NovelaGO
El Señor del Valle

El Señor del Valle

Monica Prelooker · En curso · 97.1k Palabras

931
Tendencia
5.2k
Vistas
150
Agregado
Agregar a estante
Comenzar a leer
Compartir:facebooktwitterpinterestwhatsappreddit

Introducción

Él es el Alfa más joven y temido, dedicado en cuerpo y alma a vencer a los vampiros, no tiene tiempo para buscar compañera. Hasta que su madre, la Reina Luna, le ordena cuidar de una muchacha humana de apariencia muy especial.
Conocerla cambiará su vida para siempre, empujándolo a desafiar todas las leyes de su pueblo por su amor.
Esta historia es paralela a Valle de los Lobos, y termina después del final de esa novela, respondiendo lo que quedó pendiente

Capítulo 1

Esta historia es paralela a Valle de los Lobos: la misma historia desde el otro protagonista. Agrega contexto y todo lo que pasaba que la protagonista de Valle no tenía forma de saber. Termina después del final de Valle y responde cuanto quedó pendiente

Las oscuras nubes de tormenta ocultaban las estrellas, reflejando con un ominoso tinte sangriento las llamas que devoraban la aldea abandonada. Y en los campos vecinos, la escarcha tardía crujía bajo los cascos de los caballos de batalla y las patas de los gigantescos lobos. Gritos, relinchos y aullidos llenaban la noche en aquella lucha feroz, a muerte.

Los jinetes, liderados por un guerrero de larga cabellera rubia, intentaban contener la embestida de los lobos con lanzas y espadas de plata, pero poco a poco cedían terreno. Los lobos esquivaban sus lances para atacar primero a sus cabalgaduras, desgarrando tendones, cuellos, vientres, para desmontar a los jinetes. Entonces se lanzaban sobre ellos, indiferentes a cortes o puntazos, los enormes colmillos listos para cerrarse sobre los cuellos de sus enemigos.

Una decena de guerreros, asediados por los lobos, rompió filas y volvió grupas, huyendo al galope hacia la aldea. El lobo que lideraba la carga, una enorme criatura negra de ojos dorados, remató al jinete con el que luchaba y se lanzó tras los fugitivos. El resto de los lobos oyeron su llamado en sus mentes por todo el campo de batalla:

—¡A mí!

Media docena de lobos se desentendió de la lucha para ir tras él.

—¡Padre! —gritó alarmado otro lobo negro.

Oyó su grito replicado por dos lobos más desde distintos puntos del campo, mientras él se defendía de tres jinetes que intentaban traspasarlo con sus hojas, y no lograba abrirse paso entre ellos para ir tras el Alfa.

—¡Milo! ¡Mendel! —llamó, cerrando sus fauces en torno a la pata trasera de un caballo.

El animal se encabritó con un relincho, arrojando a su jinete de espaldas sobre la tierra congelada y quebrándole la espalda. El lobo sintió el agudo dolor de un lanzazo en su anca y se volvió para arrancarse de la hoja. Esta vez, sus colmillos se clavaron en la pierna misma del jinete que lo hiriera, desgarrándola de un tirón brutal a la altura de la rodilla.

—¡Yo iré!

El lobo vio a uno de sus hermanos saltar sobre un caballo, derribar al animal y a su jinete y dirigirse al hueco en las filas enemigas. Se deshizo apresurado del último jinete, pero cuando quiso seguir a su hermano, la herida en su anca le impidió correr.

—¡Mael! —llamó su otro hermano—. ¿Estás herido?

No se molestó por responder. Ignoró el dolor del corte sucio de plata, y el ardor ponzoñoso que comenzaba a expandirse desde la herida, y se dirigió lo más rápido que podía hacia la aldea. Su hermano llegó a su lado desde el extremo opuesto de los campos, y juntos lucharon por abrirse paso en pos de su padre.

De pronto los jinetes se reorganizaban ante ellos, ofreciendo un frente más compacto y difícil de penetrar.

