NovelaGO
El hijo oculto del CEO.

El hijo oculto del CEO.

clauriverahernan77 · En curso · 36.6k Palabras

706
Tendencia
1.2k
Vistas
117
Agregado
Agregar a estante
Comenzar a leer
Compartir:facebooktwitterpinterestwhatsappreddit

Introducción

Una noche de trabajo en un hotel de lujo cambia para siempre la vida de Deniz Duval cuando ayuda a un desconocido tembloroso y febril a llegar a su habitación. Ese hombre es Jack Wilderose, el CEO más frío y poderoso de la ciudad, drogado por su propio primo. Lo que comienza como un acto de compasión se transforma en una noche de deseo salvaje e incontrolable. Seis años después, Deniz cría sola a un niño que es el vivo retrato de aquel desconocido… hasta que el destino los vuelve a cruzar y Jack descubre que el hijo que nunca supo que tenía es también la prueba de la traición que casi lo destruyó.

Capítulo 1

Deniz

El reloj de la recepción marcaba las once y cuarenta y tres cuando el ascensor se cerró detrás de mí con un suspiro metálico. El pasillo del piso dieciocho olía a jazmín y a madera pulida, ese aroma caro que los hoteles de cinco estrellas esparcen como si pudieran comprar el silencio. Yo llevaba la bandeja de plata con las dos copas de cristal y la botella de champagne bien fría, el peso repartido entre mis manos para que no temblara. Llevaba seis horas de turno y los pies me ardían dentro de los zapatos negros de suela fina, esos que obligan a caminar erguida aunque por dentro uno se sienta derrotado.

Seis meses en el Grand Rose y todavía no me acostumbraba a la forma en que la luz dorada de los apliques se reflejaba en el mármol del suelo. Cada paso hacía un sonido suave, casi reverente, como si el edificio entero me recordara que yo no pertenecía a ese mundo. Yo era la huérfana que había aprendido a sonreír sin mostrar los dientes, la que doblaba las sábanas con precisión militar y nunca miraba a los huéspedes a los ojos más de lo necesario. El trabajo pagaba lo justo para un cuarto diminuto en las afueras y un plato de comida al día. Nada más. Y esa noche, como casi todas, sentía el peso de la soledad como una manta demasiado pesada sobre los hombros.

Llegué a la puerta 1807. Respiré hondo antes de tocar. Tres golpes suaves, el protocolo. Nadie contestó. Volví a llamar. El silencio se alargó. Empujé la puerta con el hombro y entré. La habitación estaba en penumbra, solo la lámpara de la mesa de noche encendida. El aire olía a colonia masculina cara y a algo más… algo metálico, casi dulce, que no supe identificar. Dejé la bandeja sobre el escritorio de caoba, ajusté las copas, enderezé la servilleta de lino. Mis dedos rozaron el frío del cristal y por un segundo imaginé cómo sería beber de una de esas copas, sentir el burbujeo en la lengua, olvidar por una noche que mañana habría que volver a sonreír a desconocidos.

Salí cerrando con cuidado. El pasillo seguía vacío. El ascensor estaba lejos, al fondo, y yo caminaba despacio, disfrutando del breve instante en que nadie me observaba. Fue entonces cuando lo vi.

Al principio pensé que era una sombra más entre las paredes beige. Luego la sombra se movió. Un hombre alto, muy alto, vestido con un traje oscuro que aún conservaba la elegancia a pesar del desorden. El cabello negro le caía sobre la frente, pegado por el sudor. Caminaba apoyándose en la pared, una mano extendida como si el mármol pudiera sostenerlo. Tropezó. El sonido de su rodilla golpeando el suelo me llegó antes que su jadeo.

Corrí sin pensarlo.

—Señor… ¿se encuentra bien?

Mi voz sonó más firme de lo que me sentía. Me agaché a su lado. Él levantó la cara y el mundo se detuvo un segundo.

