129.

Había escuchado los pasos; los rusos eran lentos, tímidos. Cuando vi por la rendija de la puerta, pude ver a mi abuela; la mujer caminaba prácticamente desorientada. Abrí la puerta y la metí de un solo golpe antes de que alguien la viera. Podía sentir el terror que le atravesó el cuerpo en cuanto la...

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