—¡Padre! —volvió a llamar el lobo, sin obtener respuesta, dirigiéndose con su hermano hacia donde veían menos jinetes para tratar de romper el cerco.

Entonces oyeron los aullidos pidiendo ayuda desde la aldea.

—¡Lo capturaron! —exclamó su hermano desde allí.

Los dos lobos negros rugieron enfurecidos, y el que estaba ileso se adelantó, derribando a cualquiera que intentaba interponerse en su camino.

—¡Se lo llevan!

El lobo herido abrió su mente al resto de los suyos para que todos lo escucharan.

—¡No les permitan retroceder!

Hizo caso omiso del corte sangrante en su anca para seguir como podía a su hermano, que le abría camino dejando un tendal de caballos heridos y jinetes aplastados bajo sus monturas. Fue tras él rematando enemigos. Mientras tanto, a sus espaldas, el grueso de los lobos continuaba luchando, intentando por todos los medios rodear a los jinetes, o al menos empujarlos hacia los campos.

Se adentró en la calleja que llevaba al centro de la aldea, rodeado de chozas y cabañas que se derrumbaban en llamas, siguiendo los ruidos de lucha allá adelante. Pronto cruzó a varios lobos heridos que se alejaban de la pelea por orden de sus hermanos, para evitar ser capturados también.

—Era una emboscada —dijo uno, que apenas podía sostenerse en pie, el lomo abierto de una estocada—. Una docena de pálidos aparecieron de la nada y nos cortaron el paso, cubriendo la retirada de los que atraparon al Alfa.

¡Una docena de pálidos! El lobo maldijo tratando al menos de trotar hacia el pozo. Entonces oyó relinchos y cascos al galope que se alejaban por el otro extremo de la aldea.

—¡Retrocedan! —ordenó a los que se adelantaran tras el Alfa—. ¡Retrocedan todos! ¡Liquiden a los que quedan!

Su autoridad como Beta se impuso hasta a los más enardecidos, y pronto los lobos comenzaron a pasar corriendo a su lado en dirección opuesta, de regreso hacia los campos para poner fin a la batalla.

No tardó en reunirse con sus dos hermanos en el centro de la aldea en ruinas. Ninguno de los tres dijo una sola palabra. Que no pudieran escuchar al Alfa tenía un solo significado: los parias lo habían encadenado con plata.

Ahora resultaba evidente que los parias habían enviado a sus vasallos por delante a luchar en los campos, ordenándoles abrir aquel hueco en sus filas para atraer a los lobos más audaces. Y emboscados en las estrechas callejuelas aguardaban los guerreros más fuertes, reconocibles por sus claras cabelleras. Habían atrapado al Alfa y cuatro más con gruesas redes, hiriéndolos con múltiples lanzas de plata para debilitarlos, y se los habían llevado a rastras de sus sementales de batalla hacia el oeste.

—Tienes que curar esa herida, Mael —dijo el otro oliendo la grupa de su hermano herido.

—No hay tiempo —gruñó el lobo, los ojos dorados fijos en la densa oscuridad más allá de las casas en llamas—. Tenemos que seguirles el rastro y liberar a padre lo antes posible.

—No llegarás lejos si sigues perdiendo sangre —replicó su hermano—. Ve a hacerte curar. Nosotros los rastrearemos y te nos unirás cuando los hallamos localizado.

El lobo no respondió, ni siquiera los miró. Permaneció allí junto al pozo cuando sus hermanos se alejaron a largos saltos para desaparecer en la noche. Entonces alzó la cabeza al cielo y soltó un largo aullido. En el campo de batalla, los lobos lo oyeron y se lanzaron con todas sus fuerzas sobre sus enemigos. Poco después, no quedaban jinetes vivos en los campos.

De regreso en el campamento improvisado al sur de la aldea, la jefa de las sanadoras que acompañaban a los lobos estaba al tanto de la gravedad de la situación. En cualquier otro momento, y con cualquier otro herido, habría objetado lo que el lobo le ordenó que hiciera. No en esa ocasión.

—Tal vez nunca te recuperes totalmente —se limitó a advertir.

