Capítulo 6 Mia

Pietro era un tipo a quien le gustaba que le obedecieran en todo lo que decía. Al parecer había sido criado así, era por eso que actuaba de una manera tan prepotente y queriendo pasarle encima a los demás. El clima estaba muy soleado, sentí la necesidad de saltar del coche. Era consiente de que anoche todos los de la universidad estuvieron presentes en la dichosa subasta —bueno, no todos— pero la mayoría sabían que Pietro era como mi dueño ahora. No se en que momento me metí en esto.

—Ten —me dice, dándome una tarjeta de crédito en color negro.

—¿Qué quieres que haga con esto?

—Aquí está tu dinero —me dice—medio millón de dólares, puedes usarlo.

Me sorprendí porque pensé que me daría el dinero cuando todo esto terminara, entonces ¿ya terminó? ¿Ya no quiere que esté más con el? Eso me daría tanto gusto. Tomé la tarjeta, sintiéndome en un tipo de sueño. No me lo puedo creer, al fin tengo dinero y al fin podré comprarme las cosas que siempre he querido. A la America que humillaban y trataban mal por se pobre quedó atrás. Ya no existe.

—Pensé que me darías el dinero cuando todo esto terminara. En dos semanas.

—Sé lo que dije pero decidí cambiar de opinión. Lo necesitas, lo sé.

No me gustaba que Pietro estuviera al tanto de mi situación, sabía que en cualquier momento podría abrir la boca. Guardé la tarjeta en el bolsillo de mi pantalón antes de que Pietro se arrepintiera. Al llegar a la universidad, la prestigiosa universidad, Pietro se estacionó en una zona vip. No me sorprendió.

—Entonces te veo por ahí.

—America, ¿aún no sabes la temática de esto verdad? —me mira con esos ojos negros penetrantes. Pietro era un chico muy apuesto y atractivo, estaba segura de que muchas chicas andaban detrás de él por cómo era pero también por su dinero. Me sentía mal por estar mintiendo y por estar fingiendo ser alguien que no soy, pero ya estaba metida en esto y no podía salirme. En la universidad todos creían que yo tenía dinero y que mi familia era rica y solo por eso no me humillaban ni se burlaban de mi.

—Lo sé perfectamente es solo que antes de ir a clases me gustaría pasar por mi residencia. Bueno, ex residencia. Aun no comprendo por qué quieres que viva en tu casa si ni siquiera nos llevamos bien.

—Porque eres mi mujer ahora —dijo demandante.

Tragué grueso y me abaniqué con la mano, sintiéndome nerviosa.

—Para ser tu mujer tendríamos que hacer otras cosas y la verdad lo dudo mucho que pase —tomé la puerta y quise abrir pero Pietro, como todo un cliché, me tomó del brazo antes de que me bajara.

—Acuérdate el trato que hicimos —me dice—si te sigues portando mal te castigo con un beso —se quiso acercar y yo me alejé. Odiaba que me hubiera puesto ese ultimátum porque yo era caos y me gustaba expresarme a como era, odiaba que este chico me quisiera tener mansita solo porque no le gustaba la tormenta.

—Te escuché una vez, Pietro —me zafé de su agarre y salí por fin del coche. Los universitarios parecían ser personas normales pero sabía que no lo eran. Caminé hacia la parte trasera de la universidad en donde estaban las residencias, aún tenía tiempo para empacar algunas cosas y luego ir a clases. Al llegar ya había movimiento dentro, saqué mi llave y abrí.

—¡America! —Natalia se me acercó, sonriente—Pensé que te veríamos hasta dentro de dos semanas.

—Vine por ropa y mis cosas de estudio —respondí, sintiéndome extraña.

—¿Cómo te está yendo con Pietro? ¿Todo bien?