Ojos verdes. No el verde suave de las hojas de primavera, sino un verde profundo, casi oscuro, atravesado por vetas doradas que la luz del pasillo hacía brillar. La piel pálida, tensa sobre los pómulos altos. La boca entreabierta, respirando con dificultad. El cuello de la camisa desabrochado, la corbata floja, y debajo de la tela fina se adivinaba el relieve de un pecho amplio, musculoso. Olía a whisky caro y a algo más cálido, casi febril.

—No… —murmuró. La voz era grave, ronca, como si hubiera estado gritando o conteniendo un grito—. No me siento…

Intentó levantarse y volvió a tambalearse. Lo sujeté por el brazo. El contacto me quemó. Su piel estaba caliente, demasiado caliente, y temblaba bajo mis dedos. El traje de lana fina se arrugaba contra mi uniforme negro. Sentí el peso de su cuerpo inclinarse hacia mí y por un instante temí que nos fuéramos los dos al suelo.

—Voy a ayudarlo a llegar a su habitación —dije, forzando la calma—. ¿Cuál es el número?

Él parpadeó, como si le costara enfocarme.

—1808…

La habitación contigua a la que yo acababa de servir. Claro. El destino tenía un sentido del humor retorcido.

Lo sostuve. Él era mucho más alto que yo; mi cabeza apenas le llegaba al pecho. Caminamos juntos, su brazo pesado sobre mis hombros, el mío rodeándole la cintura. Cada paso era un esfuerzo. Su respiración caliente rozaba mi sien. Podía sentir el latido acelerado de su corazón contra mi costado. Y algo más. Un calor que no era solo fiebre. Un calor que se filtraba a través de la tela y me hacía consciente de cada centímetro de mi propia piel.

Llegamos a la puerta. Él sacó la tarjeta con dedos torpes. La pasó dos veces antes de que la luz verde se encendiera. Empujé la puerta y entramos. La habitación era idéntica a la de al lado, solo que aquí las luces estaban más bajas y el aire más denso. El olor a colonia se mezclaba con ese aroma metálico que yo había notado antes.

Lo guié hasta la cama. Él se dejó caer sentado en el borde, la cabeza entre las manos. Yo permanecí de pie, insegura, el corazón golpeándome las costillas.

—¿Quiere que llame a un médico? —pregunté.

Levantó la vista. Esos ojos verdes me atravesaron. Había confusión en ellos, pero también algo más oscuro, algo que me hizo retroceder medio paso.

—¿Fuiste tú?

La pregunta salió baja, casi un gruñido.

—¿Perdón?

—La droga. —Se puso de pie de un impulso, tambaleándose solo un segundo antes de recuperar el equilibrio. Dio un paso hacia mí. Luego otro—. ¿Tú me la diste?

Negué con la cabeza, el pecho apretado.

—No sé de qué habla. Yo solo…

No terminé la frase. Él avanzó. Yo retrocedí hasta que mi espalda tocó la pared fría. Su cuerpo se interpuso entre yo y la puerta. Estaba cerca. Demasiado cerca. Podía sentir el calor que emanaba de él, el temblor fino que recorría sus músculos, el aliento que olía a alcohol y a algo dulce y peligroso.

—Estoy ardiendo —dijo, más para sí que para mí—. Todo… todo vibra.

Su mano se apoyó en la pared junto a mi cabeza. El otro brazo se posó al otro lado, encerrándome. No me tocaba, pero el espacio entre nosotros se había vuelto casi inexistente. Mi pecho subía y bajaba con demasiada rapidez. Él lo notó. Su mirada bajó hasta la línea de mi escote, donde el uniforme negro se tensaba con cada respiración, y luego subió de nuevo hasta mis ojos.

—Dime tu nombre.

—Deniz —susurré, porque la voz no me daba para más.

—Deniz… —Repitió mi nombre como si lo estuviera saboreando. Una esquina de su boca se curvó, no exactamente en una sonrisa—. Eres pequeña. Y tienes los ojos del color de la miel cuando le da el sol.

El cumplido me desarmó más que cualquier acusación. Intenté deslizarme hacia un lado, pero su cuerpo se inclinó y el movimiento me quedó atrapado. El pecho de él rozó el mío. El contacto fue mínimo, apenas la presión de la tela contra la tela, pero bastó para que un escalofrío me recorriera la espalda entera.