—Hazlo —gruñó el lobo.

La loba no insistió. Aguardó a que cambiara y se tendiera frente a ella. El lobo mordió la madera que le ofrecía la sanadora y cerró los ojos y los puños, decidido a tolerar cuanto dolor fuera necesario.

Mientras la sanadora limpiaba su herida, antes de aplicar dagda molida directamente dentro del corte y suturarlo, varios lobos dejaron el campamento tras los pasos de los que rastreaban al Alfa cautivo.

La sanadora trató de detenerlo cuando mandó que le trajeran ropas, armas y su caballo. Él se negó a escuchar razones. Si no podía luchar en cuatro patas, lo haría en dos piernas, pero no se quedaría en el campamento esperando noticias. Ahogó un gemido de dolor al montar y dejó el campamento a la cabeza de todos los lobos en condiciones de volver a combatir.

Sus hermanos habían localizado el campamento enemigo. A pesar de que los guardias eran todos humanos, el perímetro estaba demasiado custodiado para intentar nada hasta que el sol estuviera alto. De modo que otros lobos se movían entre ambos campamentos, buscando el mejor camino para acercarse inadvertidos cuando llegara el momento.

Sus hermanos salieron a recibirlo en el bosque, a menos de un kilómetro de las tiendas enemigas. La situación era mucho peor de lo que creía: habían descubierto a dos blancos al mando de los pálidos que tendieran la emboscada en la aldea. No había rastros de los lobos capturados junto con el Alfa, pero los hermanos estaban convencidos de que su padre seguía vivo. En el extremo posterior del campamento, entre las tiendas que ocupaban los blancos y sus pálidos, había una gran jaula de hierro. Tenía tamaño suficiente para albergar un oso o un lobo, estaba cubierta de pieles que ocultaban su contenido y custodiada por dos pálidos.

—No hay forma de acercarnos a menos que sea un mediodía de verano —concluyó Mendel desalentado.

Todos se volvieron hacia Mael, apoyado contra un árbol para quitar peso de su pierna herida.

—Necesitamos una distracción —dijo, paseando sus brillantes ojos azules a su alrededor para detenerse en un lobo corpulento de pelambre parda—. Tú comandarás la carga, Ronan. Nosotros tres nos infiltraremos en el campamento. Procúrennos uniformes de los muertos de anoche.

Los lobos pasaron la mañana ocultos en el bosque. Como si fuera un buen augurio, un tibio viento del sur comenzó a soplar, desgarrando las nubes en jirones grisáceos. Pronto el sol brilló sobre el campamento enemigo y la temperatura no tardó en elevarse.

Pasado el mediodía, los guardias humanos luchaban contra el letargo que les provocaba la tibia brisa primaveral y el sol que caía a plomo sobre ellos. Los lobos descendieron del bosque al galope, y los guardias no atinaron a dar la alarma antes que les cayeran encima. Los jinetes salían a gatas de sus tiendas, reuniendo todas sus fuerzas para cargar con hojas y escudos. Les resultaba imposible correr hacia la lucha bajo ese sol, que los sumía en un estado febril que consumía sus fuerzas.

Mientras tanto, al otro lado del campamento, los tres hermanos disfrazados de jinetes no tuvieron dificultad en mezclarse entre sus enemigos. Muchos a su alrededor llevaban capuchas, de modo que nadie reparó en ellos. Se ocultaron tras una tienda cercana a la gran jaula hasta que vieron que los pálidos se tambaleaban hacia donde sus vasallos y los lobos volvían a combatir. Sólo dos de ellos permanecieron allí, custodiando la jaula a la sombra del toldo de una de las grandes tiendas de los blancos que lideraban la partida.

Milo vio que Mael llevaba la mano a su puñal y lo detuvo meneando la cabeza.

—Nosotros nos encargaremos —dijo.

Mael asintió apretando los dientes.

Milo y Mendel se adelantaron hacia la jaula, puñales en mano. A pesar de no ser tan poderosos como los blancos, los pálidos no eran tan fáciles de reducir como sus vasallos, y Mael estuvo a punto de intervenir, pero sus hermanos dieron buena cuenta de ellos.

