Capítulo 2 El equipo - Monet
—¿Cómo dormiste? —Mamá se recoge a toda prisa su cabello castaño rojizo en lo alto de la cabeza—. ¿La cama estaba bien?
—La cama está bien, mamá. —Le sonrío—. Y estoy bien, viva y coleando. Cole me trajo rosas ayer, y Luke todavía me dice Apestosa. Todo está perfecto.
Ella me saca la lengua.
—Tengo que irme. Dale un beso a Cole de mi parte.
Mi mamá es muy buena onda, pero a veces también puede ser bastante agobiante. Trato de consentirla, sabiendo que para ella esto es una primera vez. Se quedó completamente sola después de hacer todo por mí y por Cole.
—¿Quieres ir a desayunar? —pregunta Chrystal cuando regresa de darse una ducha—. Sé a dónde va el equipo de fútbol americano a desayunar.
Me guiña un ojo y eso me hace soltar una risita. Esta universidad es famosa por su equipo de fútbol americano, y solo reclutan a los mejores de todas las preparatorias del país; otra razón por la que mamá y yo estamos tan orgullosas de Cole. También creemos que quizá él fue una de las razones principales por las que me dieron una beca completa aquí.
—Está bien, no me tardo más de diez minutos, máximo. —Me pongo de pie y tomo mi canastilla de baño, emocionada por ver otra vez a Cole y a Luke, sobre todo después de lo raro que estuvo actuando ayer.
Desde que se fue a la universidad, de verdad lo extrañé, y pensé que podríamos pasar tiempo juntos en el campus. Sé que está súper ocupado teniendo que equilibrar la escuela y el fútbol, y no quiero ser una molestia, pero antes siempre se hacía tiempo para mí.
Me cae bien Chrystal. Es linda y alegre, y prácticamente se sabe todo sobre el programa de fútbol americano de la escuela.
La verdad, si Cole no jugara, yo ni siquiera habría pisado un partido, así que no me importa mucho el equipo más allá de que él esté en él.
Caminamos hasta el comedor donde se supone que el equipo está desayunando y, por supuesto, Luke me ve en cuanto entramos.
—¡Apestosa! —me grita desde el otro lado del comedor, y se me queman las orejas de la vergüenza cuando todos voltean la mirada desde la mesa ruidosa llena de chicos con playeras rojas hasta mí, que estoy ahí parada como venado deslumbrado por los faros.
—¿Apestosa? —Chrystal mira detrás de nosotras, pensando que le está hablando a alguien más, pero claro que Luke viene directo hacia mí como un toro, me agarra por las rodillas y me avienta sobre su hombro.
—¡Voy a matarte, Luke! —le pego en la espalda, pero él solo se ríe mientras corre conmigo de regreso a su mesa como si yo no pesara nada.
—¡Bájala, Luke! —Hay enojo en la voz de Cole, y casi me tambaleo cuando Luke me baja sin miramientos y me deja de pie.
—¡Idiota! —Le empujo el pecho por exhibirme así, sobre todo porque cada maldito chico del equipo de fútbol americano me está mirando con interés.
Todos, excepto Cole.
Él me fulmina con la mirada, y sus ojos se detienen en mis piernas desnudas y luego en mi abdomen expuesto por el top corto que llevo puesto.
Luke me echa un brazo por los hombros como un padre orgulloso presumiendo a su cría.
—Todos, les presento a Apestosa, la hermosa hermanita de nuestro Cole. En otras palabras: la tocan… ¡y se mueren!
Pongo los ojos en blanco ante la advertencia que le han dado a todos y cada uno de los chicos que alguna vez se han atrevido a hablarme.
—Me llamo Monet —les sonrío a los chicos, y no se me escapa cómo los ojos de Cole se entrecierran antes de levantarse con una silla chillando, acercándose a Luke y a mí y agarrándome con brusquedad de la muñeca.
—¡Ay! —protesto, pero no se detiene hasta que estamos afuera y lejos de las miradas curiosas de todos.
Saco la muñeca de su agarre, frotándome la zona sensible.
—¿Qué demonios, Cole?
—¡¿Qué carajos estás usando puesto?! —escupe, con la ira ardiéndole en los ojos azules y manchas rojas apareciéndole en los pómulos.
Bajo la mirada hacia mi ropa: literalmente el mismo conjunto que lleva cualquier otra chica con este calor.
—¿Qué tiene de malo lo que traigo puesto?
—¡Estás prácticamente desnuda! —sus ojos vuelven a demorarse en mis piernas.
Frunzo el ceño.
—Hace como treinta y dos grados, Cole. No tiene nada de malo lo que traigo puesto. Es lo mismo que he usado los últimos cinco veranos.
Nunca antes había tenido un problema con mi forma de vestir. ¿Qué diablos le pasa, de todos modos?
Cruzo los brazos sobre el pecho, y sus ojos, de un azul encendido, siguen el movimiento.
—Estás actuando rarísimo ahora mismo.
—¿Raro? —se señala el pecho con el dedo—. ¿Yo estoy raro? Esto no es la secundaria, Monet. Aquí los tipos no te miran pensando que solo eres mi hermana.
—¿Y eso por qué sería algo malo? —alzo las cejas—. ¿Sabes qué? No quiero escuchar tu opinión. Me debes una disculpa. No sé qué te está pasando, pero más te vale resolverlo.
Me alejo dando un pisotón y vuelvo a entrar, donde Chrystal me está esperando; tiene los ojos enormes cuando me acerco.
—Tú conoces a Cole Smith —dice, como afirmación—. Y a Luke Baxter.
—Sí, conozco a tonto y más tonto —tomo una bandeja, plenamente consciente de que la gente me lanza miradas.
¿Por qué demonios Luke hizo eso? Acabo de llegar, y quiero tener una gran experiencia universitaria como cualquier otro estudiante. Los rumores vuelan, y para el final del día probablemente todo el alumnado sabrá que soy la hermanita de Cole Smith y que él me sacó a rastras.
Chrystal se pone a mi lado en la fila para el desayuno.
—Entonces, ¿puedes conseguirme sus números?
Las chicas me han estado pidiendo sus números desde la secundaria; esto no es nada nuevo.
—Lo siento, tenemos una política de no intercambiar números —le digo la misma mentira que les he dicho a las chicas durante años.
—Qué lástima.
Me permito mirar de nuevo hacia la mesa de fútbol. Me irrita lo mucho que todo está montado como en la secundaria, y que yo tampoco era bienvenida en su mesa en ese entonces.
Mis ojos se cruzan con los de Cole al otro lado del salón.
Vaya descaro el suyo hoy.
Si no quiere que lo vean conmigo, pudo haberlo dicho y ya. Entonces haré lo posible por mantenerme lo más lejos posible de él.
Pero incluso mientras me lo digo, me duele el corazón.
Al fin y al cabo es mi hermano, y todavía lo amo con todo lo que hay dentro de mí.
Aunque sea un imbécil.
