Capítulo 5 Hacer amigos - Monet

Mi horario está tan lleno que casi no tengo tiempo ni para mandarle mensajes a mi nuevo crush. No quiero que piense que no me interesa, así que le prometo verme con él para cenar en el patio más tarde en la semana.

Sabía que elegir Física como carrera me iba a patear el trasero, en el mejor sentido. Además, James probablemente también esté muy ocupado con el entrenamiento, así que seguro no le molesta tanto.

Desbloqueé al imbécil de Cole, solo para que no fuera corriendo con mamá a acusarme como un soplón. Ni siquiera sé por qué, porque no es como si me estuviera llamando, o siquiera escribiéndome.

Es como si el hermano que conocía en casa ya no existiera. Pensé que las cosas serían como siempre cuando llegara aquí, pero Luke es el único que todavía me trata igual.

De todos modos, estoy demasiado ocupada como para preocuparme por cualquier cosa relacionada con Cole.

—Deberíamos armar como un grupo de estudio, ¿no? —dice una voz sobre mí mientras guardo mi laptop y mi cuaderno en la mochila.

—¿Perdón? —levanto la vista hacia un rostro bonito.

—¿Grupo de estudio? Se ve que esta carrera se va a poner un poquito difícil —extiende la mano—. Amy. La mejor promedio de mi generación, pero probablemente no valga un carajo aquí.

Me río entre dientes y le estrecho la mano.

—Monet. También fui la mejor promedio, y sí a lo del grupo de estudio.

—¿Te molesta si lo dejamos en dos? —arruga la nariz y mira a nuestro alrededor—. No quiero que algún tipo raro intente mirarme debajo de la falda.

Me río y me pongo de pie, colgándome la mochila al hombro.

—Todos los chicos son raros.

—Ya me caes bien.

—Aunque sí conocí a uno muy lindo. Creo que me gusta.

—Guácala —Amy me saca la lengua mientras salimos del auditorio—. He decidido mantenerme lejos de todo lo que tenga que ver con un pene. Incluso estoy considerando irme por el lado lesbiano ahora. Las mujeres dan menos problemas.

—Por favor, no me digas que soy tu primer prospecto.

—Tienes un trasero increíble con esos shorts cortitos —me empuja el hombro con el suyo, haciéndome reír—. Y ya que esto es la universidad y se supone que debemos explorar nuestras sexualidades y tomar decisiones cuestionables, ¿qué tal una fiesta el viernes en la noche?

—¿Una fiesta? Guau. Y el semestre apenas empezó —nego con la cabeza—. Sin ofender, pero no soy mucho de la onda de las fiestas. Desde luego no me convertí en la mejor promedio por andar saliendo.

Amy se acomoda el cabello oscuro detrás de la oreja y me guiña un ojo.

—Puro trabajo y nada de diversión puede volvernos chicas aburridas. ¡Vamos, Monet! Eres como la primera chica en Física que se ve capaz de ligar a los chicos con solo sacudir el pelo. Tenemos que capitalizar nuestra apariencia mientras podamos.

Miro a Amy un instante antes de estallar en carcajadas.

—¡A mi mamá le encantarías!

Ella se ilumina como si fuera el mejor cumplido que le han hecho en la vida.

—¿Ves? Ya tengo aprobación de los padres y ni siquiera me ha conocido. Necesito una compañera certificada y ¡te elijo a ti!

Esta chica va a sacarme un six-pack de tanto que me hace reír. —Está bien, pero si hay tipos asquerosos borrachos y que huelen a marihuana, me voy de ahí, ¿ok?

Amy me echa el brazo por encima del hombro como si no nos acabáramos de conocer. De verdad me cae muy bien. Es graciosa y parece exactamente el tipo de chica con la que debería juntarme. Mamá siempre decía que debía relajarme un poco. Una fiesta no puede ser tan mala, ¿no?

Resulta que Amy y yo tenemos exactamente el mismo horario, así que nos sentamos una al lado de la otra en las clases. Es totalmente mi tipo de persona, porque aunque es muy directa, también es muy aplicada en clase; solo suelta comentarios ingeniosos cuando vamos de camino a la siguiente materia y en el rato en que paramos en el patio central para almorzar. Y, por supuesto, Luke está ahí, listo para atormentarme.

—Apestosa.

Se sienta a mi lado, sonriéndole a Amy.

—¿Quién es tu amiga?

—Amy, este es Luke.

—¿Estás saliendo con alguien? —pregunta de inmediato.

—¡Puaj, Luke! Es mi amiga. Busca a otra cazadora de futbolistas; hay cientos esperándote. —Niego con la cabeza.

Amy me sonríe, juntando las manos y dando una palmada.

—Aaaaw, qué tierno. ¿Por qué te dice Apestosa?

—¡No cuentes esa historia! —le señalo a Luke con el dedo, con las orejas ardiéndome de vergüenza—. Te lo juro, Luke, ¡literalmente te voy a matar!

—Pero es tu amiga. ¿Qué es una historia de pedos entre la gente que queremos? —se esfuerza muchísimo por no soltar la carcajada.

—Ahora sí que necesito escuchar esto —dice Amy, animándolo.

—Bueno, una vez fuimos al cine; teníamos como nueve años y Monet siete, pero siempre se nos pegaba —sigue Luke de todos modos, y yo entierro la cara entre las manos—. Pero le dolía la panza y no dijo nada porque si no se lo perdía. Estábamos viendo la película y esta niña se estuvo tirando pedos todo el tiempo. ¡Olía como el sistema de alcantarillado ahí dentro!

—No puedo creer que acabes de contarle eso —digo detrás de mis manos.

Luke se ríe como si hubiera pasado ayer.

—Todo el mundo preguntaba: “¿Quién se está tirando pedos?”, “¿qué está pasando?”, y Cole se levantó a la mitad de la película, se subió al asiento y dijo que él era el maestro pedorro del día. ¿Y adivina qué pasó?

—¿Qué? —quiere saber Amy.

—Que todos se rieron y siguieron viendo la película, pero desde entonces yo bauticé a Monet como nuestra pequeña Apestosa.

—El peor día de mi vida. —Me asomo entre los dedos hacia mi nueva amiga, que se está riendo de mi vergonzosa desgracia.

—¿Quién es Cole? —pregunta.

—Mi hermano. —Sonrío, recordando cómo siempre me defendía cuando éramos niños. Entonces, ¿en qué momento pudo salir todo mal?

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