—Debo… debo volver al trabajo —logré decir—. Si no termino el turno me despiden.

—Quédate.

La palabra fue una orden envuelta en necesidad. Su frente se apoyó contra la mía. Cerró los ojos un segundo, como si luchara contra algo interno. Cuando los abrió, el verde se había oscurecido todavía más.

—No sé qué me hicieron —murmuró—. Pero mi cuerpo… te siente. Cada respiración tuya. Cada latido. Es como si la piel me hubiera quedado demasiado estrecha.

Su mano abandonó la pared y bajó hasta mi cintura. Los dedos se cerraron con suavidad, casi tentativos, pero el calor de su palma se filtró a través de la tela del uniforme y me quemó la piel. Yo no me moví. No podía. El corazón me martillaba tan fuerte que estaba segura de que él también lo oía.

—Jack —dijo de pronto—. Me llamo Jack.

Y entonces me besó.

No fue un beso suave. Fue un choque de bocas, hambriento, desesperado. Sus labios se abrieron sobre los míos y su lengua buscó la mía con una urgencia que me robó el aire. Yo solté un sonido ahogado contra su boca. Mis manos, traidoras, se aferraron a la solapa de su chaqueta. El sabor de él —whisky, calor, algo metálico— invadió mi lengua. El beso se profundizó. Su cuerpo se pegó por completo al mío, empujándome contra la pared. Sentí la dureza de sus músculos, la forma en que su pecho se expandía contra el mío, y más abajo… la evidencia inconfundible de que el calor que lo consumía no era solo fiebre.

Un gemido bajo vibró en su garganta. Su mano subió desde mi cintura hasta mi costado, rozando la curva de mi pecho a través de la tela. El roce fue ligero, casi casual, pero mi cuerpo reaccionó como si me hubiera tocado la piel desnuda. Un calor nuevo, distinto, se encendió entre mis piernas. Nunca había sentido nada parecido. Nunca había permitido que nadie se acercara lo suficiente.

Él apartó la boca solo lo necesario para respirar. Su frente seguía apoyada en la mía. Los ojos verdes me miraban con una intensidad que rozaba la locura.

—Dime que pares —susurró, la voz rota—. Dime que te deje ir y lo haré. Aunque me esté muriendo por dentro.

Yo debería haber dicho que sí. Debería haber empujado, haber corrido hacia la puerta, haber gritado. En cambio, mis dedos se cerraron más fuerte en su chaqueta. El aire entre nosotros olía a deseo y a peligro. Mi respiración se mezclaba con la suya. Y en algún lugar muy profundo de mi pecho, una voz que nunca había escuchado antes susurró que si me iba ahora, me arrepentiría el resto de mi vida.

—No… —mi voz salió apenas un hilo—. No pares.

Sus ojos se cerraron un segundo, como si mi respuesta le hubiera dolido y aliviado al mismo tiempo. Luego su boca volvió a la mía, más lenta esta vez, más profunda. Una de sus manos subió hasta mi nuca, enredando los dedos en mi cabello suelto, tirando con suavidad para inclinar mi cabeza. El otro brazo me rodeó la cintura y me levantó casi sin esfuerzo, pegándome contra la pared con todo su peso. Sentí la dureza de él presionando contra mi vientre. Un temblor me recorrió entero.

El beso se volvió húmedo, desesperado. Su lengua exploraba, reclamaba. Yo respondía con una torpeza que delataba mi inexperiencia, pero él no parecía importarle. Cada roce de su boca enviaba chispas por mi piel. El uniforme me apretaba el pecho. El calor entre mis piernas se hacía insoportable. Nunca había estado tan consciente de mi propio cuerpo: de la forma en que los pezones se endurecían contra la tela, de la humedad que empezaba a reunirse donde nadie me había tocado nunca, de la forma en que mis caderas se movían solas, buscando más contacto.

