
La Ex-Esposa Invaluable del CEO
Filins · Completado · 465.8k Palabras
Introducción
Vi a un hombre que parecía exactamente como mi prometido, y animada por el valor líquido, lo abracé.
—Ese bastardo de Leopold se reconcilió con su primer amor. Es tan injusto. Él fue mi primer amor—yo no puedo volver con el mío como él hizo...
Tal vez era mi imaginación, pero realmente olí el aroma de Leopold en esta persona. —¿Serás mi primer amor? Todos los demás me han abandonado. ¿Me aceptarás?
Cuando la persona no respondió, me sentí herida y enojada. ¡Leopold no me quería, y ahora este sustituto también me rechazaba!
Impulsivamente, rodeé su cuello con mis brazos y lo besé. Después de unos momentos, él agarró la parte trasera de mi cuello, convirtiendo mi avance pasivo en su dominio mientras me volteaba sobre la cama.
—Lucinda, tú te lo buscaste.
Capítulo 1
—Señorita Wiper, su artritis traumática es extremadamente grave. Debe suspender todo entrenamiento de danza por lo menos durante tres meses, de lo contrario es muy probable que pase el resto de su vida dependiendo de una silla de ruedas…
En ese momento, sentí que el alma se me salía del cuerpo. Casi me desplomé allí mismo.
Llevaba veinte años bailando ballet… finalmente había ascendido al cargo de primera bailarina en la compañía de ballet más importante del país, con la calificación para competir a nivel internacional… solo para recibir de mi médico lo que se sentía como una sentencia de muerte.
Conteniendo como podía el terror y la desesperación, caminé hacia la entrada del hospital para llamar a mi prometido, Leopold Percy. Pero respondió la voz de una mujer.
—Señorita Wiper, se me rompieron las puntas. Leo me las está arreglando ahora mismo. ¿Quiere que le deje un recado?
Era Sophia Guise. El primer amor de Leopold.
Mi corazón se hizo añicos sin previo aviso, un dolor agudo se extendió por todo mi cuerpo.
Una vez, mientras miraba dos pares de zapatillas de ballet en una tienda, le pedí a Leopold que los viera conmigo. Se negó, alegando que estaba demasiado ocupado. Y ahora estaba aquí, inclinándose humildemente para arreglar con sus propias manos las zapatillas de Sophia.
Tras unos segundos, estabilicé la voz y dije con frialdad:
—Pásame a Leo.
—Ay, Lucinda… —canturreó Sophia—. Esta noche Leo elogió mi baile. Dijo que mi actuación fue más deslumbrante que tu debut como primera bailarina. —Hizo una pausa—. Él no te quiere. ¿Por qué estás tan empeñada en retenerlo?
Me mordí con fuerza el labio para conservar la compostura.
—Eso no es asunto tuyo. Pásame a Leopold.
Sophia soltó una risita desdeñosa.
—¿Jugando a la fuerte? ¡Ya veremos cuánto te dura!
Un segundo después, sonó la voz de Leopold.
—¿Por qué no estás ensayando a estas horas? ¿Qué quieres?
Apreté el teléfono con más fuerza; la voz me temblaba pese a todos mis esfuerzos.
—Leo, ¿podrías venir a casa esta noche? Necesito decirte algo importante.
—Lucinda, todavía no estamos casados. ¿Con qué derecho pretendes decidir mi horario? —La voz de Leopold era de hielo.
El frío de su tono me golpeó los oídos. Bajé la voz, suplicante:
—No estoy decidiendo nada. Solo esta noche, por favor, ¿puedes venir a casa?
—No. —Me rechazó sin la menor vacilación y luego advirtió con frialdad—: No me gustan las mujeres presuntuosas, Lucinda. No pongas a prueba mis límites.
Su tono implacable me atravesó el corazón. No pude contenerme.
—La fecha de nuestra boda ya se anunció a todo el mundo. Todos saben que estoy a punto de casarme contigo, y aun así sigues enredado con Sophia. ¿Estás tratando deliberadamente de convertir a nuestras familias en el hazmerreír?
Leopold soltó una risa burlona.
—Siempre podemos cancelar la boda.
El corazón se me fue al piso. Llevábamos saliendo desde la universidad, apoyándonos en todo durante una década entera. Le había entregado mis mejores años, mis sentimientos más puros, sin reservas. Creía que valoraba nuestra relación tanto como yo… pero, en cambio, me lanzó esas palabras que me atravesaron el alma.
Por lo visto, yo era la única ilusionada con caminar hacia el altar.
—Bien. Cancelémosla.
Silencio repentino al otro lado. Un escalofrío inexplicable me recorrió la espalda.
—¿Has estado esperando que dijera eso? ¿Para poder correr a los brazos de Asher sin sentir culpa? —La voz de Leopold rezumaba desprecio.
El pecho se me oprimió. Se refería a Asher Wood, director de una compañía de danza en el extranjero. Un año atrás, durante una gira internacional, me habían obligado a beber en una cena y casi caigo víctima de los avances depredadores de Asher. El incidente me dejó traumatizada.
