
Embarazada por Mi Mejor Amigo Alfa
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Introducción
—Sophia ha vuelto—la voz de Nathan estaba llena de culpa—. Mi compañera predestinada.
Con el corazón roto, Kyra aceptó disolver su unión, ocultando su embarazo para no cargarlo. Sin embargo, cuando intentó irse, Nathan se negó a soltarla.
—¿No podemos al menos seguir siendo amigos?
Ella liberó su muñeca.
—Perdiste ese derecho.
Nathan no entendió estos sentimientos hasta que Kyra se fue y entonces supo que esto no era solo amistad. Esto era amor. Y lucharía para recuperarla.
Entonces apareció él—Kieran, el hermanastro de Kyra y el infame Alfa del Clan Sombra de Cuervo. La mantuvo cautiva, deseando cada centímetro de ella.
—Somos hermanos—Kyra jadeó.
Sus dientes rasparon la marca de apareamiento en su cuello mientras él gruñía.
—No de sangre. Corre de él todo lo que quieras, pequeña loba. Pero ahora me perteneces a mí.
Atrapada entre dos amores imposibles—¿dónde pertenece realmente Kyra?
Capítulo 1
POV de Kyra
¿Era una bendición casarte con tu mejor amigo?
No estaba segura de lo que pensaba Nathan. Pero para mí, convertirme en su pareja elegida era un sueño hecho realidad. Y ahora —lo que era aún más milagroso— íbamos a tener nuestro primer cachorro.
—Felicidades, Luna Kyra —me dijo con alegría la doctora de la manada al ver el shock en mis ojos—. Estamos a punto de darle la bienvenida al primer heredero Alfa de nuestra manada.
Me toqué el vientre de manera inconsciente, todavía incapaz de creer que allí estaba creciendo un cachorro. ¿Había oído bien? ¿Estaba embarazada? ¡Estaba embarazada del cachorro de Nathan! Después de tres años como su Luna, por fin estaba gestando al cachorro que sería el heredero de mi pareja, el futuro de la Manada Nightfall.
—Sylvia —susurré a mi loba—, vamos a ser madres.
Mi loba se removió dentro de mí, con una presencia cálida y protectora.
De camino a la salida del hospital, no podía esperar para contarle a Nathan lo de nuestro cachorro. Me preguntaba cuál sería su reacción. ¿Aullaría de felicidad? ¿Me besaría y todo eso? Diosa, apenas podía contenerme.
Me cubrí la cara enrojecida mientras fantaseaba. Pero en cuanto sentí el frío del anillo sencillo en mi dedo, mi corazón, que latía desbocado, se calmó. Casi olvidé que Nathan no era del tipo entusiasmado con tener cachorros, sobre todo porque nuestro matrimonio había sido arreglado por nuestras familias.
Nuestras familias habían sido amigas desde hacía mucho tiempo. Así que nuestro matrimonio también reforzó la alianza entre la Manada Nightfall y la Manada Raven Shadow.
Nathan era un caballero en toda regla, tanto como amigo como pareja. Cada vez que teníamos sexo, era considerado pero cauteloso —cuidadoso de no reclamarme con su marca—. Nada de mordida de reclamo, nada de lazo permanente.
Decía que no había necesidad de añadir grilletes cuando todavía no estábamos listos.
Este cachorro, en cierto modo, no estaba en el plan.
Mi mente se inquietó mientras estaba sentada en mi auto. ¿Sería una buena noticia para él?
—Te estás yendo en espiral —murmuró Sylvia en mi mente—. Deja de darle vueltas. Es tu pareja. Se va a alegrar.
—Luna Kyra, ¿está todo bien? ¿Quiere que envíe un enlace mental al Alfa Nathan? —preguntó mi chofer privado, Luke, un guerrero leal de la manada de mi padre—. Luke era confiable, como de la familia, pero si iba a compartirlo, aun así quería que Nathan fuera el primero en enterarse de esta noticia.
—No —negué con la cabeza, dedicándole a Luke una sonrisa tranquilizadora—. Está en el vuelo. Hablaré con él yo misma más tarde.
