
Lazos de Pasión
Yumary piñero · En curso · 160.0k Palabras
Introducción
Cuando acepté casarme con Ricardo Sira, el CEO de uno de los emporios más poderosos del país, lo hice por deber, por presión familiar… pero también por amor. Porque, aunque nunca lo admití en voz alta, lo amaba.
Había algo en su forma de mirarme, de protegerme en los primeros días, que me hizo creer que tal vez —solo tal vez— él sentía lo mismo.
Me equivoqué.
Con el tiempo, la verdad me golpeó sin piedad. Nuestro matrimonio no era más que una farsa: un acuerdo frío entre dos familias ambiciosas. Ricardo siempre fue implacable, distante y controlador. Y su corazón pertenecía a otra mujer: Amanda, mi ex mejor amiga.
Una traición doble. Dolorosa. Imposible de olvidar.
Durante cinco años sobreviví entre silencios, humillaciones y una casa vacía que nunca fue un hogar. Hasta que pedí el divorcio. Lo entregué todo: mi apellido, mi estatus, mi dignidad.
Solo pedí una cosa: mi libertad.
Creí que ahí terminaba todo.
Pero el destino decidió arrastrarme de nuevo al infierno...
Capítulo 1
Nunca pensé que mi matrimonio sería una obra de teatro tan costosa. Cinco años siendo la señora Lesters, cinco años viviendo entre mármol, cristal y silencio. Cinco años fingiendo que compartíamos una vida… cuando lo único que compartíamos era el apellido.
Por fuera éramos perfectos.
Por dentro… un vacío infinito.
Durante todo ese tiempo jamás me tocó. Jamás. Ni una caricia, ni una noche juntos, ni un beso que no fuera para las cámaras. Yo era una figura decorativa en su mundo impecable. Una pieza más en su vitrina de éxitos.
Hasta anoche.
Anoche, él irrumpió en mi habitación con olor a whisky, con la camisa abierta, con el cabello desordenado como si hubiese peleado consigo mismo antes de entrar. No me habló. No pidió permiso. Solo me tomó. Con rabia. Con urgencia. Con una necesidad que no entendí hasta esta mañana.
Y yo cedí.
Me odié al hacerlo… pero cedí.
Hoy desperté sola, con las sábanas frías y la certeza de que lo que ocurrió jamás debió pasar. Así que, mientras me servía el desayuno, ya tenía la decisión tomada. Los papeles de divorcio estaban listos. Mi libertad, firmada de antemano.
Lo que no esperé fue escucharlo entrar tan temprano.
El estruendo de la puerta cerrándose de golpe hizo vibrar la casa. Podía reconocer sus pasos sin verlo. Pesados. Firmes. Impositivos. Como si todo le perteneciera. Como si yo le perteneciera todavía.
No levanté la vista cuando apareció en el umbral.
Sentí su mirada clavarse en mí, fría, calculadora, intentando entender por qué no corría a atenderlo como antes.
—Tenemos que hablar —ordenó.
Seguí untando mantequilla en mi tostada, como si fuera la única persona en el mundo.
—Estoy ocupada —respondí—. Como siempre lo estuve para ti.
La tensión en el ambiente se volvió espesa. Podía casi saborearla.
Él se acercó, abrió su portafolio y dejó caer un sobre manila justo frente a mí.
—Firma. No tengo tiempo para tus dramas.
Lo miré al fin. Solo para demostrarle que ya no me dominaba.
Abrí el sobre.
Saqué los documentos.
Leí la primera línea.
Divorcio.
Mi estómago se contrajo, pero mi rostro se mantuvo impasible. Le devolví la mirada con una serenidad que sabía que lo enfurecería.
—Qué interesante —musité—. Yo también iba a darte esto.
Él frunció el ceño, incómodo, molesto… casi confundido. No estaba acostumbrado a perder el control sobre mí.
—Ella volvió —dijo al fin, forzando cada palabra—. Y está embarazada. El niño es mío.
Y entonces todo encajó.
Su llegada borracho.
Su furia.
La forma desesperada en la que me tomó.
Era culpa.
O miedo.
O ambos.
Sentí una punzada en el pecho, pero la convertí en veneno.