—Pues, dado que me anotaron sin mi consentimiento a la dichosa subasta, es un desastre—respondí, subiendo las escaleras. Natalia venía tras de mi. Cuando llegué a mi habitación busqué mis cosas, mi bolso y mis cuadernos. Después de todo a esto venía. Me quité la ropa que me había puesto de la casa de Pietro y me puse una mía: vaqueros flojos, camisa mangas largas negra y unas botas de militar en negros.

—Pues pensé que sería divertido pero si me lo dices en ese tono estoy un poco arrepentido.

—No sirve de nada arrepentirse ahora —murmuré, dándole una sonrisa de boca cerrada. Tomé mi bolso y metí algunos cuadernos, los de la materia que usaría hoy. —¿Nos vamos?

—Está bien —Natalia me toma del brazo y nos hace salir—Solo iré por mi bolso, espérame abajo.

Asentí, bajando las escaleras. Siento sincera no quería vivir con Pietro pero solamente era por dos semanas, ya después haríamos como si jamás nos conocimos y volvería a mi residencia. Guardé muy bien la tarjeta de crédito en mi bolso. Después de clases iría a hacer algunas compras, quizás visite a mamá y le lleve algo.

—Listo.

Natalia y yo salimos de la residencia, donde afuera otros chicos y chicas hacían lo mismo.

—¿Estás nerviosa por ser el primer día? —me pregunta.

—Algo así. —froté mis manos. Sí estaba un poco nerviosa porque me invadieron esos sentimientos de insuficiencia, sintiéndome que no podía y que me iría mal en las clases. No quería perder mi beca, necesitaba mantenerla. Para eso tendría que estudiar mucho y no distraerme con tipos como Pietro. Natalia y yo íbamos platicando animadamente por los enormes pasillos de la universidad cuando de pronto alguien mete su pie en los míos haciendo que cayera de bruces en el piso. Las risas de los presentes no se hicieron esperar.

—¿Estás bien? —Natalia se agachó junto a mi.

—Si —me puse de pie, limpiándome el pantalón. Miré a la susodicha, estaba riéndose con sus amigas. No me sorprendí al ver a Kenia ahí.

—Ten cuidado, estupida —se acercó. Aún se miraba demacrada a pesar de querer tapar sus ojeras con mucho maquillaje—De ahora en adelante tendrás mucho cuidado conmigo, voy a ser tu pesadilla en estas dos semanas.

—¿Por qué? ¿Celosa de que esté con Pietro y tú no? Siento mucho que te hayas enamorado como una loca de él —le dije, empezando a caminar lejos de ella pero sentí como me jaló el pelo por detrás. —¡Suéltame!

No caigas en sus juegos, America, recuerda que pueden expulsarte por dar estos espectáculos.

Mi conciencia tenía razón. No puedo darme el lujo de seguirle el juego a esta tipa. Ya no estoy en mi barrio. Sin embargo, tampoco me dejaría que me humillara y que trapeara el piso conmigo.

—Escúchame bien, estupida, no quiero que estés con Pietro, ni siquiera que lo mires o que vivas bajo su mismo techo. Si no quieres que tu estadía aquí sea un desastre vas a tener que decirle que no quieres ser parte de su juego, ¿entiendes? —susurró en mi oído en forma de amenaza, después me soltó de golpe y se fue con sus amigas. Acomodé mi cabello, tenía rabia dentro de mi, mucha rabia. Quería ir detrás de esa idiota y ponerla en su lugar pero no podía.

—América, ¿estás bien? —Natalia se acercó—Kenia esta loca definitivamente.

Peiné mi cabello con los dedos y me acomodé la camisa. Había hecho el ridiculo en mi primer día. El hecho de que no pueda hacerle nada en la universidad no significa que no pueda hacerle nada fuera de ella. Me las pagarás, Kenia, eso te lo puedo asegurar. Respiré profundo y me calmé. Necesitaba tener mucho autocontrol en estos meses.

—Estoy bien. ¿Que clases tienes a primera hora?

—Estaré en matemáticas y español. ¿Tu?

Saqué mi horario y revisé.

—Biología y Comunicación—respondí.