Así podría captar su respuesta directamente en su expresión más genuina. Siempre se me había dado bien eso.
Cerré los ojos, recordando el día en que conocí a Nathan.
Después de que mi padre se volvió a casar, nunca me llevé bien con mi hermanastro, Kieran Carver. A diferencia de su madre, tan dulce y hermosa, él tenía un aspecto feroz y brutal. Tenía los brazos cubiertos de tatuajes, y las cicatrices en sus antebrazos demostraban que había estado en peleas serias. Y, lo más importante, siempre actuaba como si me odiara: me fulminaba con la mirada cuando me reía, se burlaba de mis pasatiempos. Pero a veces lo sorprendía mirándome cuando creía que yo no estaba mirando. Qué raro. Para escapar de esa casa, me cambié a una nueva preparatoria.
En mi primer día en la nueva escuela, vi a Nathan en el pasillo entre clases. Su sonrisa brillante bajo la luz del sol era deslumbrante. Mucho antes de que nos convirtiéramos en mejores amigos, me enamoré de él a primera vista. Pero era un amor no correspondido; lo sabía muy bien.
En la preparatoria, yo no era más que una nerd aburrida a los ojos de todos, mientras que Nathan Anderson era el mariscal de campo estrella. A todos les sorprendía que pudiéramos ser amigos. Aunque enfrenté hostilidad, me gustaba estar cerca de él. Poco a poco me di cuenta de que no quería ser solo su amiga.
Sin embargo, justo cuando estaba a punto de confesarle lo que sentía, él conoció a su pareja destinada.
Negué con la cabeza, tratando de deshacerme de esos viejos recuerdos tristes. Apreté el anillo de bodas en mi dedo, recordándome que el pasado era pasado. Nathan dijo que lo suyo se había terminado y que ahora yo era su esposa.
Me sequé las lágrimas de las comisuras de los ojos y abrí la puerta de nuestra casa. Mi corazón se calmó al respirar el aroma del hogar. Debía de estar dándole demasiadas vueltas. Esa mujer había salido de nuestras vidas hacía mucho tiempo, y mi matrimonio con Nathan era tan hermoso como un cuento de hadas.
Miré el reloj en la pared. A esas alturas, Nathan ya debería haber bajado del avión. Llevaba más de un mes viajando por asuntos de la manada.
Nathan era el presidente de ADE, y yo en realidad era la vicepresidenta de la empresa. La Manada Nightfall operaba ADE: una empresa de revista de moda de primer nivel de cara al mundo humano. Nuestro equipo secreto de operaciones se encargaba de los asuntos de la manada tras bambalinas, mientras que nuestros recursos en la moda nos brindaban la fachada perfecta. Algunas de nuestras mejores modelos y diseñadores en realidad eran hombres lobo, integrados sin problemas en la sociedad humana. Por supuesto, comparados con los humanos, aún teníamos muchas habilidades únicas.
—Nathan, ¿más o menos a qué hora vas a llegar? Tengo noticias que quiero compartir contigo—. Le envié un enlace mental, pero no respondió. De verdad extrañaba a Nathan después de estar separados un mes.
Marqué su número de inmediato. Tenía muchas ganas de escuchar su voz, de saber cuándo llegaría a casa. Le prepararía una buena comida y él me recompensaría con un beso dulce. Luego quizá tendríamos sexo apasionado, como el que me dio la noche antes de su viaje de negocios. Ups, casi olvidaba que ahora estaba embarazada. Necesitaba decírselo primero y después podríamos hacer otra cosa.
Estaba imaginando feliz nuestro lindo reencuentro cuando se me cayó el alma al oír la voz de una mujer al otro lado de la línea.
[¿Hola?]
El teléfono se me cayó al suelo y mi cuerpo empezó a temblar sin control. ¡No! ¡No podía ser ella! ¡No podía ser Sophia! ¡Ya había salido de nuestras vidas! Debí haber escuchado mal.
Todos los malos recuerdos de la preparatoria regresaron de golpe.
