Capítulo 7 Capítulo 7: Volver a sentir tus labios

Mi visión se tornó borrosa.

«No...»

¿Qué estaba pasando?

—Mi bebé... —susurré en un hilo de voz pensando lo peor sintiendo que empezaba a entrar en un pozo oscuro y sin fondo cuando segundos antes había rozado la luz de la salida, sintiendo que el tiempo empezaba a volverse mas lento y pesado, pensando en las miles de posibilidades de que esto solo fuera una fantasía y no la realidad...

Pero era la realidad, la asquerosa realidad.

Me arrodillé y miré a Hades, él aun luchaba por abrir los ojos pero su boca balbuceaba palabras.

Demasiadas emociones incontroladas, mi torso dolía.

Bajé la mirada a la sangre que había empapado el piso y rocé la punta de mis dedos para sentir el liquido, el olor entró en mis fosas nasales, entonces...

Perdí el conocimiento.


Me desperté llevando las manos a mi estómago como si pudiera evitar que mi bebé se saliera sobresaltada, pero... ¿dónde estaba? Miré alrededor, mi cerebro se sentía confuso, mis oídos pitaban, me dolía mucho la cabeza, ahora yo estaba en una camilla.

Escuché ruido, giré mis ojos a la ventana y fruncí el ceño, ¿qué...? ahí en la ventana estaba entrando un hombre.

«Debo estar soñando».

Cuando terminó de entrar logré mirar su rostro y me quedé aún más confusa.

—¿Taylor...? —susurré, mi voz pareciendo tan ronca y frágil que sentí pena por mí misma.

Él se acercó a mí, sus ojos claros muy abiertos pareciendo sorprendido y asustado.

«¿Es real?»

—Nube, Nube, ¿estás despierta? Necesito que me escuches —dijo en susurros a un lado de la camilla, sus manos tocando mi brazos, pero no lo sentía, como si todo mi cuerpo estuviera de repente hecho de fina arena de mar.

—Tú me apuñalaste —me escuché susurrar.

Él tragó pesadamente saliva.

—Nube, necesito que me escuches —dijo—, esto es más grande de lo que crees, tuve que hacerlo para protegerlo, fue un error, me engañaron.

Taylor hablaba, pero mi cerebro estaba lento para procesar lo que me decía.

—Nos querías matar... —susurré un poco más duro comprendiendo ahora a magnitud de esto, comprendiendo quién era él y que estaba aquí conmigo a solas.

Que este hombre en el que confié ciegamente solo por ser amigo de Hades, era malo.

—Cálmate ¡shhh...! maldita sea—dijo desesperado— soy el malo de una historia mal contada, cometí un error.

¿Uh?

Empecé a alterarme cuando sentí como se aferró más a mi brazo, sentía que estaba en peligro, sentía que tenía que escapar de este hombre.

—¡Ayuda! —jadee, pero mi voz no salía, estaba agotada, todo mi cuerpo se sentía cansado, entre más intentaba hablar solo sentía que era jalada hacia las sombras y entonces...

Taylor me soltó saliendo nuevamente por la ventana, las sombras me arrastraron y por más que luché ellas fueron más fuertes que yo llevándome al vacío de la inconsciencia.


Desperté sobresaltada como si por fin hubiera entrado a la vida, miré alrededor, esa parecía una habitación igual a la de mi sueño, había una ventana, había luz entrando por ella, yo en una camilla, la única diferencia era que yo no me sentía tan agotada como antes.

¿Había sido un sueño o una realidad?

Miré a mi lado y ahogué una exclamación que se transformó en alivio cuando vi a Demetri ahí sentado en una silla, cuando vio que me desperté, se levantó acercándose a mí.

—Demetri —dije llevando una mano a mi vientre como un reflejo—, ¿donde está Hades? ¿cómo está mi bebé?

Él me hizo una seña con la mano para que respirara, y sí, me sentía muy acelerada, así que respiré profundo intentando tranquilizarme, mis manos estaban temblando, tenía miles de preguntas pero a la vez no podía enfocarme en una en concreto.

—Todo está bien solo ha pasado un día, usted necesita reposo absoluto —me explicó con calma—, la herida se le volvió a abrir.

Se señaló el pecho para simular el mío.

Oh.

La herida de mi espalda y de mi pecho, el cuchillo que Taylor me había atravesado, claro que aun no me habían quitado los puntos y ante el forcejeo que tuve con la seguridad para despertar a Hades de seguro que se me había abierto...

La sangre era escandalosa aún más de las heridas no cicatrizadas.

