Capítulo 20 La sangre que no pedí

El sobre temblaba entre mis dedos.

La letra de Catalina era inconfundible, esa mezcla de elegancia y cansancio que la había caracterizado los últimos años. Me senté en el borde de la cama de Adrián —porque todavía estaba en su habitación, con el olor de nuestro sexo reciente impregnándolo todo— y ro...

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