Capítulo 24 Lo que el alba no borra

Desperté sola en la cama de Adrián.

La sábana olía a él y a sexo. El lado donde él había estado todavía conservaba un poco de calor residual, o quizá solo lo imaginé. Me incorporé despacio. El cuerpo me dolía de una forma familiar y traicionera: la sensibilidad entre los muslos, el leve escozor en e...

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