—¿Y se supone que esto me romperá? —pregunté con una sonrisa amarga—. Por favor. Esa mujer siempre fue buena recogiendo lo que yo no quería.
Ni siquiera terminé la frase cuando su mano se cerró alrededor de mi cuello.
No con violencia descontrolada, sino con esa fuerza contenida que siempre usaba para recordarme que él podía dominarme… si yo se lo permitía.
Acercó su rostro al mío. Su respiración caliente chocó contra mi piel. Su pulgar rozó mi clavícula. Su voz fue un gruñido bajo.
—No vuelvas a provocarme.
Mi corazón golpeaba fuerte, pero mi voz salió firme, helada.
—Haz lo que quieras —susurré—. Ya no me intimidas.
Él me soltó como si mis palabras lo hubieran quemado.
Yo no dudé. Tomé el bolígrafo. Firmé sin leer una sola cláusula. Mi firma fue una sentencia: no quiero nada tuyo. Nada.
Cuando terminé, empujé los papeles hacia él.
—Quédate con todo —dije—. Lo único valioso que tenía lo perdí hace años contigo.
Él abrió los labios, sorprendido. Como si esperara lágrimas, súplicas, una escena dramática. Pero yo ya no era esa mujer rota que él moldeó.
—¿Eso es todo? —preguntó, desconcertado.
Me puse de pie despacio, dejándolo atrás como a un mal recuerdo.
—Eso es todo. Y demasiado para ti.
Subí las escaleras sin mirar atrás.
Cuando la puerta de mi habitación se cerró, la máscara se quebró.
Me dejé caer contra la madera, sintiendo cómo el aire me faltaba. Las lágrimas brotaron sin aviso, quemándome la piel.
Pero él no las escuchó.
Él nunca escucha nada que no sea su propio orgullo.
Y mientras lloraba, lo comprendí:
La única noche que me dio… también fue la única que jamás debió tenerme.
Últimos capítulos
#168 Un nuevo mundo
Última actualización: 2/2/2026#167 Cuatro cartas
Última actualización: 2/2/2026#166 Perderlo
Última actualización: 2/2/2026#165 El dolor de perderte
Última actualización: 2/2/2026#164 El tiempo
Última actualización: 2/2/2026#163 La cabaña
Última actualización: 2/2/2026#162 Felicidad
Última actualización: 2/2/2026#161 Una oportunidad
Última actualización: 2/2/2026#160 Aprender a vivir
Última actualización: 2/2/2026#159 Adiós Liam Teis
Última actualización: 2/2/2026
Te podría gustar 😍
El Amor No Dicho del CEO
Antes de que pudiera responder, se acercó más, de repente alzándose sobre mí, su rostro a centímetros del mío. Sentí que mi respiración se detenía, mis labios se separaban por la sorpresa.
—Entonces este es el precio por hablar mal de mí con otros —murmuró, mordisqueando mi labio inferior antes de reclamar mi boca en un beso real. Comenzó como un castigo, pero rápidamente se transformó en algo completamente diferente cuando respondí, mi rigidez inicial derritiéndose en cumplimiento, luego en participación activa.
Mi respiración se aceleró, pequeños sonidos escapando de mi garganta mientras exploraba mi cuerpo. Sus caricias eran tanto castigo como placer, arrancando estremecimientos de mí que pensé él sentía reverberar a través de su propio cuerpo.
Mi camisón se había subido, sus manos descubriendo más de mí con cada caricia. Ambos estábamos perdidos en la sensación, el pensamiento racional retrocediendo con cada segundo que pasaba...
Hace tres años, para cumplir el deseo de su abuela, me vi obligada a casarme con Derek Wells, el segundo hijo de la familia que me había adoptado durante diez años. Él no me amaba, pero yo lo había amado en secreto todo el tiempo.
Ahora, el matrimonio contractual de tres años está a punto de terminar, pero siento que algún tipo de sentimiento se ha desarrollado entre Derek y yo que ninguno de los dos está dispuesto a admitir. No estoy segura de si mis sentimientos son correctos, pero sé que no podemos resistirnos físicamente...
La Noche Antes de Conocerlo
Dos días después, entré a mi pasantía y lo encontré sentado detrás del escritorio del CEO.