—Entonces nos veremos en la cafetería a la hora del almuerzo, ¿de acuerdo?

—Está bien. Por ahí te veo.

Natalia y yo nos separamos, ella se fue en el lado contrario del mío. Busqué mi aula, encontrándola al fin. Me senté en las sillas de en medio, junto a otro chico.

—Hola, ¿cómo estás? —lo saludé.

El me miró pero pareció que no quería interactuar conmigo.

—Hola, bien. —se limitó a responder. Me sentí estupida en ese momento. Esperé a que todos llegaran, igual el profesor. Me quedé un poco sorprendida al verlo: estaba joven, quizás de unos veintiséis años, era guapo, atractivo, tenía no sé qué que me llamaba la atención.

—Buenos dias, alumnos, para los que no me conocen mi nombre es Daniel Fitz y estaré dándoles la clase de Biología por estos largos años así que espero que nos llevemos bien y que nos tengamos la suficiente confianza como para decir lo que nos gusta y lo que no —sus ojos se encontraron con los míos y sentí ese click en ese momento. Medio sonreí un poco y él me devolvió la medio sonrisa. —Así pasaré la lista para que podamos empezar la clase.

La clase estuvo entretenida a diferencia de otras clases aburridas. Daniel tenía una forma de explicar muy colorida que hacía que le entendiera a la primera. O quizás sería porque Daniel se llevaba toda mi atención. Estaba anotando en mi cuaderno cuando me llegó un mensaje a mi celular. Me fijé que Daniel no estuviera viéndome para así revisar. Era un mensaje de Pietro. Rodé los ojos y lo leí:

Nos vemos para almorzar.

No puede ser, ya tenía planes con Natalia. Definitivamente Pietro no me dejará ni respirar. Tecleé una respuesta rápidamente:

Almorzaré con Natalia si no te molesta, aunque sea por hoy.

Odiaba tener que estarle dando explicaciones. Lo odiaba.

—El profesor te está viendo —murmura el chico a la par mía. Guardé el celular rápidamente y elevé la cabeza para ver a Daniel, él solo elevó sus cejas en forma de desaprobación y yo solo susurré un lo siento en voz baja.

—Bien, para la tarea les dejaré un trabajo en pareja. Pueden hacerse con su compañero de al lado no lo sé. Pero tendrán que investigar estos temas y sacar lo más importante de ellos —empezó a anotar en el pizarron los temas.

—Si quieres nos podemos hacer juntos —me dice el chico junto a mi. Lo miré.

—Claro, me parece bien.

Anoté los temas. Los demás ya se estaban levantando y yéndose para la otra aula en donde nos darían comunicación.

—Te veré por ahí para los trabajos —me dice el chico antes de irse.

—Está bien.

Guardé mis cosas y empecé a caminar hacia la puerta.

—América, ¿puedes venir un momento?

Me detuve en seco y me giré a Daniel. Ahora solo estábamos los dos solos.

—¿Si?

Me acerqué a él, de cerca es mucho más atractivo.

—No lo tomes a mal pero me gusta que mis estudiantes estén cien por ciento entregados a la clase. —me dijo.

—Lo se y lo siento, te prometo que no pasará de nuevo. —mordí mi labio inferior, noté que Daniel pudo ver ese gesto.

—Enmm claro, esta bien. Lo dejaré pasar solo porque eres de primer año y es tu primer día —se inclinó en su escritorio para llegar un poco más cerca de mi—Pero tendrás que sentarte en la primera fila como castigo, ¿está bien? Lo siento, pero me gusta ser Justo con todos mis estudiantes—sonrió de lado.

Linda sonrisa, pensé.

—No te preocupes, hago lo que tú me pidas. —le devolví la sonrisa—ahora tengo que irme para la otra clase —me alejé—nos vemos, mañana, Daniel. —di media vuelta y salí rápidamente de ahí, caminando por el pasillo hasta llegar al aula. Me sentía acalorada cuando me senté casi en la última fila. También me había sentado junto al chico de nuevo. Olvidé todo lo pasado con Daniel y me concentré.