Nathan había cambiado cuando cumplió dieciocho. Su lobo, Alaric, supo de inmediato que Sophia Gilbert era su pareja destinada. Sophia Gilbert era la típica belleza rubia por la que los hombres se volverían locos. Era la porrista popular en la preparatoria, mientras Nathan era el mariscal de campo estrella. Mejor pareja que él y una nerd como yo, ¿no?
No sabía por qué Sophia me odiaba tanto. Tal vez porque yo siempre estaba cerca de Nathan.
—Oh, miren, es la obra de caridad de Nathan—decía cada vez que yo pasaba, y sus amigas se reían a sus espaldas.
Una vez, me encerró en un cubículo del baño mientras sus amigas echaban agua helada por encima de la puerta. Me quedé ahí, temblando con la ropa empapada, mientras ellas soltaba risitas.
Otra vez, me “accidentalmente” me dio una bofetada tan fuerte que me dejó una marca roja.
—Ups—dijo con una sonrisa falsa—. Se me olvidó que a los nerds se les marca fácil.
Lo peor fue cuando me acorralaron en el pasillo después de la clase de gimnasia.
—¿De verdad crees que a él le gustas? Ni siquiera tienes tu propio lobo—Sofía hizo reventar su chicle, acercándose tanto que pude oler su aroma—. Solo te habla porque su abuela se lo ordenó.
Una de sus amigas me arrancó los lentes.
—¿Cuántos dedos estoy levantando, murciélago ciego?
Intenté recuperarlos, pero Sofía me sujetó la muñeca, con las uñas clavándose en mi piel.
—Aléjate de él—siseó—. O la próxima vez no van a ser solo tus lentes los que se rompan.
Me dejaron ahí, con la vista borrosa, mientras recogía del suelo mis lentes agrietados.
Cuando le conté a Nathan lo que Sofía hizo y dijo, él solo se rió.
—Todavía no tienes tu lobo porque no es el momento. Cuando cumplas dieciocho, tu lobo vendrá. Yo estaré ahí para ayudarte en tu primera transformación—dijo, revolviéndome el cabello como si yo fuera un cachorro tonto—. Sofía solo te está molestando, no te lo tomes en serio.
Pero yo sí me lo tomé.
Porque cada vez que Sofía se sentaba con él en el almuerzo, “accidentalmente” derramaba su bebida sobre mis libros. Cada vez que yo pasaba, susurraba:
—Es mío.
Y siempre que Nathan no estaba mirando, me dedicaba esa sonrisa cruel—como si disfrutara hacerme daño donde él no pudiera verlo.
Mi orgullo no soportaba que me intimidaran así, mientras mi mejor amigo se enamoraba de semejante perra. Así que una vez intenté mantenerme lejos de ellos en silencio, pero Nathan se negó a salir de mi vida. Cada vez que me ahogaba en libros y estudios para olvidarlos, Nathan aparecía en mi puerta y me invitaba a salir. No podía decirle que no a su sonrisa encantadora; no podía decir que no cuando aseguraba que era su deber, como mi mejor amigo, sacarme a conocer el mundo real.
Para evitar arruinar nuestra amistad, solo podía esconder mi corazón roto, interpretando en silencio el papel de su mejor amiga a su lado y viendo cómo se le iluminaba la cara por Sofía. Por fin reuní el valor para estudiar en el extranjero cuando me enteré de que Nathan planeaba pedirle matrimonio a Sofía. Sin embargo, nunca esperé que la abuela de Nathan me llamara para rogarme que regresara.
Volví a toda prisa solo para encontrarme con un Nathan sin vida. Su lobo, Alaric, había quedado inquietantemente silencioso. El corazón de Nathan estaba destrozado por Sofía: rechazó a su pareja destinada. Mi querido chico de sol no aparecía por ningún lado, y mi corazón sangraba. ¡Odiaba a Sofía Gilbert, a esa maldita perra!