Ahora le traigo café al hombre que me hizo gemir, y él actúa como si yo hubiera cruzado la línea.
Empezó con un reto. Terminó con el único hombre que nunca debería desear.
June Alexander no planeaba acostarse con un extraño. Pero en la noche que celebra haber conseguido su pasantía soñada, un reto salvaje la lleva a los brazos de un hombre misterioso. Es intenso, callado e inolvidable.
Pensó que nunca lo volvería a ver.
Hasta que entra en su primer día de trabajo—
Y descubre que él es su nuevo jefe.
El CEO.
Ahora June tiene que trabajar bajo las órdenes del hombre con quien compartió una noche imprudente. Hermes Grande es poderoso, frío y completamente prohibido. Pero la tensión entre ellos no desaparece.
Cuanto más cerca están, más difícil se vuelve mantener su corazón y sus secretos a salvo.
La Pequeña Pareja de Alfa Nicholas
¿Qué? No—espera… oh Diosa Luna, no.
Por favor, dime que estás bromeando, Lex.
Pero no lo está. Puedo sentir su emoción burbujeando bajo mi piel, mientras que todo lo que siento es pavor.
Doblamos la esquina y el aroma me golpea como un puñetazo en el pecho—canela y algo increíblemente cálido. Mis ojos recorren la habitación hasta que se posan en él. Alto. Imponente. Hermoso.
Y luego, tan rápido como… me ve.
Su expresión se tuerce.
—Joder, no.
Se da vuelta—y corre.
Mi compañero me ve y corre.
Bonnie ha pasado toda su vida siendo destruida y abusada por las personas más cercanas a ella, incluida su propia hermana gemela. Junto a su mejor amiga Lilly, que también vive una vida de infierno, planean escapar mientras asisten al baile más grande del año que está siendo organizado por otra manada, solo que las cosas no salen como planeaban, dejando a ambas chicas sintiéndose perdidas e inseguras sobre su futuro.
El Alfa Nicholas tiene 28 años, sin compañera, y no tiene planes de cambiar eso. Este año le toca organizar el Baile Anual de la Luna Azul y lo último que espera es encontrar a su compañera. Lo que espera aún menos es que su compañera sea 10 años menor que él y cómo su cuerpo reacciona ante ella. Mientras intenta negarse a reconocer que ha encontrado a su compañera, su mundo se pone patas arriba después de que los guardias atrapan a dos lobas corriendo por sus tierras.
Una vez que las traen ante él, se encuentra nuevamente frente a su compañera y descubre que ella esconde secretos que lo harán querer matar a más de una persona.
¿Podrá superar sus sentimientos hacia tener una compañera y una que es tan joven? ¿Su compañera lo querrá después de sentir el dolor de su rechazo no oficial? ¿Podrán ambos trabajar en dejar atrás el pasado y avanzar juntos o tendrá el destino otros planes y los mantendrá separados?
Enamorada del hermano marino de mi novio
¿Por qué estar cerca de él hace que mi piel se sienta demasiado apretada, como si llevara un suéter dos tallas más pequeño?
Es solo la novedad, me digo firmemente.
Solo la falta de familiaridad de alguien nuevo en un espacio que siempre ha sido seguro.
Me acostumbraré.
Tengo que hacerlo.
Es el hermano de mi novio.
Esta es la familia de Tyler.
No voy a dejar que una mirada fría deshaga eso.
**
Como bailarina de ballet, mi vida parece perfecta—beca, papel protagónico, dulce novio Tyler. Hasta que Tyler muestra su verdadera cara y su hermano mayor, Asher, regresa a casa.
Asher es un veterano de la Marina con cicatrices de batalla y cero paciencia. Me llama "princesa" como si fuera un insulto. No lo soporto.
Cuando una lesión en mi tobillo me obliga a recuperarme en la casa del lago de la familia, me quedo atrapada con ambos hermanos. Lo que comienza como odio mutuo lentamente se convierte en algo prohibido.
Estoy enamorándome del hermano de mi novio.
**
Odio a las chicas como ella.
Consentidas.
Delicadas.
Y aún así—
Aún así.
