
Casada con el hombre que me odia
Fer Alix · Completado · 172.7k Palabras
Introducción
Mientras Maya carga con la culpa y el desprecio de Oliver por la trágica muerte de Zoé, su prima y el amor de su vida, Oliver está decidido a convertir el matrimonio en una prisión emocional para Maya. Sin embargo, bajo la fachada de odio y resentimiento, ambos comienzan a descubrir que las cicatrices del pasado son más profundas de lo que imaginaban.
En un entorno lleno de lujo, intrigas familiares y emociones contenidas, Maya lucha por encontrar su lugar y mantener su dignidad, mientras Oliver batalla contra los sentimientos contradictorios que comienzan a surgir. ¿Podrá el amor surgir entre las sombras de la desconfianza, o el peso del pasado destruirá cualquier posibilidad de redención?
Un viaje que los llevará desde la opulencia de Dubái hasta los rincones más oscuros de sus corazones, donde descubrirán que la verdad, aunque dolorosa, puede ser el único camino hacia la libertad.
Capítulo 1
Maya Wood caminaba por el pasillo de mármol con las manos entrelazadas frente a ella, tratando de calmar los nervios que sentía. Ese día cambiaría el rumbo de su vida. Había aceptado casarse con uno de los nietos de la señora Edith Harrison, una mujer a la que conocía desde hace años y a quien apreciaba profundamente. Como su doctora de cabecera, Maya había sido testigo de su fortaleza y sabiduría, y nunca imaginó que esa conexión profesional derivaría en una propuesta matrimonial tan inesperada.
La habitación en la que la esperaba la familia Harrison era majestuosa, decorada con tapices antiguos y lámparas de cristal. La señora Edith, sentada en una silla alta, sonrió cálidamente al verla entrar. Maya se inclinó levemente en señal de respeto, pero notó que había una tensión palpable en el ambiente.
—Maya, querida —dijo la anciana, extendiendo una mano temblorosa hacia ella. —Gracias por venir. Esto es un acto de gran nobleza por tu parte. Estoy segura de que encontraremos al nieto adecuado para ti.
Maya intentó sonreír, pero sus labios apenas se curvaron. A pesar de que había aceptado esta propuesta por gratitud hacia Edith, no dejaba de preguntarse si estaba cometiendo un error. La idea de un matrimonio sin amor le resultaba desconcertante, pero confiaba en el juicio de la señora Harrison.
Mientras Edith comenzaba a hablar sobre sus nietos, la puerta se abrió de golpe, interrumpiendo la conversación. Un hombre alto y apuesto entró en la habitación con pasos firmes. Su presencia dominaba el espacio, y su mirada helada recorrió a los presentes antes de posarse en Edith.
—Ninguno de mis hermanos se casará con la doctora Wood —anunció con voz firme y decidida—. Si alguien debe hacerlo, seré yo.
Un silencio absoluto cayó sobre la sala. Los ojos de todos estaban fijos en él, incluyendo los de Maya, que había levantado la vista instintivamente al escuchar aquellas palabras. Su corazón se detuvo por un instante al reconocer al hombre que acababa de hablar.
¡Era Oliver Harrison!
La sorpresa golpeó a Maya como una ola. El hombre que estaba frente a ella no era un desconocido. Era el exnovio de su prima Zoé, una figura que había estado presente en su vida en los días más oscuros. Recordaba perfectamente cómo Zoé había hablado de él, de su carácter intenso y apasionado, y cómo su relación había terminado abruptamente antes de la tragedia que sacudió a su familia.
—Oliver —musitó Maya, incapaz de ocultar su sorpresa.
Él la miró fijamente, su expresión era indescifrable, pero en sus ojos brillaba una determinación que la inquietó. Había algo en su actitud que le hizo sentir un escalofrío recorrer su espalda.
Oliver Harrison. Maya lo conocía demasiado bien. Su presencia era imponente, y su mirada fría parecía traspasar cualquier escudo. Tenía todas las razones del mundo para albergar sentimientos amargos hacia ella. No era algo reciente; aquello se había gestado hace años, un rencor que crecía como una llama imposible de apagar.