Jack gemía contra mi boca. Pequeños sonidos guturales que me hacían estremecer. Su mano bajó desde mi nuca, recorrió mi espalda, se detuvo en la curva de mi trasero y apretó. El gesto me arrancó un jadeo. Él lo aprovechó para besar mi cuello, justo debajo de la oreja, y luego más abajo, donde el pulso latía desbocado.

—Hueles tan bien… —murmuró contra mi piel—. Como si hubieras nacido para esto. Para que te toque. Para que te…

No terminó la frase. Sus dientes rozaron mi clavícula. Yo arqueé la espalda, ofreciéndole más sin darme cuenta. El mundo se había reducido a la pared fría detrás de mí, al calor de su cuerpo delante, al sonido de nuestras respiraciones mezcladas.

En algún momento su mano encontró el cierre de mi falda. El metal chirrió al bajar. El aire frío tocó la piel de mi muslo. Él se detuvo, levantando la vista hasta mis ojos, buscando permiso una vez más. Yo no dije nada. Solo sostuve su mirada y asentí, apenas un movimiento de cabeza.

Fue suficiente.

Sus dedos se deslizaron bajo la tela, subiendo por la piel sensible del interior de mi muslo. Cuando rozaron la humedad a través de la ropa interior de algodón, ambos soltamos un sonido. Él apoyó la frente en mi hombro, respirando agitado.

—Estás… mojada —dijo, como si no pudiera creerlo—. Por mí.

La vergüenza me quemó las mejillas, pero el deseo era más fuerte. Mis caderas se movieron hacia su mano. Él entendió. Sus dedos apartaron la tela y tocaron, por fin, la piel desnuda. El contacto directo me hizo arquear la espalda con un gemido que no reconocí como mío. Nunca nadie me había tocado así. Nunca había sentido esa chispa eléctrica que partía desde el punto exacto donde sus dedos se movían y se expandía por todo el cuerpo.

Jack levantó la cara. Sus ojos verdes estaban casi negros.

—Voy a llevarte a la cama —dijo, la voz baja y ronca—. Y no voy a parar hasta que me digas tu nombre otra vez mientras te corres.

Me levantó en brazos como si no pesara nada. Caminó los pocos pasos hasta la cama enorme y me depositó sobre las sábanas de algodón egipcio. El colchón se hundió bajo nuestro peso combinado. Él se quedó arrodillado entre mis piernas, mirándome desde arriba, el cabello desordenado, los labios hinchados por los besos, la camisa a medio abrir. Nunca había visto nada más hermoso ni más peligroso.

Se inclinó y besó el interior de mi rodilla. Luego más arriba. Cada roce de su boca era una promesa. Cuando llegó al borde de mi ropa interior, levantó la vista una última vez.

—Dime que quieres esto, Deniz.

Mi nombre en su boca sonó como una caricia y una posesión al mismo tiempo.

—Lo quiero —susurré, y la verdad de esas dos palabras me asustó más que cualquier otra cosa—. Te quiero a ti.

Algo se rompió en su expresión. Una mezcla de alivio y hambre salvaje. Entonces bajó la cabeza y puso la boca donde sus dedos habían estado, y el mundo se disolvió en calor, en humedad, en la sensación imposible de que alguien pudiera tocarme tan profundamente sin haberme conocido nunca.

El resto de la noche todavía no había empezado. Pero en ese instante, con su lengua trazando círculos lentos y deliberados, con mis dedos enredados en su cabello negro y mi voz quebrándose en un gemido que llenó la habitación, supe que nada volvería a ser igual.

El reloj de la mesita marcaba la medianoche cuando mi primer orgasmo me atravesó como un rayo, y el nombre de Jack se escapó de mis labios como una plegaria.

Y él apenas estaba empezando.

Últimos capítulos

Te podría gustar 😍

Solo Fue Su Esposa

Solo Fue Su Esposa

13.8k Vistas · En curso · Alicia Books
SOLO FUE SU ESPOSA

Oriana Quiroga fue criada como la vergüenza de su familia.