La imagen de ella de pie en la puerta, apretando más su cárdigan alrededor de sus estrechos hombros, tratando de sonreír a pesar de la incomodidad, no me deja.
Tampoco lo hace el recuerdo de Tyler. Dejándola aquí sin pensarlo dos veces.
No debería importarme.
No me importa.
No es mi problema si Tyler es un idiota.
No es asunto mío si alguna princesita malcriada tiene que caminar a casa en la oscuridad.
No estoy aquí para rescatar a nadie.
Especialmente a ella.
Especialmente a alguien como ella.
Ella no es mi problema.
Y me aseguraré de que nunca lo sea.
Pero cuando mis ojos se posaron en sus labios, quise que fuera mía.
Papis Alfa y su Criada Innocente (18+)
—¿De quién fue la polla que te hizo llorar más fuerte esta noche?— La voz de Lucien era un gruñido bajo mientras me sujetaba la mandíbula, obligándome a abrir la boca.
—La tuya— jadeé, mi voz destrozada de tanto gritar. —Alpha, por favor—
Los dedos de Silas se clavaron en mis caderas mientras se hundía de nuevo en mí, rudo e implacable. —Mentirosa— gruñó contra mi espalda. —Ella sollozó en la mía.
—¿Deberíamos hacer que lo demuestre?— dijo Claude, sus colmillos rozando mi garganta. —Átenla de nuevo. Que suplique con esa boquita bonita hasta que decidamos que ha ganado nuestros nudos.
Estaba temblando, empapada, usada— y todo lo que pude hacer fue gemir, —Sí, por favor. Úsenme de nuevo.
Y lo hicieron. Como siempre lo hacen. Como si no pudieran evitarlo. Como si les perteneciera a los tres.
Lilith solía creer en la lealtad. En el amor. En su manada.
Pero todo fue arrancado.
Su padre—el difunto Beta de Fangspire— murió. Su madre, con el corazón roto, bebió acónito y nunca despertó.
¿Y su novio? Encontró a su pareja y dejó a Lilith atrás sin una segunda mirada.
Sin lobo y sola, con una deuda hospitalaria creciendo, Lilith entra en el Rito—un ritual donde las mujeres ofrecen sus cuerpos a los Alphas malditos a cambio de oro.
Lucien. Silas. Claude.
Tres Alphas despiadados, malditos por la Diosa Luna. Si no marcan a su pareja antes de los veintiséis, sus lobos los destruirán.
Lilith se suponía que era un medio para un fin.
Pero algo cambió en el momento en que la tocaron.
Ahora la quieren—marcada, arruinada, adorada.
Y cuanto más la toman, más la desean.
Tres Alphas.
Una chica sin lobo.
Sin destino. Solo obsesión.
Y cuanto más la prueban,
Más difícil es dejarla ir.
De mejor amigo a prometido
Una semana de boda en New Hope. Una mansión llena de invitados. Y una dama de honor muy resentida.
Para sobrevivir, Savannah lleva una cita —su encantador y pulcro mejor amigo, Roman Blackwood. El único hombre que siempre la ha apoyado. Le debe un favor, y fingir ser su prometido? Fácil.
Hasta que los besos falsos empiezan a sentirse reales.
Ahora Savannah está dividida entre mantener la farsa… o arriesgarlo todo por el único hombre del que nunca debió enamorarse.
Cómo No Enamorarme de un Dragón
Por eso fue más que un poco desconcertante cuando llegó una carta con mi nombre ya impreso en un horario de clases, una habitación en el dormitorio esperándome y las materias elegidas, como si alguien me conociera mejor de lo que me conozco yo misma. Todo el mundo conoce la Academia, es donde las brujas afilan sus hechizos, los cambiaformas dominan sus formas, y toda clase de criatura mágica aprende a controlar sus dones.
Todos menos yo.
Ni siquiera sé qué soy. No hay cambio de forma, ni trucos de magia, nada. Solo una chica rodeada de personas que pueden volar, conjurar fuego o sanar con un toque. Así que me siento en las clases fingiendo que encajo, y escucho con atención cualquier pista que pueda decirme qué es lo que llevo escondido en la sangre.