Recordaba claramente cómo había comenzado todo. Era tan claro como el agua, el momento exacto en que el hombre comenzó a odiarla.
Había sucedido hace cuatro años. Oliver estaba en una relación con Zoé, la prima de Maya. Eran una pareja perfecta, casi como una historia de cuento de hadas. Zoé irradiaba felicidad cuando estaba con él, y Oliver, aunque reservado, no podía ocultar el brillo en sus ojos cada vez que hablaba de ella. Pero el destino tenía otros planes.
Un accidente lo arruinó todo. La vida de Oliver cambió para siempre, y Maya se convirtió en la destinataria de su odio. Aunque ella no entendía del todo por qué él la consideraba responsable, su rabia era tan intensa como implacable.
Recordaba claramente lo que ocurrió aquel día.
Zoé había desaparecido durante una reunión familiar en la que todos parecían estar disfrutando. Maya, preocupada porque su prima no regresaba tras excusarse para ir al baño, decidió ir a buscarla. No podía sacudirse un mal presentimiento. Al llegar al área del baño, la vio. Zoé estaba de pie, discutiendo con Carlos, el hombre con el que recientemente había comenzado a salir en secreto. Maya no podía escuchar lo que decían, pero la tensión entre ellos era evidente.
Carlos parecía dispuesto a marcharse, pero Zoé lo detuvo. Las palabras que le lanzó a él hicieron que su expresión cambiara de la ira a la desesperación. Antes de que Maya pudiera intervenir, vio a Zoé correr hacia el borde del acantilado cercano.
—¡Oliver! ¡Por favor, ayúdame! —gritó Zoé en un tono desgarrador mientras saltaba.
El mundo de Maya se detuvo. Era incapaz de entender lo que acababa de presenciar. Corrió hacia el borde, con la esperanza de que Zoé estuviera aferrándose a algo, pero no había nada. Solo el vacío y el mar abajo. Unos minutos después, los gritos de Oliver atrajeron a Maya y a Estefan.
—¡Maya! ¿Qué fue lo que le hiciste? —rugió Oliver al llegar, su rostro descompuesto por la ira y el miedo. Su voz era un trueno que sacudió a Maya—. ¿Por qué empujaste a Zoé?
Ella trató de hablar, pero las palabras no salían. Simplemente negó con la cabeza, todavía en estado de shock.
—¡Dímelo! ¡¿Qué le hiciste?! —Oliver intentó acercarse, pero Estefan lo detuvo, poniéndose entre ellos.
—No sabemos qué pasó, Oliver. No te dejes llevar por tus emociones. Vamos a averiguar qué ocurrió aquí. Seguramente hay cámaras. —La voz de Estefan era firme pero calmada, tratando de contener a su amigo antes de que hiciera algo que no pudiera deshacerse.
Las cámaras de seguridad confirmaron la verdad: Zoé había saltado por su cuenta. Maya no la había tocado. Sin embargo, eso no cambió nada para Oliver. Aunque las pruebas demostraban su inocencia, él seguía convencido de que Maya había sido la razón detrás de la desesperación de Zoé. En su mente, Maya era culpable de haberla empujado a tomar esa decisión.
Lo que complicó aún más las cosas fue la desaparición de Carlos. Aquel hombre, que claramente había estado discutiendo con Zoé antes del incidente, simplemente desapareció. Nadie pudo encontrarlo, y cualquier respuesta que pudiera ofrecer se desvaneció con él. Lo que quedaba era un vacío lleno de sospechas y culpas.
Después del incidente, Maya hizo lo único que podía hacer: alejarse de Oliver. Sabía que cualquier encuentro con él solo avivaría su odio. Pero ahora, cuatro años después, aquí estaba él, de pie frente a ella, dictando un destino que nunca había pedido.
Maya cerró los ojos, tratando de calmarse. Su mente estaba atrapada entre los recuerdos de aquel día y la realidad que tenía delante. No entendía por qué Oliver insistía en casarse con ella. Pero algo era seguro: él tenía un propósito, y ella estaba a punto de descubrir qué tan lejos estaba dispuesto a llegar para cumplirlo.
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