
El hijo del alfa y la híbrida
Angie Pichardo · Completado · 138.7k Palabras
Introducción
Para él Legna es una loba insoportable, demasiado intrépida para su gusto y muy confrontativa.
Legna se muda al territorio zolleb por cuatro años, donde lleva a cabo un entrenamiento intensivo junto al rey para mejorar sus habilidades. Cumplido el tiempo pautado por su abuelo, ella regresa al territorio licántropo y se reencuentra con Dylan.
Esa noche, Dylan espera encontrar a su mate para rechazarla y así poder unirse a su amiga Clara, a quien le prometió que la convertiría en su pareja; no obstante, él descubre que Legna es su mate y ella es una criatura superior, por lo tanto, ella debe aceptar el rechazo para que su lazo pueda romperse.
¿Qué sucederá cuando la naturaleza va en contra del orgullo? ¿Aceptarán Dylan y Legna el vínculo, aunque no se soportan? O ¿será el rechazo la mejor solución?
Capítulo 1
La niña pelirroja corre y salta por todo el campo mientras es perseguida por dos niños más: uno de cabellera rubia como el oro y otro con rizos rojizos en un tono más claro. Ambos poseen los ojos verdes de su padre, gamma de la manada Fuerza de Bronce y amigo del alfa. Este último es el progenitor de su amiga, la niña a quien están persiguiendo entre risas y gritos eufóricos.
—Eres muy rápida, Legna —le dice el chico rubio, cuya respiración se encuentra irregular. Acto seguido, se tumba sobre la grama.
Ella sonríe airosa e imita la acción de su amigo. Entonces el pelirrojo hace lo mismo, quedando ella entre los dos hermanos.
—¿Con cuál de los dos te unirás cuando te conviertas en loba? Ambos estamos enamorados de ti, pero no pelearemos. Hemos decidido que tú tengas la última palabra.
La niña entorna los ojos y hace una mueca de disgusto.
—Somos unos cachorros todavía para estar pensando en eso. ¡Qué fastidiosos son! Además, yo me guardaré para mi mate.
—En ese caso, yo seré tu mate —declara Leandro, el chico rubio.
—No, yo seré su mate —replica André, el pelirrojo.
Legna resopla fastidiada, se levanta del suelo, luego mira a los hermanos con desaprobación y los deja peleando solos.
Ella se detiene en medio del campo cuando ve a Dylan conversar con Clara. Él ya tiene trece años y Clara doce, mientras que ella todavía no ha cumplido los once. Ese hecho la hace sentir fuera de lugar porque ellos ya se ven como los púberes que son, pero Legna todavía luce como una niña.
No entiende por qué le molesta que Dylan la trate como a una chiquilla y que le brinde toda su atención a Clara.
—¡Mira qué lindas flores! —la aborda Miha, una hermosa niña de cabellera negra y lacia como la de su hermano Dylan, pero con los ojos marrones claros de su madre, Otsana, la luna de la manada Rayo Dorado. Miha tiene casi doce años y es la más risueña y dulce del grupo de amigos.
Legna observa las plantas coloridas con una sonrisa. Entonces sostiene una de color violeta. Al instante, sus ojos mieles toman el mismo tono de la flor, y esta se empieza a multiplicar.
—¡Guau! —exclama Miha emocionada—. ¡Tu poder es maravilloso! A mí me gustaría ser una zolleb. ¿Te imaginas? Haría florecer todo a mi paso.
Legna ríe divertida y niega con movimientos de cabeza.
—Eso sería derrochar energía. Todavía no sé dominar todos mis poderes, pero mi abuelo Liah me va a enseñar. Cuando cumpla los dieciséis años, él me llevará al continente de los zollebs para entrenarme.
—¡Qué genial! Mi papi me dijo que ese territorio es muy hermoso. —Los ojos de Miha brillan fascinados al imaginarse la belleza de aquel lugar.
—Lo es. Hay animales que no existen en este territorio, muchas plantas tienen movilidad y sonido. Además, los paisajes son maravillosos. Me gustaría que ustedes fueran un día. Nos divertiríamos mucho.
—Estoy segura de que sí, pero no creo que a tu abuelo le guste llevarnos —asume Miha con desdén.