—¿Como te llamas? Digo, tenemos que conocernos porque haremos un trabajo juntos —le pregunté.

—Me llamo Liam —susurró—discúlpame por ser grosero antes es solo que... —dudó en decirme—... nos pidieron que no te miráramos.

Fruncí el ceño sin entender.

—¿Quién?

—Es Pietro, no quiere que ningún hombre se acerque a ti.

Cuando me dijo eso me quedé muy sorprendida por la capacidad que tenía Pietro en manipular y mandar a las personas, creyéndose el dueño de la preparatoria y de mi vida.

—Buenos días —la maestra había llegado. Esta vez se había pasado Pietro Ainsworth y me escucharía.

La clase estaba animada, me gustaba que fueran así. Igual dejaron trabajos. Cuando terminó guardé mis cosas.

—Liam, ¿donde nos vemos para el trabajo?

—¿Te parece en la biblioteca a las cinco de la tarde? Es que tengo trabajo antes —respondió.

—Está bien. Ahí te veo.

Salí del aula en busca de la cafetería donde me vería con Natalia. Saqué mi celular chafa porque le enviaría u mensaje pero la miré sentándose en una mesa cerca de un ventanal de vidrio así que me apresuré a ir donde ella.

—Aquí estas —me senté en frente. La cafetería daba a un hermoso jardín.

—Pensé que no vendrías —me dice—¿Que tal tus clases? —quiso saber.

—Estuvieron bien, la verdad, en especial una.

—¿Cuál?

—Biología. El maestro Daniel es... muy bueno.

Natalia sonrió pícara.

—No me digas que ya te gustó —susurró muy a lo bajo y no sabía por qué.

—Pues no, simplemente se me hace atractivo y sexy —murmuré.

—Hola, chicas —Pamela se sentó con nosotras—America, pensé que no almorzarías con nosotras —señaló detrás de ella. Ahí venía Pietro con su grupo de amigos y amigas. Divisé a Kenia en una esquina mirando a Pietro embobaba. No sé qué le habría hecho Pietro para que Kenia terminara loquita por el.

—Ten mucho cuidado —me dice Natalia—No sabes de lo que es capaz Pietro, si se llega a enterar que le coqueteas al profesor sería capaz de correrlo o desprestigiarlo y Daniel no se lo merece.

Me sentí muy mal en ese momento porque Natalia tenía razón. Pietro era un chico prepotente que solo quería que su juguete —en este caso yo— solo fuera para el. Y podría ser capaz de dañar a Daniel. No puedo permitir que eso pase.

—No digas nada de lo que te conté entonces —le dije.

—¿De que hablan? —inquirió Pamela.

—De nada —se apresuró a responder Natalia. Quizás no le quiso contar porque se veía que Pamela era un poco zafada de la boca. Pietro nos buscó con la mirada hasta dar conmigo. Le dijo algo a sus amigos y estos asintieron. Se acercaron a nosotros, sentándose en nuestra mesa.

—Hola, Natalia —saludó Malcom, lo reconocí.

—Hola —respondió ella fría.

—¿Como te fue en tu primer día? —me preguntó Pietro con desdén. Sentía que le gustaba molestarme.

—Muy bien —respondí—Quizás porque no te miré en toda la mañana —también lo molesté.

Pietro se rió a lo bajo.

—No vayas por ahí, America, no querrás que te bese en frente de todos.

—No me importa, no es mi reputación quien se dañará. —me puse de pie, con la intención de irme a buscar mi almuerzo pero Pietro también se puso de pie y me tomó del brazo.

—Así que piensas que mi reputación se dañará, ¿eh?

—Suéltame, todos nos ven.

—Eso es lo que quiero, America, para que todos sepan que eres mía ahora —me tomó de la cara de una manera brusca y me besó frente a todos.

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