Entonces se apresuraron los tres hacia la jaula y alzaron una de las pieles que la cubría. Fue una suerte que lograran mantener sus mentes cerradas a los demás. De lo contrario, sus clamores habrían perturbado a los lobos que aún luchaban al punto de costarles la vida.

Porque allí en la jaula, desnudo y malherido, una gruesa cadena de plata en torno a su cuello y otras sujetando sus muñecas a los gruesos barrotes, yacía el Alfa, su padre, el cuerpo cubierto de golpes, cortes y marcas de colmillos. Estaba caído de lado, y la plata que contaminaba su sangre revelaba en líneas negras el tatuaje de su espalda.

Milo forcejeó con los grilletes que encadenaban a su padre a la jaula, Mendel intentó en vano aflojar los eslabones de plata en torno a su cuello. Mael apoyó la mano en su pecho, donde sintió el batir débil e irregular de su corazón.

—Padre —llamó en un susurro, lágrimas ardientes de horror y furia corriendo por sus mejillas.

Los párpados del Alfa se agitaron y se alzaron apenas. Los tres hermanos sofocaron gemidos de espanto al ver los ojos azules inyectados en sangre.

—Mátame —musitó en voz apenas audible.

—¡No! ¡Te sacaremos de aquí!

Los ojos turbios se clavaron en Mael.

—Mátame —repitió en un soplo.

Era una orden del Alfa. Y cuando el Alfa daba una orden, la manada obedecía. Ningún lobo, ni siquiera su propio hijo y lugarteniente, podía desobedecer. Antes que pudiera darse cuenta lo que hacía, Mael retrocedía hacia el cadáver de uno de los pálidos para quitarle el aguzado puñal de plata que aún sostenía.

Milo y Mendel no se atrevieron a intervenir, obligados como estaban por aquella orden incontestable, y se limitaron a tomar las manos encadenadas, que ya no tenían fuerza para estrechar las suyas. El Alfa los miró por última vez e intentó asentir. Los dos jóvenes lobos asintieron también y le dieron la espalda, listos para defender a su padre y a su hermano.

Mael se echó de rodillas junto a la jaula y pasó su brazo entre los gruesos barrotes. El Alfa logró tenderse boca arriba, los ojos exánimes en su hijo, que gimió al apoyar la filosa punta sobre su corazón.

Alzó el brazo y volvió a bajarlo, meneando la cabeza desesperado.

—¡Por favor, padre! —suplicó— ¡No puedo!

—Hazlo.

Aquella única palabra pareció cerrarse en torno a su muñeca como un puño ardiente, impulsándola a hundirse con fuerza en el pecho que apenas alentaba ya. Su padre se estremeció de pies a cabeza con un estertor y logró mirarlo por última vez.

—Gracias, Alfa —dijo con su último aliento, cerrando al fin los ojos.

Mael humedeció un dedo en la sangre que brotaba del pecho de su padre muerto y dibujó una cruz en su propia frente, sacudido por el llanto que era incapaz de controlar, el dolor en su pecho paralizándolo como estaba, postrado junto a la jaula.

A través de su propio dolor y sus propias lágrimas, Milo y Mendel advirtieron el estado de Mael y le sujetaron los brazos, obligándolo a incorporarse. Mael intentó librarse de ellos para volver a arrodillarse junto a su padre muerto llorando desconsoladamente.

—De pie, Alfa —le dijo Milo con cuanta firmeza podía.

Intercambió una mirada con Mendel al ver que Mael no se movía. Le sujetaron los brazos y lo arrastraron lejos de allí.

Últimos capítulos

Te podría gustar 😍

Cómo No Enamorarme de un Dragón

Cómo No Enamorarme de un Dragón

2m Vistas · Completado · Kit Bryan
Nunca me postulé a la Academia para Seres y Criaturas Mágicas.