La hija gorda que nadie quería.
La niña de carácter difícil.
La que nunca sería suficiente.

Cuando sus padres intentan entregarla en matrimonio a un hombre poderoso para salvarse de la ruina, Oriana cree que su vida terminó.

Hasta que el capitán Rodrigo Valdés aparece y dice frente a todos:

—Oriana es mi futura esposa.

Así nace un matrimonio por contrato.

Él la salva de una condena.

Ella acepta vivir al lado del único hombre que alguna vez la miró con respeto.

Pero Rodrigo le da su apellido, no su amor.

Su familia la humilla y su pasado la persigue. Su cuerpo vuelve a ser usado para herirla. Y cuando una mentira destruye lo poco que quedaba entre ellos, Oriana firma el divorcio y desaparece.

Sin rogarle a nadie.

Sin mirar atrás.

Sin volver a ser la mujer que todos creían débil.Porque ella tenía un secreto muy bien guardado.

Cuando Rodrigo descubre la verdad, la esposa que perdió ya no es la joven insegura que necesitaba protección.

Ahora Oriana tiene poder, una misión y un secreto que puede cambiarlo todo.

El capitán Valdés podrá ganar guerras.

Pero recuperar a la mujer que rompió con su indiferencia será la batalla más difícil de su vida.

Porque para todos, Oriana alguna vez "Solo Fue Su Esposa"

Pero Rodrigo descubrirá demasiado tarde que ella nunca fue solo eso.

¿Puede una mujer volver a amar al hombre que la salvó de todos… pero la dejó sola cuando más necesitaba ser elegida?
Irresistible Adicción

Irresistible Adicción

13k Vistas · En curso · Anna Alvarez
«La primera vez que lo vi, no sé si la menopausia estaba llegando antes y estaba teniendo un bochorno… o simplemente estaba caliente».

Tras un divorcio que la dejó de pie, pero con el orgullo herido, ella ha aprendido que la vida no se detiene. Enfocada en reinventarse profesionalmente como organizadora de eventos y madre de una adolescente de dieciséis años; el romance no entra en sus planes. Menos aún si viene de la mano de un imponente hombre acostumbrado al control absoluto y a un mundo de lujos impecables.

El magnetismo entre ambos es inmediato, desatando un juego de seducción que desafía las inseguridades lógicas de una mujer real y el vertiginoso ritmo de vida de un millonario. Entre el caos de un nuevo comienzo y la intensidad de un deseo inesperado, ella tendrá que decidir si está lista para romper sus propias reglas y descubrir que las mariposas en el estómago se sienten igual a cualquier edad, o si son cosas de la adolescencia.
Nunca es tarde para un amor apasionado.
Guerreros de la luna azul

Guerreros de la luna azul

8.8k Vistas · Completado · Reanne Michelle
Lelanna es una joven guerrera en entrenamiento para su manada de lobos, la Luna Azul. Tratando de ocultar sus sentimientos por su amigo cercano y futuro Alfa, Lelanna intenta seguir adelante con el apoyo de sus amigos y un apuesto desconocido que entra repentinamente en su vida. Pero el mundo amoroso y feliz de Lelanna pronto se desmorona cuando descubre que tiene enemigos que buscan destruirla a ella y a los que más ama. Nuestra joven guerrera debe enfrentar el miedo, la pérdida, el valor y la misericordia. Lelanna muestra su verdadera valentía, determinación y hasta dónde llega su amor mientras se propone acabar con cada uno de sus enemigos con las habilidades más mortales de una verdadera guerrera.
LA AMANTE