—¡Claro que sí! El abuelo es genial y muy divertido.
—¡Ay! ¡Qué maravilloso! ¡Ven, vamos a mostrarle a Dylan lo que has hecho!
Al escucharla, el corazón de Legna late muy fuerte y el temor la inunda.
—No, mejor no —niega sonrojada.
—No seas tonta, a Dylan le encantará ver lo que has hecho. ¡Tú le gustas mucho!
Las mejillas de Legna se ponen muy rojas y el pulso se le acelera.
—¡Qué dices! Si a él le gusta Clara. Es muy obvio que ellos serán mates.
—Conozco a mi hermano y sé que quien le gusta eres tú, pero él es tan terco que no lo quiere reconocer.
Legna niega con nerviosismo y juega con las manos, pero no añade otra negativa porque las palabras no le salen. De repente, Miha la agarra por el brazo y se la lleva a rastras hacia donde se encuentra Dylan, conversando con Clara.
La pareja está sentada en una roca lisa y grande, rodeada por hierba y flores silvestres.
—¡Dylan, mira lo que hizo Legna! ¿No es maravilloso? —lo aborda su hermana, efusiva.
El chico se tensa cuando ve a la pelirroja frente a él, que luce bastante tímida aquella tarde. Ese comportamiento no es propio de ella, razón por la cual él se pregunta qué estará tramando esa niña insoportable ahora.
—Solo veo flores... —masculla entre dientes, fingiendo desinterés.
—¡Exacto! —exclama Miha, muy entusiasmada—. Antes era una sola flor, pero Legna la ha multiplicado. ¡Fue increíble! Si la hubieras visto, los ojos le cambiaron de color y ¡pum!, la flor se multiplicó.
—Te impresionas por cualquier tontería... —gruñe él de mala gana.
—¡Uy! ¡Qué aburrido y gruñón eres! —se queja Miha, decepcionada por su actitud descortés.
—No me interesa lo que haga esta mocosa insoportable.
Al escucharlo, la sangre de Legna se torna caliente y ella aprieta los puños con ira.
—¡El único insoportable aquí eres tú! —Le apunta con el dedo. Su apariencia luce alterada, y su cuerpo tiembla del coraje.
—¿Yo? —Él ríe irónico—. Tú eres la fastidiosa del grupo y quien siempre nos mete en problemas.
—No es mi culpa que sean unos tontos.
—¡Oye! —reclaman Miha y Clara al unísono.
—¿Te crees mejor que nosotros porque tienes sangre zolleb? Si solo eres una chiquilla malcriada —contraataca Dylan.
—¡No soy una chiquilla malcriada! —Ella se acerca a él y lo empuja con fuerza. Este casi se cae de su asiento, pero logra mantenerse sobre la roca.
—¡Y aparte agresiva! ¿Acaso eres un chico? Las niñas deben ser delicadas...
—¡Cállate! —lo interrumpe con otro empujón—. ¿Qué sabes tú sobre chicas? ¿Quién te ha dado el derecho a tratarme de esta manera? ¡Eres un imbécil!
—¡Ya basta! —interviene André—. ¿Por qué están peleando ahora? —resopla con hastío.
—Ni idea... —Miha se muerde el labio inferior—. Solo le enseñé a Dylan lo que Legna puede hacer, y ellos empezaron a discutir y a ofenderse... como siempre... —Ella hace un mohín.
—Dylan, deja de molestar a Legna —lo increpa Leandro—. Te la pasas buscando una excusa para pelearte con ella. ¿Acaso te gusta?
—¡Ja! Yo no tengo tan mal gusto. Mi tipo de chica es uno más refinado y delicado... —escupe malicioso, mientras observa a Clara con expresión alusiva.
La rubia se sonroja al instante porque su alusión la emociona mucho. De manera instintiva, los dos se miran y se sonríen con complicidad, lo que incrementa el rubor en las mejillas de Clara y crea una extraña y cursi burbuja alrededor de ellos.
Por alguna extraña razón que Legna no entiende, verlos enamorados le provoca una incomodidad asfixiante, como si estuviera siendo traicionada.
—Mejor me voy de aquí, ya siento ganas de vomitar. —Ella hace una mueca de disgusto y se voltea para marcharse.
