LA VÍCTIMA PERFECTA, EL ASESINO PERFECTO

La lluvia golpeaba los limpiaparabrisas, que marcaban un ritmo frenético e hipnótico contra ellos, luchando por abrirse paso a través del neón sangrante y el gris asfixiante de la ciudad. El frenesí en la calle era un reflejo exacto de la tormenta que rugía en mi estómago.

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