Capítulo 13 Heridas que No Cierran

La fiebre consumía a Elara como un fuego interno que se negaba a apagarse. Dos días después de la batalla adelantada, yacía en la cama de la casa comunal, el flanco vendado y el cuerpo temblando de dolor y agotamiento. La marca en su cuello latía al ritmo de su corazón roto, un recordatorio constant...

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