
La Subasta
Jade F. C. J · Completado · 104.7k Palabras
Introducción
Capítulo 1
—Estás... ¿terminando conmigo?
Jason, mi novio... ex novio, está parado frente a mi mientras me dice que nos demos un tiempo. ¿Quién necesita tiempo? Está bien sabido de que las personas que piden tiempo es porque en realidad no tienen en valor de terminar definitivamente, o simplemente quieren tenerte de reserva. Pero no entendía qué había hecho mal.
Admítelo, América, te sientes aliviada.
Hice caso omiso a mi conciencia y esperé una respuesta. Jason se rascó la parte trasera de su nuca como pensando algo que me vaya a dejar tranquila.
—Casi no pasas tiempo conmigo —refutó.
—Esa no es excusa.
—Y te la pasas metida en tus libros todo el día.
—¡Estoy estudiando, Jason! Sabes perfectamente que esta es mi oportunidad para poder entrar a la universidad que quiero.
—Vamos, America, esa es una universidad de ricos. —objetó.
—Espera... ¿qué?
—Sé que eres una persona muy inteligente pero esa universidad no está a tu alcance, aterriza, pon los pies sobre la tierra. Además, ¿que te hace pensar que si entras te tratarán bien? La gente rica trata pésimo a los pobres, eso lo sabes bien.
Me dolieron sus palabras porque me está dando a entender de que soy menos que esa gente. A parte de dolor lo que sentía era rabia. Jason es un completo idiota.
—¿Sabes qué? —ni siquiera tenía palabras para discutir o algo por el estilo. —Está bien, démonos un tiempo, tú vas por tu lado y yo por el mío, ¿vale?
—Amé... —intentó tocarme.
—No me toques —me alejé— Adiós, Jason —sin decir más me di media vuelta y caminé lejos de él. Lo escuché llamarme pero no le hice caso. Pensé que él era diferente pero todos los hombres son iguales.
Cuando llegué a casa mi madre me esperaba en la puerta.
—¿Cómo te fue con Jason?
—Bien —me limité a responder.
—No pareces convencida de tu respuesta.
—Mamá, no quiero hablar de eso ahorita.
—Está bien. ¿Podemos hablar? —me toma del brazo mientras me lleva al lado izquierdo de la casa. Mi humilde casa: de madera, pequeña, vieja, prácticamente cayéndose a pedazos. Vivíamos en un barrio de pobres y de gente peligrosa.
—¿De qué?
Mamá estaba llegando a los cincuenta años, su cabeza tenía algunas canas, aunque mamá se las teñía con el poco dinero que ganaba en el día.
—Bueno, estuve hablando con tu padre y tenemos unos gastos fuertes. Ya casi no tenemos comida y con lo que gané hoy solo nos dará para la cena. A tu padre le pagan hasta dentro de quince días y es por eso que necesitamos de tu ayuda.
—¿Para qué?
Temí por lo que me fuera a pedir, siempre era lo mismo con ellos. No tengo idea de por qué siempre que hacía falta algo en la casa acudían a mi. Y eso ha sido siempre, no porque sea mayor de edad. Mi miserable trabajo en la cafetería del pueblo solo alcanzaba para comprar libros de estudio o comprar ropa.
—Tu padre quiere vender tu computadora para tener comida los próximos quince días. Mientras tanto.
Cerré los ojos por dos segundos nada más, sabiendo que no me gustaría lo que me dijo. Mi computadora, estaba casi nueva, pasé ahorrando un año para poder tenerla. Es más, ni siquiera le pagarían lo mismo que yo pagué por ella. Me había costado, allí tenía mis trabajos que eran cruciales para la universidad, en dos semanas darían los resultados del examen que hice y me enviarían a mi correo la respuesta.
—Mamá... —me llevé una mano a la cabeza.
—Lo siento, pero es la única opción que tenemos. Sé lo importante que es para ti, es solo que...
—Ya entendí —la paré en seco, la verdad no quería escucharla quejarse de nuevo. Estaba harta. Siempre era lo mismo. Tenía rabia por dentro, estaba enojada, pero ¿que podría hacer? No tenía otra salida.
—Pasaré mi información a una memoria y la tendrás en tus manos mañana temprano. —fue lo único que dije para después girarme y adentrarme a la casa.
—América, no sabes cuánto te lo agradezco.
No le respondí, ni siquiera espere a que entrara a la casa. Caminé a mi habitación y me encerré.
—Estoy harta —susurré, haciéndome caer de rodillas al piso. —Mi novio me dejó, me quedaré sin mi herramienta de estudio... ¿qué más tengo que pasar hoy?