Por eso fue más que un poco desconcertante cuando llegó una carta con mi nombre ya impreso en un horario de clases, una habitación en el dormitorio esperándome y las materias elegidas, como si alguien me conociera mejor de lo que me conozco yo misma. Todo el mundo conoce la Academia, es donde las brujas afilan sus hechizos, los cambiaformas dominan sus formas, y toda clase de criatura mágica aprende a controlar sus dones.

Todos menos yo.

Ni siquiera sé qué soy. No hay cambio de forma, ni trucos de magia, nada. Solo una chica rodeada de personas que pueden volar, conjurar fuego o sanar con un toque. Así que me siento en las clases fingiendo que encajo, y escucho con atención cualquier pista que pueda decirme qué es lo que llevo escondido en la sangre.

La única persona más curiosa que yo es Blake Nyvas, alto, de ojos dorados y, definitivamente, un dragón. La gente susurra que es peligroso, me advierten que mantenga las distancias. Pero Blake parece decidido a resolver el misterio que soy, y de algún modo confío en él más que en nadie.

Tal vez sea imprudente. Tal vez sea peligroso.

Pero cuando todos los demás me miran como si no perteneciera a este lugar, Blake me mira como si fuera un acertijo que vale la pena resolver.
Emparejada con su Instructor Alfa

Emparejada con su Instructor Alfa

1m Vistas · Completado · Marina Ellington
Soy Eileen, la marginada de la academia de cambiaformas, todo porque no tengo lobo. Mi única salvación es un don para la sanación que me consiguió un lugar en la División de Sanadores. Entonces, una noche en el bosque prohibido, encontré a un desconocido al borde de la muerte. Bastó un roce, y algo primitivo se rompió entre nosotros. Esa noche me ató a él de una forma que no puedo deshacer.

Semanas después, nuestro nuevo instructor Alfa de combate entra al salón. Regis. El tipo del bosque. Sus ojos se clavan en los míos, y sé que me reconoce. Entonces el secreto que he estado ocultando me golpea como un puñetazo: estoy embarazada.

Él tiene una propuesta que nos ata más que nunca. ¿Protección… o una jaula? Los susurros se vuelven venenosos, la oscuridad se cierra sobre mí. ¿Por qué soy la única sin lobo? ¿Es mi salvación… o me arrastrará a la ruina?
El Amor No Dicho del CEO

El Amor No Dicho del CEO

1.2m Vistas · Completado · Lily Bronte
—¿Quieres mi perdón? —preguntó, mi voz bajando a un tono peligroso.

Antes de que pudiera responder, se acercó más, de repente alzándose sobre mí, su rostro a centímetros del mío. Sentí que mi respiración se detenía, mis labios se separaban por la sorpresa.

—Entonces este es el precio por hablar mal de mí con otros —murmuró, mordisqueando mi labio inferior antes de reclamar mi boca en un beso real. Comenzó como un castigo, pero rápidamente se transformó en algo completamente diferente cuando respondí, mi rigidez inicial derritiéndose en cumplimiento, luego en participación activa.

Mi respiración se aceleró, pequeños sonidos escapando de mi garganta mientras exploraba mi cuerpo. Sus caricias eran tanto castigo como placer, arrancando estremecimientos de mí que pensé él sentía reverberar a través de su propio cuerpo.

Mi camisón se había subido, sus manos descubriendo más de mí con cada caricia. Ambos estábamos perdidos en la sensación, el pensamiento racional retrocediendo con cada segundo que pasaba...

Hace tres años, para cumplir el deseo de su abuela, me vi obligada a casarme con Derek Wells, el segundo hijo de la familia que me había adoptado durante diez años. Él no me amaba, pero yo lo había amado en secreto todo el tiempo.

Ahora, el matrimonio contractual de tres años está a punto de terminar, pero siento que algún tipo de sentimiento se ha desarrollado entre Derek y yo que ninguno de los dos está dispuesto a admitir. No estoy segura de si mis sentimientos son correctos, pero sé que no podemos resistirnos físicamente...
Déjalos Arrodillarse

Déjalos Arrodillarse

754.1k Vistas · En curso · My Fantasy Stories
Kaelani pasó su vida creyendo que no tenía lobo.
Expulsada por su manada. Olvidada por los licántropos.
Vivía entre humanos —callada, invisible, oculta en un pueblo en el que nadie se fijaba dos veces.

