Capítulo 22 Lo que no se puede lavar

El agua caliente me corría por la espalda y no borraba nada.

Llevaba más de veinte minutos bajo el chorro, el vapor llenando el baño hasta volverse denso, casi irrespirable, y todavía sentía el rastro de Adrián entre mis muslos. El semen se había secado y luego se había vuelto a humedecer con el agu...

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