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CAPÍTULO 20

Kimberly e Ian regresaron a la cabaña de la mano, con los dedos entrelazados con holgura. Un rubor suave y persistente aún le calentaba las mejillas, negándose a desvanecerse por más que intentara recomponerse. Porque Ian no había dejado de molestarla desde que salieron del lago, y cada...

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