Capítulo 12 Cuando te corras

La puerta se abrió sin que yo la tocara.

Adrián entró como si la habitación ya le perteneciera. La luz del pasillo lo enmarcaba por un segundo: camisa negra todavía abotonada, el pelo ligeramente revuelto, los ojos más oscuros que la noche. Cerró detrás de sí. El clic del picaporte sonó definitivo.

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