Capítulo 4 Capítulo 3: El hermano de Hades
Capítulo 3: El hermano de Hades
Alcé la vista sintiendo que estaba temblando, mi respiración pesada cuando me encontré con unos ojos color caramelo que me veían fijamente, entonces supe quien estaba frente a mí tocando mi cabeza.
«Dionisio, Dionisio Parker».
El hermano menor de Hades Parker por la misma madre.
Algo se desinfló en mi pecho, realmente había una esperanza en mi pecho de que mi fantasía se hiciera realidad y Hades estuviera despierto.
«Respira, calmada, todo estará bien».
Si me desesperaba, entonces todo sería peor.
—Dionisio. —susurré en un hilo de voz.
El parecido entre ellos era ligero, Dionisio sonreía, tenía más humor, y en su brazo esa tinta de distintos colores lo hacía parecer rudo. Sin embargo no tenía esa mirada seria y que parecía enojada todo el tiempo, sino algo más... Pasiva.
—Perdón, pensé que estabas dormida y no encontraba la mejor forma de despertart... —su voz se perdió cuando miró a Hades en la camilla— ¿pero qué carajos le pasó a Hades?
Joder, que vergüenza, él viéndole la cara toda pintada con maquillaje de gala.
—Es... —empecé a decir sin saber como explicar esto.
Dionisio soltó una carcajada mientras mi rostro se volvía rojo.
—¿Por qué lo maquillaste así? —preguntó entre risas, se aguantó el estómago de la gracia que le causó, casi se quedaba sin respiración.
Me causó gracia que pensara que había sido yo.
Le tomé la mano a Hades acariciando sus nudillos y sonreí como si Hades pudiera ser mi cómplice, como si él fuera a defenderme ante esa pregunta y decir que no fui yo.
Siempre esperé que él me defendiera, este era el hombre que era capaz de quemar el mundo por mi.
Suspiré.
—Yo no fui te lo juro —murmuré con una leve sonrisa.
—Oh, esto es tan gracioso. —dijo secándose las lágrimas que escurrieron por sus mejillas aún teniendo convulsiones por la risa.
Sacó su teléfono y le tomó una foto al rostro maquillado de Hades sin detenerse de reír.
—Espera cuando despierte —dijo—, que le enseñaré esta foto y se morirá de la vergüenza.
Sonreí y voltee a mirar a Hades, que Dionisio hablara de que Hades iba a despertar me daba esperanzas de que de verdad lo fuera a hacer, me gustaba cuando las personas mantenían el optimismo como yo, me hacía bien a mi alma, a mi cabeza y al pequeño conejito que crecía en mi barriga.
Dionisio se acercó a mí probablemente al ver que no tenía el mismo animo de antes, sino que estaba permanentemente nerviosa, triste y ansiosa. Colocó una mano en mi hombro, ambos con la mirara en Hades Parker, obviando el maquillaje, mirarlo era como una forma de creer que solo dormía y que iba a despertar en cualquier momento.
—Va a despertar ¿okey? Solo ten fe. —dijo Dionisio.
Solté un suspiro.
—La fe es lo único que me queda. —susurré, mis ojos ya hinchados de tanto llorar volvieron a cristalizarse.
—Es lo último que se pierde —dijo Dionisio—, sé lo que es perder algo y nunca poder recuperarlo.
Apreté los labios, claro que él lo sabia, su hijo Sebastian había sido secuestrado y nunca se volvió a saber de él, se cerraron varias redes de este tráfico; Hades se encargó de eso, pero Sebastian seguía desaparecido posiblemente vendido.
Quise preguntarle por lo que le pasó a su hijo porque parecía un tabú hablar de eso, pero no estaba segura de que si iba a ser una pregunta imprudente o no.
—¿Ya no hay... —me arriesgué a preguntar— más noticias?
Sus rostro se mantuvo serio, hasta ligeramente inexpresivo haciéndome recordar un poco a Hades, el parecido entre ellos era doloroso.
—No, y ya después de tanto tiempo... —suspiró, sus ojos color caramelo mirando a la nada— me resigné a que está fuera de mis manos luchar contra monstruos influyentes en el mundo.
Por supuesto, es que una red tan grande de este tráfico descontrolado, los de abajo no podía hacer nada contra la pesada élite, eso era desgarrador, después de la venta parecían borrar su historial de la faz de la tierra.
Suponía que Dionisio a estas alturas ya se había dado por vencido, recordaba a su pequeño hijo Sebastian siempre tan ocurrente y su hija mayor Emiliana y como él salió adelante con ellos, era admirable.
—Cuando pierdes a una persona —continuó diciendo Dionisio— queda la esperanza de que si sigues conservando su recuerdo nunca morirá, pero nadie habla de lo mucho que eso te destruye por dentro cada día más.
Voltee a mirarlo, sus ojos se había cristalizado un poco.
—Lo siento mucho, Dionisio. —murmuré.
—No es tu culpa —dijo—, creo que estamos pasando por los mismos procesos, ambos amamos a Hades a pesar de que a veces tiene mal genio, solo que, yo no estoy embarazado de él.
Me reí ante su chiste y él también se rió un poco.
—Todo va a estar bien. —continuó y me dio un medio abrazo, conservé una leve sonrisa en mi rostro dejándome fundir en él, queriendo que se sintiera como abrazar a Hades, pero no era así.
No se sentía igual, ni su olor, ni su contextura, ni la conexión, simplemente no era él, y eso era desgarrador.
Sentía que lo buscaba desesperadamente en todos lados, pero ni en su propio cuerpo inmóvil podía encontrarlo.
La sensación de vacío incrementaba en mi pecho, ¿algún día dejaría de sentirme perdida? Como un alma en pena en busca de su amado, como una estrella de mar fuera del agua que naufraga en una piedra cerca de una montaña bajo el ardiente sol esperando a que las olas crezcan y que se la lleven, pero mientras, solo se muere despacio sin que nadie la pueda rescatar y el agua se niega a subir para salvarla...
Secándola.
Quebrándola en miles de pedazos...
Así me sentía.
Mis esperanzas secándose hasta disecarse en esa roca.