LA AMANTE

6.4k Vistas · En curso · yoriespi03
Arianna Lennox es una joven mujer de 27 años, independiente, resiliente, dedicada a lo que le gusta, ganando dinero y fama por eso. Su piel canela más su cabello largo, oscuro y ondulado son el marco perfecto para sus grandes ojos color verde aceituna, con su bien cuidado cuerpo curvilíneo está decidida a vivir su vida bajo sus propios términos, en el aspecto romántico ha tenido altibajos en sus dos relaciones importantes, por lo que, con la madurez que la caracteriza decide vivir libremente su sexualidad.
Un día cualquiera se encuentra con Zachary Harrison, un hombre de 30 años, ojos azules, alto, cuerpo atlético y sumamente atractivo. Se autodefine, seductor, alma libre y sin ataduras, pero su descaro llega al punto máximo cada vez que se presenta como un hombre felizmente casado, que no está dispuesto a dejar a su esposa, pero que tampoco se priva de disfrutar el placer de una eventual compañía femenina.
Arianna no cumple con los estándares femeninos de Zachary, no obstante, la actitud de ella en su primer encuentro íntimo, lo impacta, lo impresiona y tratando de descartar las razones que lo llevan a buscarla una segunda vez, logra volver a verla, incluso propicia una convivencia temporal solo para “sacarla de su mente”.
Arianna siente que está en peligro de enamorarse y decide poner distancia entre los dos, Zachary intenta seguir sin ella, pero le resulta imposible, sin embargo, para recuperarla hay algo que él debe confesarle y puede que su revelación la aleje para siempre.
Mi jefe dominante

Mi jefe dominante

925.6k Vistas · Completado · Emma- Louise
Siempre he sabido que mi jefe, el Sr. Sutton, tiene una personalidad dominante. He trabajado con él durante más de un año. Estoy acostumbrado. Siempre pensé que era solo por negocios porque él tenía que estarlo, pero pronto aprendí que es más que eso.

El Sr. Sutton y yo no hemos tenido más que una relación de trabajo. El me da órdenes y le escucho. Pero todo eso está a punto de cambiar. Necesita una fecha para una boda familiar y me ha elegido como su objetivo. Podría y debería haber dicho que no, pero ¿qué más puedo hacer cuando amenaza mi trabajo?

Es aceptar ese favor que cambió mi vida entera. Pasamos más tiempo juntos fuera del trabajo, lo que cambió nuestra relación. Lo veo bajo una luz diferente, y él me ve bajo una luz diferente.

Sé que está mal involucrarse con mi jefe. Intento luchar pero no lo consigo. Es solo sexo. ¿Qué daño podría causar? No podría estar más equivocada porque lo que empieza siendo solo sexo cambia de dirección de una manera que nunca podría imaginar.

Mi jefe no solo es dominante en el trabajo sino en todos los aspectos de su vida. He oído hablar de la relación DOM/Subs, pero no es algo en lo que haya pensado mucho. A medida que las cosas se intensifican entre el Sr. Sutton y yo, me piden que me convierta en su sumisa. ¿Cómo puede uno convertirse en algo así sin experiencia ni deseo de serlo? Será un desafío para él y para mí, porque no me gusta que me digan qué hacer fuera del trabajo.

Nunca esperé que lo único de lo que no sabía nada fuera lo mismo que me abriera un mundo increíble y completamente nuevo.
Juego del Destino

Juego del Destino

4.8m Vistas · Completado · Dripping Creativity
El lobo de Amie no se ha mostrado. Pero, ¿a quién le importa? Tiene una buena manada, mejores amigos y una familia que la ama. Todos, incluido el Alfa, le dicen que es perfecta tal como es. Eso es hasta que encuentra a su compañero y él la rechaza. Con el corazón roto, Amie huye de todo y empieza de nuevo. No más hombres lobo, no más manadas.

Cuando Finlay la encuentra, ella está viviendo entre humanos. Él está cautivado por la obstinada loba que se niega a reconocer su existencia. Puede que no sea su compañera, pero él quiere que sea parte de su manada, lobo latente o no.

Amie no puede resistirse al Alfa que entra en su vida y la arrastra de vuelta a la vida de manada. No solo se encuentra más feliz de lo que ha estado en mucho tiempo, su lobo finalmente viene a ella. Finlay no es su compañero, pero se convierte en su mejor amigo. Juntos, con los otros lobos principales de la manada, trabajan para crear la mejor y más fuerte manada.

