Epílogo, Esmeralda

**CUATRO AÑOS DESPUÉS.

Me sobresalto cuando unos llantos me despiertan. Es medianoche.

Gimo y me giro para mirar a Milo, que ya está despierto, sentado y frotándose el sueño de los ojos. Solo puedo ver su cuerpo musculoso en la oscuridad, gracias a la luz de la luna que se cuela por las ventanas d...

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