Por su parte, Dylan le regala una mirada de soslayo; asimismo, suelta el aire que retuvo todo el tiempo que ella estuvo frente a él.
La razón de su tensión es simple: no la soporta.
Varios años después...
En el continente de belleza natural y criaturas cambiaformas, de arroyos cristalinos, imponentes montañas, flora longeva y abundante, con el aire puro y animales libres en su hábitat, allí, donde se escuchan aullidos en luna llena y donde los jóvenes se reúnen cada cierto tiempo en diferentes manadas para encontrar a sus compañeros destinados, también nace una nueva especie: los híbridos.
—¡Espérame! —vocifera el niño de unos diez años, quien trata de alcanzar a su hermana mayor. Las hebras onduladas y negras son levantadas por la brisa juguetona, que le refresca la piel mestiza.
Sus ojos avellanados se fruncen con frustración, debido a que su hermana se aprovecha de que él aún no domina sus habilidades.
—¡Eres muy lento, Ryan! —le responde ella mientras flota en el aire a gran velocidad.
—¡Legna, todavía no he aprendido a flotar! —le reclama molesto.
—¡Ay! ¡Pero qué llorón! —Ella baja al suelo con rapidez.
—Eres una presumida. —Él hace un mohín y se cruza de brazos.
—Es que a tu ritmo nunca llegaremos...
Después de una hora, los dos hermanos se encuentran en un campo un poco lejano para ambas manadas, pero que es un punto medio entre ellas, donde se suelen reunir.
Allí se encuentran Clara, Leandro y André, quienes son trillizos y pertenecen a la misma manada que Legna y Ryan. También están Dylan y Miha, de la manada Rayo Dorado.
Ryan, quien es el más joven de todos y el único niño, se pone a jugar solo. Su objetivo principal de estar allí es vigilar a su hermana y recibir el premio de su padre por contarle cualquier acontecimiento extraño que ocurra con ella.
—Los dos tortolitos ya aburren... —profiere Legna con hastío al vislumbrar a Dylan y Clara conversar apartados. Él le platica acerca de algo con gestos emotivos, mientras que la rubia hace coronas de flores silvestres y le sonríe interesada en lo que sea que él le está contando.
Dylan entorna los ojos cuando la escucha, mientras que Clara la regaña por hablar tonterías.
—¿Para qué lo niegas, Clara? Todos sabemos que ustedes son novios. Me pregunto qué dirá tu padre cuando se entere de que te ves a escondidas con este idiota —espeta Legna con tono pícaro.
—Eso no es cierto —refuta Dylan, levantándose de un respingo. Se dirige en dirección a Legna con porte amenazante y le apunta con el dedo—. Deja de inventar estupideces, niña insoportable. Te lo advierto, si Clara llega a tener problemas por tu culpa, te la verás conmigo.
Legna sonríe maliciosa y lo mira con diversión.
—¡Ay, qué miedo! —se burla—. ¿Qué? ¿Te asusta que el Gamma se entere de lo que hace la santurrona de su hija?
—¡Ya basta! —interviene Clara, quien también se coloca frente a Legna—. Yo no me veo a escondidas con Dylan. Nosotros vamos a esperar a que nuestra conversión suceda para empezar nuestra relación; por ahora, solo somos amigos —aclara asustada.
—Bueno, pronto será, ¿no? Para mi suerte, yo no estaré aquí para verlos con su cursilería. Qué asco. Tienes un gran estómago, Clara. No entiendo cómo es que una chica tan linda como tú quiere unirse a un 'cara de culo' como Dylan. —Ella se ríe de su propio chiste con grandes carcajadas, acción que irrita al aludido.
—Ojalá tú que un 'cara de culo' como yo siquiera te mire —contraataca él con una sonrisa maliciosa.
—¡Ja! Pero ni en tus más fantasiosos sueños. Tú no estás a mi nivel, así que un perdedor como tú no tiene el derecho de siquiera mirarme. ¡Tonto!
—¡Insoportable, creída!
—¡Cara de culo!
—¡Arrogante, fastidiosa!
—¡Aburrido, retardado!
