¡Libérala!

El lobo gris echó la cabeza hacia atrás y aulló, captando la atención de todos los lobos a su alrededor. Ningún otro macho debía tocarla. Nadie tenía permitido hacerle daño. Ella era suya. Le pertenecía. La vida en su vientre le pertenecía. Ambos eran suyos para proteger, cuidar y resguardar. Lo úni...

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