estoy segura de que una mujer con dinero no se pondría en ese plan, aquí solo estamos las que lo necesitamos. Porque una mujer con dinero simplemente va y sale con ellos si quiere.
—Sube —ordenó. —iremos por tus maletas mañana temprano.
—¿Que? ¿Dormiré en tu casa? —me asusté un poco. No sabía que eso pasaba, solo creí que saldríamos diario pero no dormir en su casa y menos mudarme.
—Por supuesto, ¿que pensaste que era esto?
—Me hubiera gustado que me advirtieran antes.
—Solo sube —Pietro subió al asiento conductor. Zapateé un par de veces muriéndome del nervio y del miedo. De pronto me sentí sucia también por todo lo que estaba haciendo.
Subí al asiento conductor y me puse el cinturón de seguridad.
Pietro arrancó de forma brusca. En el camino fui viendo todas las calles de nueva York y lo iluminadas que eran, los enormes edificios, los carros de lujo. Wow, definitivamente era todo un nuevo mundo este lugar. Después entramos a una zona con casas más elegantes, tenían jardines, estatuas. Increíble. Pietro se aparcó frente a un enorme portón negro, introdujo una serie de números en su celular y la puerta se abrió. Pietro entró a la casa, tenía una enorme patio con césped verde, había una fuente más adelante. La casa era enorme, blanca, como de tres o cuatro pisos. No lo sé. Se estacionó frente a ella, bajando del coche. Me bajé también, observando todo a mi alrededor.
—¡Pietro! —una voz femenina nos hizo girar en esa dirección, venía del jardín. Una chica con cabello desarreglado, suéter rojo con capucha y pantalones negros. Se acercó a Pietro, la pude ver, tenía ojeras y parecía estar llorando. Me asustó un poco verla así.
—Kenia, ¿qué demonios estás haciendo aquí?
—Pietro... no me puedes hacer esto, yo te amo —lo quiso tocar pero Pietro la tomó de las mañosas
—Ya hablamos de esto, pasaron tus dos semanas así que lárgate.
No podía creer que fuera tan duro.
—Yo quiero estar contigo —sollozó—La pasamos muy bien estas dos semanas, creí que me querías.
—Lo olvidarás luego, no te preocupes.
—No.
Kenia pareció verme al fin, su rostro se endureció.
—¿Es por ella que me cambias? —espetó, queriendo venir donde mi pero Pietro la detuvo. —Eres una zorra —me dijo— Pietro es mío.
—Basta, Kenia —Pietro sacó su celular y le marcó a alguien.
—Estas cometiendo un grave error—me siguió diciendo—Este hombre solo te enamorará y te desechará cuando no le sirvas. Pietro te arruinará la vida así que si eres inteligente huye desde ya.
Dos hombres aparecieron después y tomaron a Kenia de las manos.
—Sáquenla de aquí y que no vuelva a entrar.
Los hombres se llevaron a Kenia hacia la salida, a pesar de que ella seguía poniendo resistencia y gritando cosas inentendibles. ¿Por qué habrá dicho eso? Miré a Pietro y él me miró. Sabía que ese chico guardaba muchas cosas.