Cuando llega el momento de los juegos de la manada, el evento que decide el rango de las manadas para los próximos diez años, Amie necesita enfrentarse a su antigua manada. Cuando ve al hombre que la rechazó por primera vez en diez años, todo lo que pensaba que sabía se pone patas arriba. Amie y Finlay necesitan adaptarse a la nueva realidad y encontrar un camino hacia adelante para su manada. Pero, ¿los separará esta nueva situación?
La Cuarta Vida de la Omega

La Cuarta Vida de la Omega

3.7k Vistas · En curso · Angeline
Su mayor enemigo y peor pesadilla, sin embargo, podría convertirse en su única oportunidad de venganza.

El Alfa más brutal, temido y despiadado de las manadas, le propone un trato inesperado: convertirse en su Luna. Ella necesita el poder y la protección que solo un Alfa como él puede proporcionarle.

Acepta, convencida de que podrá utilizar al Alfa para conseguir su venganza.

Lo que no imagina es que el Alfa también tiene sus propios secretos… y que acercarse demasiado a él podría ser mucho más peligroso que enfrentarse a sus enemigos.

Mientras su antigua pareja la traiciona con su propia media hermana, Escarlata comienza su plan de venganza. Pero cuanto más se acerca al alfa, más difícil le resulta distinguir entre el peligro y la atracción.

Ella quería usar al Alfa para vengarse.
Él tenía sus propias razones para elegirla.
Y ninguno estaba preparado para enamorarse.

Esta vez, ella no permitirá que nadie decida cómo termina su historia.

La Omega despreciada está a punto de convertirse en la mujer que nadie podrá volver a destruir.
La Gestante del Rey Alfa

La Gestante del Rey Alfa

42.1k Vistas · En curso · Bella Moondragon
Acabo de llegar al castillo del Rey Alfa, pero no tengo idea de por qué estoy aquí. Creo que es para pagar la deuda de mi familia, pero cuando me llevan a un dormitorio elegante, tengo la sensación de que no voy a ser su sirvienta...

Isla

Soy una don nadie de una manada lejana. Mi familia debe mucho por los gastos médicos de mi hermano. Haré lo que pueda para ayudarlos, pero cuando descubro que he sido vendida al Rey Alfa Maddox como su criadora, no estoy segura de poder hacerlo.

El rey es frío y distante, y se rumorea que mató a su primera esposa. Pero también es sexy y atractivo. Mi mente puede estar diciéndome que no, pero mi cuerpo lo desea de todas las maneras posibles.

¿Cómo voy a sobrevivir como la criadora del Rey Alfa cuando nunca he estado con un hombre antes? ¿Volverá a matar?

Maddox

Desde que mi Reina Luna murió, juré no volver a amar. No estaba buscando una criadora, pero solo tengo un año para producir un heredero o perderé mi trono. Esta hermosa chica, Isla, apareció en mi puerta justo a tiempo. ¿Es el destino? ¿Es ella mi segunda oportunidad de tener una compañera? No, no quiero una de esas.

Todo lo que necesito es un hijo.

Pero cuanto más tiempo paso con Isla, más quiero no solo a cualquier criadora, sino a ella.

¡Más de un millón de lecturas en Radish—haz clic en este romance ardiente de cambiaformas lobo ahora mismo!
Rompiendo las reglas

Rompiendo las reglas

30.9k Vistas · En curso · Joana Guzmán
Laila De Luca terminó con corazón roto la primera vez que se enamoró, aquel fue un golpe duro del que aún no se ha recuperado. Cuando vuelve a ver al hombre que la lastimó, la ira bulle dentro de ella. Debería haberle dicho entonces todo aquello que había guardado por tantos años y no inventarse un novio falso. Por supuesto, esa no fue su única mala decisión. ¿En qué estaba pensando cuando aceptó la ayuda de Michelle?