Pero cuando su primer celo llega sin previo aviso, todo cambia.

Su cuerpo se enciende. Sus instintos gritan. Y algo primitivo se agita bajo su piel—
invocando a un gran y temible Alfa que sabe exactamente cómo apagar su fuego.

Cuando él la reclama, es éxtasis y ruina.

Por primera vez, cree que ha sido aceptada.
Vista.
Elegida.

Hasta que él la deja a la mañana siguiente—
como un secreto del que nunca se debe hablar.

Pero Kaelani no es lo que ellos creían.
No carece de lobo. No es débil.
Hay algo antiguo en su interior. Algo poderoso. Y está despertando.

Y cuando lo haga—
todos recordarán a la chica a la que intentaron borrar.

Especialmente él.

Ella será el sueño que él no dejará de perseguir... lo único que alguna vez lo hizo sentir vivo.

Porque los secretos nunca permanecen enterrados.
Y los sueños tampoco.
Esta Vez Él Me Persigue Con Todo

Esta Vez Él Me Persigue Con Todo

726k Vistas · Completado · Sherry
Maya se quedó helada cuando entró el hombre que atraía todas las miradas del salón. Su exnovio, que había desaparecido hacía cinco años, era ahora uno de los magnates más ricos de Boston. En aquel entonces, él nunca había dado pistas sobre su verdadera identidad; luego, había desaparecido sin dejar rastro. Al ver ahora su mirada fría, ella solo podía suponer que él había ocultado la verdad para ponerla a prueba, había decidido que ella era superficial y se había marchado decepcionado.

Afuera del salón de baile, ella se acercó a él mientras fumaba junto a la puerta, con la intención de, al menos, darle una explicación.

—¿Todavía estás enojado conmigo?

Él tiró el cigarrillo y la miró con abierto desprecio.
—¿Enojado? ¿Crees que estoy enojado? Déjame adivinar: Maya por fin descubre quién soy y ahora quiere "reconectar". Otra oportunidad ahora que sabe que mi apellido viene acompañado de dinero.

Cuando ella intentó negarlo, él la interrumpió.
—Fuiste algo pasajero. Una nota al pie. Si no hubieras aparecido esta noche, ni siquiera me habría acordado de ti.

Las lágrimas le escocieron en los ojos. Estuvo a punto de hablarle de su hija, pero se detuvo. Él solo pensaría que estaba usando a la niña para atraparlo y quedarse con su dinero.

Maya se lo tragó todo y se marchó, segura de que sus caminos nunca volverían a cruzarse... pero él continuó apareciendo en su vida, hasta que fue él quien se rebajó, rogándole humildemente que lo aceptara de vuelta.
Elegida por el Rey Alfa Maldito

Elegida por el Rey Alfa Maldito

1.4m Vistas · Completado · Night Owl
—Ninguna mujer sale viva de su cama.
—Pero yo sobreviviré.
Lo susurré a la luna, a las cadenas, a mí misma—hasta que lo creí.
Dicen que el Rey Alfa Maximus es un monstruo—demasiado grande, demasiado brutal, demasiado maldito. Su cama es una sentencia de muerte, y ninguna mujer ha salido viva de ella. Entonces, ¿por qué me eligió a mí?
La omega gorda e indeseada. La que mi propia manada ofreció como basura. Una noche con el Rey despiadado se suponía que acabaría conmigo. En cambio, me arruinó. Ahora ansío al hombre que toma sin piedad. Su toque quema. Su voz manda. Su cuerpo destruye. Y sigo regresando por más. Pero Maximus no ama. No tiene compañeras. Él toma. Él posee. Y nunca se queda.
—Antes de que mi bestia me consuma por completo—necesito un hijo que tome el trono.
Qué lástima para él... no soy la chica débil y patética que tiraron. Soy algo mucho más peligroso—la única mujer que puede romper su maldición... o destruir su reino.
Vendida al Señor de la Noche

