Capítulo 4 Trouble - Monet

Siempre me he mantenido bien lejos de los problemas. Nunca bebí cuando los chicos hacían fiestas. Nunca me quedé fuera después del toque de queda, ni hice ninguna de las cosas contra las que mi mamá me advertía.

Estoy segura de que ni siquiera me habría metido en tantos problemas si me hubiera salido del molde un par de veces, pero es algo que, simplemente, nunca me llamó la atención.

Así que me siento un poco emocionada, como si estuviera haciendo algo ilícito, cuando le envié a James mi número por Instagram y acepté verlo en una cafetería del campus.

Sé que de algún modo le va a llegar a Cole, sobre todo porque James también está en el equipo de fútbol americano, pero ¿qué puede hacer él, de todas formas, aparte de advertirme que no me junte con los jugadores?

Ya me está esperando afuera del local, con las manos en los bolsillos de sus shorts y una gorra de béisbol puesta al revés, viéndose especialmente lindo hoy.

—Hola.

Sonríe con alegría cuando me acerco, y tengo que admitir que me impresiona, porque me puse a propósito una blusa que dejaba ver bastante escote. Aun así, sus ojos se quedaron en mi cara.

—Hola —le devuelvo la sonrisa, con pequeñas mariposas estallándome en el estómago.

No creo haber conocido nunca a un chico que me provocara esta reacción.

—La verdad, no pensé que vendrías —se ríe entre dientes, sosteniéndome la puerta como todo un caballero.

—¿Ah, sí? ¿Por qué no? —me da curiosidad saberlo.

¿Es algo que hacen las chicas? ¿Decirles a los chicos que van a verlos y luego no presentarse?

—Porque estás buenísima, y eres la hermana de Cole Smith.

Alza las cejas como si todavía le sorprendiera que yo estuviera a su lado.

—No me esperaba que me mandaras un mensaje directo.

Piensa que estoy buenísima, y la idea hace que me revoloteen aún más las mariposas.

Creo que me gusta un chico. No veo la hora de contárselo a mamá.

—Bueno, aquí estoy —sonrío, radiante—. ¿Vas a invitarme un café o no?

—Te compro toda la máquina.

La mano de James roza la mía mientras hacemos fila para llegar al mostrador, y con disimulo entrelaza su meñique con el mío.

—¿Qué vas a pedir?

—Americano helado con mitad y mitad —hago una mueca—. Soy aburrida así. En invierno, no helado.

—Me acordaré cuando empiece a hacer frío.

De verdad es lo más lindo; solo suelta mi meñique para pagar el café y llevar nuestro pedido a una de las mesas libres.

—Tengo que reconocerlo: eres un tipo muy valiente —niego con la cabeza—. No dejes que Cole te intimide. Ladra más de lo que muerde.

—Tú vales la pena.

James da un sorbo lento a su café.

—Entonces, ¿cómo es que una chica como tú no tiene novio?

—¿Y cómo es que un chico como tú no tiene novia? —le devuelvo al instante.

—Tuve novia hasta antes del verano —se encoge de hombros.

—Ah… ¿y por qué terminaron entonces? —Si él fuera mi novio, quizá no lo habría dejado ir.

—Íbamos en direcciones distintas. Ella se fue a la Costa Este, a una universidad allá, y yo conseguí una beca aquí. Los dos estuvimos de acuerdo en que habíamos superado la relación.

Hay honestidad en sus ojos.

—¿Y tú?

—¿Es raro si te digo que nunca he tenido novio? —La verdad es que me hace sonar un poco como una perdedora.

—¿Nunca saliste con nadie? —pregunta, sorprendido.

—Sí he tenido citas, pero nunca me interesó lo suficiente como para que alguno fuera mi novio —me encojo de hombros—. Estudiaba muchísimo, porque me gusta. Mi mamá siempre dice que no me parezco en nada a ella, y además tenía un trabajo. Supongo que nunca saqué tiempo para un novio.

—¿Y nadie te buscó? —pregunta, incrédulo.

—Te dije que yo estaba prohibida —me río—. Y Cole es como un dios en mi pueblo. Ningún chico se va a poner en contra de sus deseos.

—Parece que también es como un dios en el campus —James levanta las manos—. No es que los culpe. Y tú sí sabes que, en este estado, el fútbol americano es una religión por sí sola, ¿verdad?

Sus palabras ni siquiera se han enfriado cuando la puerta de la cafetería se abre y entra mi hermano con una rubia que parece recién salida de una revista.

—Hablando de eso —levanto mi taza hacia Cole, cuyos ojos se clavan en mí en cuanto se coloca en la fila.

Esos intensos ojos azules se entrecierran sobre mí, y me pregunto si vio que lo bloqueé. Tiene que saber ya que no quiero tener nada que ver con él en este campus. Él puede seguir su camino tan campante, y yo seguiré el mío.

Los ojos de Cole pasan de mí a James, y no me pierdo la advertencia que destella en su mirada.

La rubia le tira de la manga al darse cuenta de que la está ignorando, intentando hablarle de algo, pero él la ignora por completo.

Es un desgraciado. ¿Para qué trajo a la chica aquí si ni siquiera pensaba hablarle?

—¿Sabes qué, James? —me levanto de la mesa—. Esto se está llenando mucho, vamos a dar un paseo.

James mira de mí a Cole.

—Claro.

Ni siquiera hemos salido cuando alguien grita mi nombre como si hubiera una emergencia, y me detengo y me doy la vuelta para ver a Cole caminando hacia nosotros con una determinación que debería estudiarse.

—¿Puedo hablar contigo en privado, por favor? —suena más a exigencia que a petición, pero no quiero poner al pobre James en un compromiso, así que me alejo de mi cita de café y me giro hacia mi hermano, que venía detrás de mí.

—¿Qué quieres? —le doy un sorbo a mi café, evitando sus ojos, que se atreven a verse heridos. Siempre ha podido conseguir lo que quiere de mí con solo una mirada de esos malditos ojos azul eléctrico.

—Me bloqueaste. ¿Por qué?

Otra vez con las exigencias.

Lo miro incrédula.

—Tienes un descaro enorme, ¿no?

—Desbloquéame o llamo a Kamila —dice con suficiencia, sabiendo que a mamá no le va a gustar que no nos estemos hablando.

—No te atreverías.

—Inténtalo.

Se libra una batalla silenciosa entre nosotros; nuestros ojos dicen más de lo que podrían decir las palabras.

—¡Vete al carajo, Cole! —digo al fin antes de alejarme dando pisotones.

El chico al que pienso como a un hermano, en quien antes más confiaba, se está convirtiendo rápidamente en el enemigo número uno.

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