—¡Ya, por favor! —exclama Miha—. ¿Acabamos de llegar y ya se están peleando? ¡Parecen esposos en crisis!
—¿Esposos? ¡Ja! —profiere Legna con cara de disgusto. Su reacción le hierve la sangre a Dylan, quien no soporta lo prepotente que ella es.
—¿Te crees la gran cosa porque eres híbrida? Tener unas tontas habilidades no te hace mejor que nosotros —espeta él, ofendido.
—Mejor que tú sí, envidioso.
—¿Para qué pierdo mi tiempo con una chiquilla inmadura, creída y maleducada como tú?
—¡No soy ninguna chiquilla!
—Confirmo —interviene André con expresión pervertida mientras le mira los pechos redondos, cuyas protuberancias la hacen lucir más desarrollada que las demás féminas, pese a que es la menor entre las tres chicas.
—¡Deja de mirarme las tetas! —Ella lo cachetea de imprevisto.
—¡Qué mal hablada! —escupe Dylan molesto y mira a André con ganas de arrancarle los ojos—. Y tú, respeta —se dirige a su amigo, quien se está sobando la mejilla debido al ardor del golpe—. ¿Saben qué? Ustedes dos harían una pareja perfecta. ¡Cuál de los dos más inculto!
—Tú eres más inculto que yo, infeliz. —Legna lo agarra por el cuello de la camiseta y levanta su puño, dispuesta a golpearlo.
—Eres tan agresiva e impulsiva. Deberías aprender de Clara, quien se comporta como una dama y no como una busca pleitos corriente.
Los ojos de Legna se tornan rojos, mas ella controla la rabia que la embarga y finge una sonrisa desinteresada.
—¿Ser como Clara? ¡Qué aburrimiento! Yo soy fuego, cariño, y donde llego dejo huellas; sin embargo, tu damisela perfecta pasa desapercibida porque es tan insípida como tú.
—¡Oye! A mí no me involucren en sus discusiones sin sentido —se queja la rubia. Sus ojos azules observan a Dylan con sospecha, puesto que le es curioso que él siempre actúa tan raro cuando se encuentra delante de Legna.
—Oye, Legna, cambiando este tema tonto. ¿Por qué no vas a estar en la fiesta de transformación de Dylan? Él será el primero del grupo en convertirse en lobo, así que no puedes faltar a su cumpleaños —interpela Miha.
—Mañana mi abuelo vendrá por mí para entrenarme —responde ella, y suelta al chico, quien se arregla la ropa con una mueca de desaprobación. Pese a que finge no estar interesado en la conversación, su mirada de soslayo evidencia su interés.
—Pero la fiesta es dentro de un mes, Legna, no mañana —refuta Miha.
—Me iré por cuatro años. —Legna se muerde el labio inferior.
—¡¿Qué?! —espeta un sorprendido André—. Pero vendrás cada cierto tiempo, ¿verdad?
Ella niega con la cabeza y se abraza a sí misma.
—Será un entrenamiento exhaustivo. Según el abuelo, debo desconectarme de mi parte lobuna durante ese tiempo. Mis papás y hermanos podrán ir a visitarme, pero yo no podré salir del territorio de los zollebs.
—Vaya... —masculla Miha con tristeza—. Qué mal. Hubiera sido lindo que todo el grupo estuviera con Dylan. Además, te voy a extrañar mucho. ¡Serán cuatro largos años!
Dylan mira a Legna de una manera que a ella le intriga y que la pone muy nerviosa.
—Ni que esta insoportable vaya a hacer falta... —dice entre dientes y de mal humor.
Como respuesta, Legna entrecierra los ojos y se cruza de brazos, luego añade:
—Exacto. No tengo nada que ver contigo, como tampoco me interesa tu estúpida transformación. Supongo que cuando regrese, ya tendrás muchos cachorros con tu amada Clara. Eso si ustedes de verdad son mates. ¿Se imaginan que no sea así? Sería todo un drama gracioso —Ella ríe maliciosa.
Dylan aprieta los labios con incomodidad, mientras que Clara baja el rostro, temerosa, puesto que esa es una posibilidad con la cual ella no quiere lidiar. En su corazón, Dylan es el indicado, así que él tiene que ser su mate, sí o sí.
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