Creo que pude realmente recuperar el aliento, creí que había sido mi bebé la alerta que me tenía aterrorizada de un posible aborto, pero él o ella... estaba aferrado ahí como todo un campeón.

Yo era la que andaba pensando que él era frágil.

—¿Dónde está Hades? —pregunté una vez que pude respirar con normalidad.

—En casa —me informó con una ligera sonrisa—, ya le dieron de alta esta mañana, espera por ti.

Mi pecho se hinchó cuando la alegría me invadió enteramente al saber que había despertado por completo, que estaba vivo, que estaba a salvo, que...

Esperaba por mí.

Pestañee un par de veces y volví a mirar a Demetri con una pregunta rondando en mi cabeza.

—Demetri, ¿vino Taylor?

Él me miró como si estuviera hablando en otro idioma.

—¿Cómo dices? —preguntó.

—Creí... haber visto a Taylor —dije—, no sé si lo soñé o no, pero...

Él casi quiso reírse ante mi disparate.

—Es imposible, nadie ha entrado a esta habitación.

¿Entonces sí lo soñé?

Fruncí los labios aún algo indecisa.

—¿Qué piso estamos? —pregunté mirando a la ventana, era idéntica a la de mi sueño.

—El 5.

¿Sueño o realidad?

¿Mi imaginación viendo cosas que no estaban?

Que extraño.

Cuando el medico me revisó se dio cuenta de que ya estaba bien, me recomendó guardar reposo y cuidarme de movimientos bruscos, la herida estaba tardando mucho en cicatrizar por completo, así que me mandó unos medicamentos que no afectaran al bebé.

Arreglé mis cosas ya desesperada por irme de aquí, ya le había agarrado el mal gusto a las clínicas, deseaba ir con Hades y abrazarlo, sentirlo, escuchar su voz...

Estaba impaciente.

—¿Vamos? —dije a Demetri caminando hacia la puerta, él sonrió.

—Vamos.

El viaje se me hizo eterno, probablemente porque había mucho tráfico, pero cuando por fin llegamos a la casa de Hades casi me oriné de la emoción.

Casi.

Menos mal no lo hice, pero el bebé siempre estaba presionándome la vejiga.

Demetri me ayudó a bajar del auto mientras decía:

—Señorita Queen, debe ser delicada con el señor Parker, ninguno de los dos debe recibir golpes, maltratos o emociones fuertes por ahora.

Afirmé con la cabeza intentaría controlarme en eso de las emociones, no quería que se saliera de control.

Caminé hacia la puerta, no podía respirar, la emoción me embriagaba, giré la perilla y...

Ahí estaba Hades.

Frente a mí a varios metros de distancia.

Mi corazón latía tan rápido que por medio segundo no escuché mis propios palpitos, ni mis respiraciones aceleradas, ni vi absolutamente nada a mi alrededor que no fuera él. Sus ojos dorados siendo un manantial de oro que invadía mi mirada y la hipnotizaba.

«Está despierto, está mirándome».

No fui consciente de cuando mis pies empezaron a caminar hacia donde él estaba sentado, solo cuando estuve frente a él y acorté la distancia entre los dos; abrazándolo, fue que reaccioné, las lágrimas invadieron mi rostro, coloqué mis piernas a cada lado de sus piernas en la silla, coloqué mi cabeza en el hueco de su cuello y lo aferré a mí como si fuera lo más preciado que pudiera tener en la vida. Estaba llorando, no podía parar de llorar, aspiré su olor, era él, olía a él.

Mi hogar.

—Liebe —jadee—, estás aquí.

Pero él no estaba tocándome, él mantenía sus brazos a sus costados, me eché un poco hacia atrás para mirar su rostro, él me miraba, su rostro rojo, sus ojos estaban cristalizados empezando a deslizar lágrimas al igual que yo.

Se notaba que a ambos nos afectó esto, que ambos sentíamos miles de cosas al estar frente a frente otra vez pero...

¿Por qué no me tocaba?

—Nube... —susurró, su voz quebrada.

No me contuve, solo me incliné acortando la distancia y lo besé, me correspondió enseguida, su boca cálida, sus labios suaves, su lengua invadiendo mi boca, sabía a mentolada crema dental, estaba adicta, no quería separarme, mi cuerpo se sentía sensible, no había querido tocarme porque se sentía como una traición a Hades por lo que ahora estaba tan encendida como una hoguera solo por un beso de esos que me encantaban, quería más, quería que me hiciera suya ahora, no me importaba que acabara de llegar de la clínica ni que él estuviera recién despierto del coma, mucho menos estar en medio de la sala, sus manos temblorosas fueron al borde de mi vestido en mis piernas rozando mis muslos, sentía como se le había puesto dura debajo de mí.