Vendida al Señor de la Noche

560.3k Vistas · Completado · monica caballero
Desde tiempos inmemoriales, criaturas de piel helada y colmillos letales han gobernado las tierras de Velmora. Su hambre es insaciable, y los humanos no son más que ganado en su mundo. Con cada luna llena, almas jóvenes son vendidas como alimento —marcadas, despojadas de sus nombres y entregadas a sus dueños. Elara Voss era una de ellas. Vendida como carne en el mercado, su destino parecía claro: servir de sustento hasta su último aliento. Pero Elara se niega a morir en silencio. Su espíritu no conoce la sumisión... especialmente cuando su comprador resulta ser Cassian Draven, el vampiro más temido del reino. Frío. Inescrutable. Letal. Cassian no buscaba compañía, ni clemencia. Pero Elara es diferente a cualquier humano que él haya conocido. A medida que la oscuridad se cierne y el deseo comienza a desdibujar la línea entre el peligro y la tentación, Elara debe elegir: luchar por su libertad... o rendirse a una atracción tan peligrosa como el hombre que es su dueño.
La última oportunidad de la luna morbosa

La última oportunidad de la luna morbosa

653k Vistas · En curso · Eve Above Story
Solía ser la hija perfecta para mi padre, casándome con el Alfa Alexander por el beneficio de mi manada, aunque Alexander se negó a marcarme e insistió en que nuestro matrimonio era simplemente un contrato. Luego me convertí en la perfecta Luna para mi esposo Alfa, todavía esperando que algún día pudiera ganar su afecto y seríamos marido y mujer de verdad.
Pero todo cambió el día que me dijeron que mi loba se había quedado dormida. El doctor me advirtió que si no marcaba o rechazaba a Alexander dentro de un año, moriría. Sin embargo, ni mi esposo ni mi padre se preocuparon lo suficiente como para ayudarme.
En mi desesperación, tomé la decisión de dejar de ser la chica dócil que ellos querían que fuera.
Pronto, todos me llamaron loca, pero eso era exactamente lo que quería—rechazo y divorcio.
Lo que no esperaba era que mi antes arrogante esposo un día me rogara que no me fuera…
Mi profesor vampiro

Mi profesor vampiro

994.1k Vistas · Completado · Eve Above Story
Después de encontrar a mi novio besando a su «amigo de la infancia», me emborraché en un bar y mi mejor amigo me pidió un hábil call boy.
De hecho, era hábil y muy sexy. Dejé efectivo y me escapé a la mañana siguiente.
Más tarde, me topé con el «chico de compañía» en mi clase y descubrí que, de hecho, era mi nuevo profesor. Poco a poco, me di cuenta de que había algo diferente en él...

«Olvidaste algo».
Me regaló una bolsa de la compra delante de todos los que tenían cara de póker.
«Qué...»
Empecé a preguntar, pero ya se estaba alejando.
Los demás estudiantes de la sala me miraban fijamente, preguntándose qué me acababa de entregar.
Eché un vistazo al interior de la bolsa y la cerré al instante, sintiendo que la sangre salía de mi cuerpo.
Era el sujetador y el dinero que había dejado en su casa.
Paraíso Cruel - Un Romance Mafioso

Paraíso Cruel - Un Romance Mafioso

444.1k Vistas · En curso · nicolefox859
¿Qué es más vergonzoso que una llamada accidental desde el bolsillo?
Llamar por accidente a tu jefe...
Y dejarle un mensaje de voz subido de tono cuando estás, eh... «pensando» en él.

Trabajar como la asistente personal de Ruslan Oryolov es un trabajo infernal.
Después de un largo día satisfaciendo cada capricho del multimillonario, necesito liberar estrés.
Así que, cuando llego a casa esa noche, eso es exactamente lo que hago.