Quizás era un poco dramática, con problemas de autocontrol y desequilibrio emocional, pero tenía razón en estar así: dos hombres en la casa, sí, porque también tengo un hermano mayor que se la pasa vagueando, y se vienen a colgar de mis cosas. No me parece justo. Caminé de rodillas a mi espejo y me senté frente a él. Mi maquillaje estaba corrido, usaba el lápiz de ojos muy fuerte así que parecía mapache. Mi pelo era un desastre y la mayoría de mi ropa tenía hoyos.
—Eres horrible —susurré mientras me veía al espejo. —Patética. Fea. Flaca. —la voz se me quebraba mientras decía las palabras— Ni siquiera tu novio te quiso así que no te sorprendas cuando la universidad te rechace.
Ahora mi ánimo era neutro: no sentía nada, las lágrimas ya no caían. Me quedé observándome por unos momentos para después limpiarme la cara y echarme a dormir a la cama, rezando para que estas dos semanas pasasen rápido.
•
Dos semanas después.
Casi corrí por las calles del barrio en busca del pequeño cyber café que había en las afueras del pueblo. Mis manos temblaban y estaba nerviosa, sentía que me desmayaría en cualquier momento, sin embargo respirar profundamente me ayudaba mucho. Mientras caminaba mis pensamientos me bombardeaban con comentarios feos:
Te rechazaron.
Estarás siempre en este horrible y miserable pueblo.
Jamás lograrás salir adelante.
Eres patetica.
Resígnate.
Estaba a punto de llegar a ver mi respuesta final cuando veo que un coche último modelo, de lujo, venía lentamente por la carretera, entrando al dichoso pueblo. ¿Qué hacía alguien tan adinerado en un lugar como este? Después noté a Greg, el tipo que vendía drogas y pastillas. El auto se detuvo y de él salió un chico: bastante guapo, era alto,
cabello alborotado y de color negro, usaba un suéter negro y pantalones negros. Me quedé embobada viéndolo, es que era... como esos modelos de las revistas o como esos personajes de telenovelas.
Estas olvidando algo: es rico.
Mi conciencia me sacó de mi embobamiento y regresé a la realidad.
Recuerda lo que pasó hace dos semanas: todos los hombres son iguales.
Reanudé mi caminar, pretendiendo que ese chico no está ahí. Pero sin embargo pasó algo más que no pude evitar no ver: el tipo ese tenía a Greg del cuello. ¡Oh por Dios lo estaba asfixiando! No pude más, crucé la calle corriendo y empujé al hombre.
—¿Qué demonios te pasa? —le espeté, enfrentándolo. De cerca es mucho más increíble: sus ojos negros me miraron acusatoriamente para después sonreír de lado con su perfecta dentadura.
—¿Una chica tiene que defenderte, Greg? Vamos, creí que eras más hombre.
—América, vete de aquí, este no es tu problema —un Greg rojizo se reincorporó.
—Agradece que evité que te mataran, idiota —le empujé el brazo.
—¿Quién eres tú? Me pareces tan... —el chico me miró de pies a cabeza—... ¿llamativa?
—Púdrete —le saqué el dedo de en medio y me alejé lentamente.
—Nos volveremos a encontrar, salvajita. —lo escuché decir. Ni siquiera lo volteé a ver, solo me apresuré a llegar al cyber.
—Hola, Sam —saludé al dueño mientras me sentaba frente al computador.
—Buenos días, América—me devolvió el saludo.
Entré al correo y puse el mío. Las manos me temblaban, es que de esta repuesta se definiría mi futuro. Cuando entré a mi cuenta lo primero que vi era una respuesta de la universidad. Dejé de respirar por dos segundos mientras abría el mensaje:
—Querida América Roberts, nos complace anunciarle que ha sido aceptada en la universidad de nueva York —pegué un grito— Con residencia en nuestro campus y con el cien por ciento de la beca —grité de nuevo—... merecido por sus excelentes calificaciones. La esperamos en una semana en nuestras instalaciones. Se despide, New York University.
¡No me lo puedo creer!
¡Entré!
Ahora mi futuro será otro.
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#54 Capítulo 54 Juntos
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Última actualización: 7/1/2026#47 Capítulo 47 Ritmo
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Última actualización: 7/1/2026#45 Capítulo 45 Gustar
Última actualización: 7/1/2026
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A mi supuesto "para siempre".
La frustración y la rabia me llenan cuando recuerdo cómo sucedió todo. Cómo fue capaz de mirarme a los ojos mientras besaba a otra, mientras tocaba a otra. Cómo fue capaz de culparme de todo cuando lo enfrenté.
El dolor de la traición fue horrible. No solo por lastimar mi orgullo, mi dignidad, sino también, por todo lo que provocó en mi posterior vida.
Me prometió un para siempre. Y nunca lo cumplió.
No al menos, de la forma en que debía.