Lo necesitaba ahora.

Cuando iba a levantarme el vestido, él se separó de mí recuperando el aliento.

—Espera —susurró—. Tengo que hablar contigo.

Uh...

Lo miré calmando mi respiración.

«Obvio Nube, calmate, no todo puede ser sexo».

—Claro que sí —sonreí aun con lágrimas en los ojos—, tienes que contarme como te fue en el más allá, además del bebé, mira mi barriga...

Su mano subió por mi vestido, noté que temblaban mucho casi como si no pudiera controlar ese temblor o le doliera y tocó mi vientre donde estaba la ligera barriga, se rió un poco, sus ojos brillando pero cuando sus ojos vieron parte de mi escote donde estaba la venda de mi herida, su sonrisa desapareció y se puso serio de repente.

Tomó una profunda respiración.

—Siento no haber podido protegerlos —susurró.

—No hablemos de eso —dije, no importaba nada ahora, solo que estábamos bien en este momento.

—Es necesario hablar de eso —replicó Hades—, si hubiera sabido que Taylor haría eso, no te hubiera permitido salir ese día.

Me quedé pensativa y negué con la cabeza.

—Para adivino Dios, Hades —dije.

Nadie podía predecir el futuro, nunca se nos hubiera ocurrido que algo así pudiera pasar.

Las imágenes de ese sueño vinieron a mi cabeza, ¿había sido Taylor? ¿o solo lo soñé?

—¿Qué pasó? —preguntó al ver que me quedé pensativa.

—Taylor... —dije— no sé si lo soñé o fue real pero él... estaba cuando desperté en el clínica la primera vez y entonces, me dijo que era el malo de una historia mal contada.

Noté como Hades pareció procesar lo que le dije y su ceño se frunció enojado.

—¿Y por qué no me lo dijiste?

—Es que no sabía si era un sueño —expliqué.

¿Quién entra en una ventana de una clínica del piso 5?

Pareció aumentar su enojo.

—¡Tenías que habérmelo dicho!

Su repentino tono enojado me sobresaltó, creí que nuestro reencuentro solo sería amor, amor y más amor.

—Yo... lo siento —dije—, no sabía si seguía dormida.

Él suspiró y cerró los ojos pareciendo querer controlarse, sin embargo su rostro seguía enrojecido.

—Levántate —susurró—, me estás durmiendo las piernas.

Lo miré, Hades estaba bastante... agrio, sentía cierto aire hostil.

No fue hasta ese momento que me levanté que noté que Hades estaba en una silla de ruedas y no solo eso, sino que tenía vendaje en las piernas, estaba tan eufórica que ni lo noté. Él pareció frustrarse más ante mi mirada de asombro y lástima.

—No me mires así —dijo cerrando los ojos, Hades odiaba ser débil, él odiaba no ser el hombre todo poderoso y obsesivo del control que era.

Él odiaba que lo vieran débil, en especial yo, lo percibía.

Negué con la cabeza y me arrodillé frente a él, quería que supiera que esto no cambiaba nada, que esto no me hacía quererlo menos.

—Liebe —susurré, Hades apenas abrió los ojos algo enrojecidos—, te amo, esto no cambia nada, te voy a apoyar siempre, no nos alejes de ti, te necesitamos.

Cerró los ojos otra vez, su rostro volviéndose rojo mientras negaba con la cabeza.

—Nube...

Volvió a mirarme, sus ojos dorados enrojecidos fijándose en mí casi traspasando mi alma y rompiéndola cuando dijo:

—No sé si quiero que estés cerca de mí.

Abrí la boca luego de unos segundos sintiéndome ofendida.

—Debes estás bromeando, ¿pero por qué? —dije indignada— Después de todo lo que hemos pasado, ¡tengo 2 dedos en mi anillo! —recapacité lo que dije y agregué rápidamente:— digo, ¡dos anillos en mi dedo y...!

—Nube —me interrumpió, pero me negaba a que él hablara.

—Dime algo que justifique el hecho de que no te patee ahora y te haga caer de la silla de ruedas, por sugerir que no me quieres cerca de ti.—repliqué.

Él suspiró manteniéndose serio como siempre.

—Nube —dijo luego de unos segundos—, no puedo caminar y no sé si podré hacerlo otra vez, no mereces a un inválido a tu lado.

Con esas palabras, sentí que se me destruyó el mundo.

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