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—Ohhh miiiieeeerrrdaaaa...— gimió Naimh mientras pulgada tras pulgada de mi grueso pene se enterraba más y más en los oscuros recovecos de su constrictor colon.

Su mejilla estaba plana sobre el colchón, sus rodillas dobladas debajo de su cuerpo y sus brazos estirados hacia adelante hasta que sus de...

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