El problema es que mis pensamientos siguen estancados en el imbécil de mi jefe que me está arruinando la vida.
No pasa nada; porque de todos los muchos pecados de Ruslan, ser guapísimo podría ser el más peligroso.
Esta noche, fantasear con él es justo lo que necesito para llevarme al límite.

Pero cuando bajo la mirada hacia mi teléfono, aplastado a mi lado,
Ahí está.
Un mensaje de voz de 7 minutos y 32 segundos...
Enviado a Ruslan Oryolov.

Entro en pánico y lanzo mi teléfono al otro lado de la habitación.
Pero no hay forma de deshacer el daño causado por mi muy sonoro orgasmo.

Entonces, ¿qué puedo hacer?
Mi plan era simplemente evitarlo y actuar como si nunca hubiera pasado.
Además, nadie tan ocupado revisa sus mensajes de voz, ¿verdad?

Pero cuando programa una reunión a solas conmigo de exactamente 7 minutos y 32 segundos,
Una cosa es segura:
Lo.
Escuchó.
Todo.
El Latido Prohibido

El Latido Prohibido

703k Vistas · Completado · Riley
Dicen que tu vida puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos.
La mía cambió en el tiempo que tomó abrir una puerta.
Detrás de ella: mi prometido Nicholas con otra mujer.
Tres meses hasta nuestra boda. Tres segundos para verlo todo arder.
Debí haber corrido. Debí haber gritado. Debí haber hecho cualquier cosa excepto quedarme allí como una tonta.
En cambio, escuché al mismísimo diablo susurrar en mi oído:
—Si estás dispuesta, podría casarme contigo.
Daniel. El hermano del que me advirtieron. El que hacía que Nicholas pareciera un niño de coro.
Se apoyó contra la pared, observando cómo mi mundo se desmoronaba.
Mi pulso retumbaba. —¿Qué?
—Me escuchaste. —Sus ojos se clavaron en los míos—. Cásate conmigo, Emma.
Pero al mirar esos ojos magnéticos, me di cuenta de algo aterrador:
Quería decirle que sí.
Que comience el juego.
El Arrepentimiento del CEO: Los Gemelos Secretos de Su Esposa Perdida

El Arrepentimiento del CEO: Los Gemelos Secretos de Su Esposa Perdida

379.2k Vistas · Completado · Amelia Rivers
Ella es la hija de la ama de llaves. Él es el multimillonario más frío de Manhattan. Una bebida drogada cambia todo.

Aria Taylor despierta en la cama de Blake Morgan, acusada de seducirlo. ¿Su castigo? Un contrato matrimonial de cinco años—su esposa en papel, su sirvienta en realidad. Mientras Blake presume a su verdadero amor, Emma, en las galas de Manhattan, Aria paga las facturas médicas de su padre con su dignidad.

Tres años de humillación. Tres años de ser llamada la hija de un asesino—porque el coche de su padre "accidentalmente" mató a un hombre poderoso, dejándolo en coma y destruyendo a su familia.

Ahora Aria está embarazada del hijo de Blake. El bebé que él juró que nunca querría.

Alguien quiere matarla. La encerraron en un congelador, sabotearon cada uno de sus pasos. ¿Es porque su padre está despertando? ¿Porque alguien tiene miedo de lo que él pueda recordar?

Su propia madre intenta desconectarlo. La perfecta Emma de Blake no es quien aparenta ser. Y esos recuerdos que Aria tiene de salvar a Blake de un incendio? Todos dicen que son imposibles.

Pero no lo son.

A medida que los ataques se intensifican, Aria descubre la traición definitiva: La mujer que la crió podría no ser su verdadera madre. El accidente que destruyó su vida podría haber sido un asesinato. Y Blake—el hombre que la trata como propiedad—podría ser su única salvación.

Cuando su padre despierte, ¿qué secretos revelará? ¿Descubrirá Blake que su esposa lleva a su heredero antes de que alguien la mate? Y cuando él sepa quién realmente lo salvó, quién realmente lo drogó, y quién ha estado cazando a su esposa—¿se convertirá su venganza en su redención?