Capítulo 2 Capítulo 1: El pequeño conejito
Capítulo 1: El pequeño conejito
Me quedé mirando al doctor por varios segundos sin decir nada, como si esperara que él empezara a reírse y que me dijera que todo era broma, que Hades no estaba en esa camilla, que ese era un muñeco, que me dijera que ese accidente donde sus ojos dorados se cruzaron con los míos demostrando miles de palabras que nunca escucharé no hubiera ocurrido...
... Esperaba que alguien me despertara de esta pesadilla.
Un peor pensamiento cruzó por mi cabeza algo que temía aún más, tragué pesadamente saliva y pregunté con el corazón latiéndome a mil por hora:
—¿Le amputarán las piernas?
—No, no, eso no, esperemos que no haya que llegar a esos extremos y es que tampoco hay motivos para pensar tal cosa —dijo el doctor.
Suspiré de alivio, sentía que la sangre circulaba por mi cuerpo otra vez.
—Hay miles de posibilidades —continuó diciendo—, y guardemos la esperanza de que si despierta...
—Cuando despierte —lo interrumpí.
Eran dos palabras diferentes pero con un fuerte significado para mí.
—Cuando despierte —repitió afirmando con la cabeza—, con algo de terapia, puede empezar a mejorar.
—¿O sea que es posible que si sus piernas no reaccionan con terapia lo logre?
—Muy posible, pero no nos adelantemos a los hechos, cada día trae su afán.
Afirmé con la cabeza, sentía un rayito de esperanza surgir en mi interior cuando el doctor se fue.
—Cada día trae su afán. —susurré cerrando los ojos y pasé la mano por encima de mi vientre tocando mi conejito, tenía que ser fuerte, por mi bebé, por Hades, por todo.
Pero realmente estaba aterrorizada.
«Calma Nube, calma».
Un rayo de esperanza crecía en mí cuando sabía que él podía mejorar con terapia en el caso de que no pudiera caminar, pero guardaba la esperanza de que cuando despertara estaría bien, cumpliría su palabra de casarnos y él me esperaría en el altar con ese hermoso traje de príncipe azul marino con la pajarera color negra, su cabello recién afeitado, sus ojos dorados brillando mientras yo me acercaba a él y esa hermosa sonrisa iluminando su rostro dedicada a nuestro encuentro en el altar.
Necesitaba llegar a ese momento.
Necesitaba que eso se hiciera realidad.
Pero qué difícil era haber tenido eso que tanto querías, un futuro, una felicidad estable rozando el borde de tus manos para que luego te lo arrebataran en un abrir y cerrar de ojos dejándote sin poder hacer nada.
«Basta, basta».
Ya no me iba a deprimir pensando en lo malo que aun no pasaba, la ansiedad no era buena para mí, no en este estado.
«Piensa positivo Nube, piensa positivo».
Caminé de regreso a la habitación de mi prometido mientras miraba el anillo con el adorno de un pequeño conejito en la cima arriba de ese anillo estaba del de promesa, dos anillos que me confirmaban lo que yo era para Hades, su promesa de que estaba comprometido conmigo, su promesa de que no iba a dejarme.
Pero era muy diferente ahora hablar de terminar una relación por diferencias de temperamento que terminar una relación por estar en disputa entre la vida y la muerte.
«Basta Nube».
¿Pero si no despertaba?
«¡BASTA NUBE!»
Entré a la habitación y ahogué una exclamación tan profunda que los agentes de seguridad voltearon a mirarme.
Erin estaba a un lado de Hades con el estuche de pinturas encima de la camilla, tenía varios labiales, sombras y lapices afuera, pero no fue eso lo que ocasionó mi estado de shock.
Erin le había pintado toda la cara con maquillaje a Hades.
Le había colocado base, rubor, sombras, delineado y pestañas postizas, todo pareciendo un maquillaje profesional en el masculino rostro de Hades.
Puse una mano en mi boca y reaccionando caminé en grandes zancadas hasta Erin quitándole el labial rojo de la mano que pasaba por los labios de Hades, ella volteó a mirarme con sus grandes ojos grises como si no se hubiera esperado que la atrapara con las manos en la masa.
—¿Pero qué es lo que te pasa? —dije alterándome—, te dejé unos minutos con él no para que lo usaras como tu conejo de indias, no puedes hacerle eso a Hades.
Creo que era la primera vez que regañaba a mi sobrina.
Erin pareció ofendida, su boca se abrió como se le hubiera dicho miles de ofensas y groserías en diferentes idiomas.
—Es maquillaje. —replicó volteándose para hacerme frente, aún no había pegado un estirón; se conservaba en su misma estatura, pero vaya que esta niña era una olla de presión, ella odiaba que le llevaran la contraria.
—Los hombres no se maquillan —refuté—, menos Hades.
¿Qué diría Hades si se viera en este momento así de maquillado? ¿Lo habría permitido si no hubiera estado inconsciente? De seguro que no, no dejaba que nadie lo tocara, mucho menos inventara maquillándolo.
—¡Eres una homofobica! —me gritó Erin señalándome con su lápiz para cejas, su rostro volviéndose rojo.
Alcé ambas cejas mirándola incrédula.
—¿Homofobica? —repetí sin comprender por qué me estaba llamando así.
—¡Sí! ¿Acaso no crees en la igualdad de género? —replicó aún molesta.
Tomé una profunda respiración, tuve tanto tiempo separada de Erin que se me hacía difícil entender que ella ahora pensaba por ella misma, replicaba y era hasta un poco altanera cuando no obtenía lo que quería.
La miré llenándome con toda la paciencia del mundo y dije:
—Princesa, la igualdad de género no es maquillar hombres contra su voluntad.
Mucho menos hombres inconscientes, ¿como se atrevió a hacer eso?
Ella mi miró de arriba a abajo cruzándose de brazos.
—A él no le importa —replicó—, después de todo ni se mueve, está casi muerto.
Sus palabras me cayeron pesadas, atormentando mi poca estabilidad tanto física como mental.
—No digas eso. —dije en un hilo de voz llevando una mano a mi pecho sintiendo taquicardia.
Ella me miró sin importarle qué tan pesadas fueran sus palabras y dijo con la mirada envenenada:
—¡Pues lo está! ¡Se va a morir!
Llevé una mano a mi estómago sintiendo que se me revolvía en un fuerte tirón.
«Aborto».