Michelle Ranieri es un hombre que sabe lo que quiere. Construyó la cadena de restaurantes más famosa de país desde cero. No ha llegado tan lejos por detenerse ante los obstáculos y es un hecho que nada lo va a detener de convencer a Laila que están hechos el uno para el otro. Si tiene que fingir ser su novio para ello, pues que así sea. Ella puede poner todas las reglas que quiera, pero todo el mundo sabe que algunas reglas están hechas para romperse.
Paraíso Cruel - Un Romance Mafioso

Paraíso Cruel - Un Romance Mafioso

817.1k Vistas · Completado · nicolefox859
¿Qué es más vergonzoso que una llamada accidental desde el bolsillo?
Llamar por accidente a tu jefe...
Y dejarle un mensaje de voz subido de tono cuando estás, eh... «pensando» en él.

Trabajar como la asistente personal de Ruslan Oryolov es un trabajo infernal.
Después de un largo día satisfaciendo cada capricho del multimillonario, necesito liberar estrés.
Así que, cuando llego a casa esa noche, eso es exactamente lo que hago.

El problema es que mis pensamientos siguen estancados en el imbécil de mi jefe que me está arruinando la vida.
No pasa nada; porque de todos los muchos pecados de Ruslan, ser guapísimo podría ser el más peligroso.
Esta noche, fantasear con él es justo lo que necesito para llevarme al límite.

Pero cuando bajo la mirada hacia mi teléfono, aplastado a mi lado,
Ahí está.
Un mensaje de voz de 7 minutos y 32 segundos...
Enviado a Ruslan Oryolov.

Entro en pánico y lanzo mi teléfono al otro lado de la habitación.
Pero no hay forma de deshacer el daño causado por mi muy sonoro orgasmo.

Entonces, ¿qué puedo hacer?
Mi plan era simplemente evitarlo y actuar como si nunca hubiera pasado.
Además, nadie tan ocupado revisa sus mensajes de voz, ¿verdad?

Pero cuando programa una reunión a solas conmigo de exactamente 7 minutos y 32 segundos,
Una cosa es segura:
Lo.
Escuchó.
Todo.
Tocada por el Velo - Trilogía de la Diosa Indomable - Libro 1

Tocada por el Velo - Trilogía de la Diosa Indomable - Libro 1

17.6k Vistas · Completado · Rhiannan Demlow
Greyson desliza su mano debajo de mí, acariciando mi clítoris hinchado mientras Jaxen me penetra por detrás y Kylen llena mi boca. Mi visión se vuelve borrosa, el calor se acumula en mí como una ola lista para romperse. Desde la cama, Poku gime, su mano acariciando lentamente su pene.
—Mírala... nuestra diosa de rodillas, tomando a dos de nosotros mientras los demás esperamos nuestro turno. Eso es devoción.

Hace nueve años, Sahiyra corrió al bosque y nunca regresó. Todos decían que debería haber muerto, las bestias salvajes no perdonan a las niñas pequeñas. Pero no la mataron. La criaron.

Ahora, a los diecinueve años, vive descalza, sin ataduras y completamente indomable. Caza con lobos, habla con cuervos y calma a las bestias heridas con solo un toque de sus manos brillantes.

No sabe nada de jerarquías, registros o las brutales políticas de harén de los clanes de bestias.

No tiene idea de que es la primera hembra nacida Myrren en doscientos años. O que su poder supera incluso el nivel divino más alto.

Cuando se topa con un grupo de caza de diez machos cambiaformas peligrosamente desatados... todo cambia.

Ellos lo sienten. Esa rara energía pulsando bajo su piel. Ese aura a la que sus bestias no pueden resistirse.

Algo sagrado. Algo intocable. Algo que los mismos dioses están observando.

Y si no tiene cuidado... su necesidad de ella se volverá salvaje. Pero Sahiyra no es una cosa frágil. Ella es la naturaleza. Ella es la Elegida. Y nació para romper el sistema.

🔥 Harén inverso
🐺 Cambiaformas bestiales
✨ Elegida/Diosa en ascenso
🌕 Profecía divina + vínculo primitivo
🩸 Magia salvaje, rituales de apareamiento, dominancia suave
💋 Heroína indomable con sangre de diosa

Actualizaciones DIARIAS
¡Entra. Sé reclamado. ¡Deja que el Velo te elija!