La única persona más curiosa que yo es Blake Nyvas, alto, de ojos dorados y, definitivamente, un dragón. La gente susurra que es peligroso, me advierten que mantenga las distancias. Pero Blake parece decidido a resolver el misterio que soy, y de algún modo confío en él más que en nadie.
Tal vez sea imprudente. Tal vez sea peligroso.
Pero cuando todos los demás me miran como si no perteneciera a este lugar, Blake me mira como si fuera un acertijo que vale la pena resolver.
En la Cama con su Jefe Idiota
Una noche. Eso es todo lo que se suponía que iba a ser.
Pero a la fría luz del día, alejarse no es tan fácil. Roman no es un hombre que suelta—especialmente no cuando ha decidido que quiere más. No solo quiere a Blair por una noche. La quiere a ella, punto.
Y no tiene intención de dejarla ir.
Un juego del destino
Finalmente, después de años de no tomar sus vacaciones, las toma para su próxima boda y luna de miel, pero todo da un gran giro cuando está en Hawái, sola y sin esposo, por lo que por primera vez lanza una moneda al aire y decide vivir una noche sin riesgos y apasionada con el primer extraño que encuentre en un bar y al que nunca verá en su vida, ¿Cuál era la probabilidad de volverse a encontrar? Completamente nula.
Pero el destino los vuelve a juntar inesperadamente… Y en el lugar que menos esperaban.
Un juego del destino.
La Cachorra del Príncipe Licántropo
—Pronto estarás rogándome. Y cuando lo hagas—te usaré como me plazca, y luego te rechazaré.
—
Cuando Violet Hastings comienza su primer año en la Academia de Cambiantes Starlight, solo quiere dos cosas: honrar el legado de su madre convirtiéndose en una sanadora hábil para su manada y pasar por la academia sin que nadie la llame rara por su extraña condición ocular.
Las cosas toman un giro dramático cuando descubre que Kylan, el arrogante heredero al trono de los Licántropos que ha hecho su vida miserable desde el momento en que se conocieron, es su compañero.
Kylan, conocido por su personalidad fría y sus maneras crueles, está lejos de estar contento. Se niega a aceptar a Violet como su compañera, pero tampoco quiere rechazarla. En cambio, la ve como su cachorrita y está decidido a hacer su vida aún más un infierno.
Como si lidiar con el tormento de Kylan no fuera suficiente, Violet comienza a descubrir secretos sobre su pasado que cambian todo lo que pensaba que sabía. ¿De dónde viene realmente? ¿Cuál es el secreto detrás de sus ojos? ¿Y ha sido toda su vida una mentira?
La Esposa Muda del Mujeriego
Ella buscaba libertad. Él le dio obsesión, envuelta en ternura.
Genesis Caldwell pensaba que escapar de su hogar abusivo significaba salvación—pero su matrimonio arreglado con el multimillonario Kieran Blackwood podría ser su propia clase de prisión.
Él es posesivo, controlador, peligroso. Sin embargo, de su manera rota... él es amable con ella.
Para Kieran, Genesis no es solo una esposa. Es todo.
Y él protegerá lo que es suyo. Aunque eso signifique destruir todo lo demás.
Después de la aventura: En brazos de un multimillonario
En mi cumpleaños, la llevó de vacaciones. En nuestro aniversario, la trajo a nuestra casa e hizo el amor con ella en nuestra cama...
Descorazonada, lo engañé para que firmara los papeles de divorcio.
George permaneció indiferente, convencido de que nunca lo dejaría.
Sus engaños continuaron hasta el día en que se finalizó el divorcio. Le lancé los papeles en la cara: —¡George Capulet, a partir de este momento, sal de mi vida!
Solo entonces el pánico inundó sus ojos mientras me suplicaba que me quedara.
Cuando sus llamadas bombardearon mi teléfono más tarde esa noche, no fui yo quien respondió, sino mi nuevo novio Julian.
—¿No sabes —rió Julian en el receptor— que un exnovio decente debería estar tan callado como los muertos?
George rechinó los dientes: —¡Ponla al teléfono!
—Me temo que eso es imposible.
Julian dejó un suave beso en mi forma dormida, acurrucada contra él. —Está agotada. Acaba de quedarse dormida.