Leopold lo sabía, y aun así lo utilizó deliberadamente para herirme.
—Eso no es cierto…—
Me interrumpió antes de que pudiera terminar.
—Sea verdad o no, tú sabes la respuesta. Pero recuerda esto, Lucinda: tú eres la que está rompiendo el compromiso, así que no vayas llorando con mi abuelo para que parezca que yo te hice daño.
Su voz se endureció.
—Y no me gusta deberle nada a nadie. Con razón o sin ella, has estado conmigo todo este tiempo. Ahora que nos separamos, vas a recibir lo que mereces, ni un centavo menos.
Colgó antes de que pudiera responder. Ya no pude contenerme. Me derrumbé llorando.
Dios era tan cruel. Quitarme a los dos amores de mi vida el mismo día. Este dolor… cuanto más lúcida estaba, más insoportable se volvía.
Lo único que pude hacer fue ir a un bar y beber hasta quedar entumecida. Desde niña, me habían obligado a seguir las reglas, a crecer de acuerdo con las expectativas de mis padres. Incluso después de conocer a Leopold… nunca me atreví a salirme de la línea, por miedo a avergonzarlo a él o a mi familia.
Era la primera vez que bebía para olvidar.
La sensación de ardor se extendió de mi garganta a mi pecho, brindándome una distracción entumecida del dolor. Pero la vista se me hacía cada vez más borrosa.
—Nena, así no se bebe. Déjame ayudarte, así sabe mejor.
Un hombre con la camisa desabotonada y una sonrisa lasciva se acercó, acercando su vaso usado a mis labios.
—Lárgate. Aléjate de mí —repuse, asqueada, intentando apartarlo.
Me sujetó la barbilla y me obligó a tragar la bebida. El alcohol frío me escurrió por el cuello y se filtró en mi pecho, estremeciéndome con su helor.
—¡Suéltame! —luché desesperadamente por zafarme, pero el hombre me estampó contra la barra. En el forcejeo, mi cuello de la blusa se desgarró, dejando al descubierto un amplio tramo de piel.
Los ojos del hombre se iluminaron al instante.
—Zorra provocadora. Te voy a dar justo lo que quieres.
Al verlo lanzarse sobre mí como un lobo hambriento, me quedé paralizada de terror. Pero al segundo siguiente, el hombre salió volando por encima de mi cabeza. Cayó sobre las copas de champaña en la barra, haciéndolas estallar contra el suelo.
Antes de que pudiera asimilar lo ocurrido, unos brazos fuertes me atrajeron hacia un abrazo.
—Lucinda Wipere, ¿estás tan desesperada? ¡Viniendo a un bar a buscar hombres!
Mi conciencia se desvanecía. No alcanzaba a ver quién me estaba regañando. Solo expliqué por instinto:
—Yo no… Él me estaba acosando.
De pronto, mis pies se separaron del suelo: alguien me alzó en brazos. Dijo algo más, pero no pude entender ni una palabra. En mi nebulosa, sentí que me depositaban sobre una cama.
Tenía el cuerpo helado. Atrapé la mano cálida que intentaba apartarse, apretándola contra mi pecho.
—No te vayas. Tengo mucho frío.
La persona se quedó rígida y luego me forzó a abrir los ojos.
—Lucinda, mírame. Mira quién soy.
El aire frío me irritó los ojos. Rápidamente giré la cara, escondiendo el rostro en su hombro.
—Me siento fatal. Me duele la cabeza. Y el pecho también. Quédate conmigo, ¿sí?
Él se negó, empujándome con firmeza.
—¡Suéltame!
De pronto, percibí el aroma de Leopold. Mis emociones se desmoronaron al instante.
—Ese desgraciado de Leopold volvió con su primer amor. Es tan injusto. Él fue mi primer amor… yo no puedo volver con el mío como hizo él… —Tal vez fue imaginación mía, pero hasta juraría que olía el perfume de Leopold en esta persona—. ¿Quieres ser tú mi primer amor? Todos los demás me han abandonado. ¿Te quedarías conmigo?
Cuando no respondió, me sentí herida y furiosa. Leopold no me quería, ¡y ahora este sustituto también me rechazaba!
Impulsivamente, rodeé su cuello con los brazos y lo besé. A los pocos segundos, él me sujetó por la nuca, convirtiendo mi avance desesperado en una demostración de dominio, y me tumbó sobre la cama.
—Lucinda, tú te lo buscaste.
Últimos capítulos
#350 Capítulo 350
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Última actualización: 7/23/2026#348 Capítulo 348
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Última actualización: 7/22/2026#345 Capítulo 345
Última actualización: 7/22/2026#344 Capítulo 344
Última actualización: 7/22/2026#343 Capítulo 343
Última actualización: 7/21/2026#342 Capítulo 342
Última actualización: 7/21/2026#341 Capítulo 341
Última actualización: 7/21/2026
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