Nathan no le contó a nadie lo que había pasado, salvo que había terminado con Sofía. La abuela me suplicó que me vinculara con él para estabilizar a la manada. No entendí por qué él aceptó hasta el día en que lo oí decir:
—Ya no importa a quién tome como Luna.
Para él, casarse con cualquiera que no fuera Sofía daba exactamente igual.
Fue tan jodidamente doloroso, pero aun así entré en este matrimonio sin pensarlo dos veces. Mi chico querido estaba roto, y yo quería arreglarlo, sin importarme si me arruinaba en el proceso.
Me quedé dormida en casa sintiéndome tan insegura y preocupada. Me desperté a mitad de la noche cuando sentí a alguien acariciándome la mejilla.
Poco a poco, abrí los ojos y me di cuenta de que me había quedado dormida en la sala.
Alguien me levantó del sofá. Su aroma a menta me envolvió, pero por debajo—algo a cereza.
Lo miré con los párpados pesados.
—Nathan…
—Mmm —murmuró mientras caminaba hacia las escaleras—. ¿Por qué dormiste en el sofá?
Me quedé mirando su rostro mientras me recostaba con cuidado en la cama. Me acarició el cabello y me besó la frente. Mi loba, Sylvia, ronroneó satisfecha.
Habíamos estado separados más de un mes; mi cuerpo lo extrañaba y mi corazón lo anhelaba.
—¿Dónde has estado? Te he estado esperando —dije mientras le acariciaba la mejilla.
—Solo me reuní con un amigo. Dijiste que me estabas esperando, ¿es algo urgente?
Al ver su rostro amable, de pronto no quise arruinar el momento, así que cerré los labios entreabiertos y me tragué la verdad.
Negué con la cabeza e hice un puchero, diciéndole que tenía sueño. Él soltó una risita y me acomodó con cuidado en la cama. En el instante en que estaba a punto de dejarme, después de darme un beso de buenas noches, entré en pánico por alguna razón. Lo jalé rápido y lo besé con toda mi pasión, tratando de desvestirlo, queriendo que me tocara más y más profundo. Lo extrañaba. Lo deseaba. Sentí que la única forma de estar tranquila era dejar que me tuviera otra vez, asegurarme de que todavía era mío.
—Espera, Kyra —dijo, inmovilizándome las manos con suavidad sobre la cama para detenerme—. Creí que dijiste que tenías sueño y necesitabas descansar.
—Pero creo que ahora te extraño más. —Lo miré con inocencia, y alcancé a ver el deseo destellar en sus ojos, pero no supe por qué se apagó tan rápido. Antes se alegraba cuando yo tomaba la iniciativa.
No se rió. Soltó un suspiro profundo y, con delicadeza, me acomodó el cabello detrás de las orejas antes de tomarme la mano y mirarme a los ojos.
—Tengo algo que decirte.
Sentí que el corazón se me aceleraba. Pensé en el cachorrito en mi vientre. Él tiene algo que decirme. Yo también tengo algo que decirle.
—¿Q-Qué es? —pregunté, con la voz temblorosa.
Inhaló hondo.
—Sabes que eres importante para mí, ¿verdad?
Asentí lentamente. No pude responder. Tenía miedo de lo que estaba a punto de decir. Tenía un mal presentimiento.
—Eras mi mejor amiga antes de que nos casáramos. Eres una de las pocas personas que valoro…
No sabía por qué me estaba diciendo todo eso, pero ya sentía las lágrimas acumulándose en las comisuras de mis ojos.
—Kyra… —hizo una pausa y apretó los ojos con fuerza antes de mirarme otra vez—. Y-yo creo que ya es hora de que terminemos nuestro matrimonio. ¿Puedes rechazarme?
—N-Nathan… —sentí que el corazón se me encogía.
Él sonrió.
—Sé que tú tampoco sientes nada por mí. Solo te casaste conmigo por mis abuelos. Lo hiciste porque los quieres. Ahora es momento de nuestra verdadera felicidad, Kyra.
Negué con la cabeza.
—¿D-De qué estás hablando, Nathan?
—Sophia ha vuelto, Kyra. Mi compañera destinada ha vuelto.
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