NUEVE

—Yo... yo...— Las palabras se me atascaron en la garganta, suspendidas entre el deseo y la vacilación.

—No pasa nada—susurró Holly, su voz como un hilo de seda en la penumbra de mi habitación. Sus ojos, luminosos de ganas, sostuvieron los míos mientras empezaba a bajarse sobre mí—. Puedes hacerlo.

...

Inicia sesión y continúa leyendo