
La pequeña indomable del CEO obsesivo
Nicoll Mercado · Completado · 195.4k Palabras
Introducción
Acepta la propuesta de matrimonio de Valentino Rizzo, un empresario de corazón gélido, con la obligación de salvar la casi en bancarrota fábrica de su padre.
Cuando la joven rusa pisa suelo italiano, se encuentra de frente con la amante de su futuro esposo. Uno podría pensar que la frágil chica lloraría por el futuro con un prometido que tiene a otra mujer, pero...
—¿Eres la mujer de mi prometido, dices? —se quita los lentes de sol, esbozando una gentil sonrisa en sus labios —. Gusto en conocerte, soy Atenea Volkova, la futura esposa de tu hombre. Perdón... nuestro hombre.
En contraste, un esposo de corazón frío y firme, que constantemente le manifiesta su desprecio y frente a ella destaca su amor por su amante, queda sorprendido al descubrir un pequeño detalle que lo vincula a él y a su diminuta esposa. El amor surge, se desarrolla, se reproduce, pero en algún momento debe extinguirse, ya que Atenea Volkova no está dispuesta a entregar su corazón a ningún hombre, pues fue una promesa realizada de rodillas frente a una tumba, donde su frágil corazón quedó sepultado de por vida.
¿Podrá surgir un amor verdadero entre un corazón de hielo y otro agrietado y cerrado a los sentimientos del amor?.
Capítulo 1
—¿Matrimonio? ¿Casarme? —repite Valentino con incredulidad ante las palabras de su padre—. No hagas ese tipo de bromas, no es gracioso.
Su padre suspira, pellizcando con impaciencia el puente de su nariz. Luego, mira a su hijo, quien mantiene el ceño fruncido, esperando su respuesta.
—No es broma —aclara—. Hoy mismo se envió la propuesta de matrimonio por escrito a los Volkova en Rusia. Te vas a casar.
—¿Estás loco? —su entrecejo se hunde más—. ¿Me has llamado aquí para esta tontería? No me hagas perder el maldito tiempo.
—¡Entiéndelo, Valentino, es necesario que te cases con un Volkova! —estalla, lo que provoca que su hijo se ponga en pie, llevando una mano a su barbilla, para luego mirarlo con reproche.
—¿No te das cuenta de lo que dices? Estamos hablando de boda, papá, no seas ridículo —espeta.
—Solo será por un año, este matrimonio será contractual —su padre también se pone de pie, acercándose a su hijo para colocarle una mano en el hombro—. ¿Podrías hacerlo?.
—No. —aparta la mano de su padre con brusquedad—. No me quiero casar. Y mucho menos con una mujer a la que no conozco y a la que no amo. Olvídalo.
—¿¡Es por esa mujer!? —cuestiona— ¡Ella no está a nuestro nivel social! ¡No puede ayudarnos!.
—No metas a Lirio en esto —se enfurece—. Ella no tiene nada que ver. Pero, ¿sabes? Prefiero casarme con ella. Aunque no tenga lo que estás buscando, la quiero. En vez de tratar de venderme a una loca que ni conozco, busca otra solución.
—¡Pero estamos a punto de colapsar en la fábrica! —se lamenta—. Esa mujer con la que estás no nos sirve en estos momentos. En cambio, si te casas con la hija menor de los Volkova, podremos salir de esta crisis. Solo será por un año, y luego se divorcian. Ese es el acuerdo. En ese lapso estaremos nuevamente al trote.
—¿Quieres que soporte a esa mujer durante un año? No lo creo. No deseo tener a una mujer que voy a despreciar a mi lado. Además, Lirio estará devastada con esto.
—La chica es muy hermosa, hijo —ignora sus palabras—, incluso puedes verla en las revistas para que te des cuenta que no te miento. Ella es perfecta para ti, podrás con esto. Sus padres son unos buenos amigos míos, y están dispuestos a ayudarme. Además, están interesados en el comercio de nuestra fábrica. ¡Es una gran oportunidad!
Valentino cierra los ojos por unos segundos, frotándose las sienes. Su dolor de cabeza aumenta cada vez más por la presión de su padre que sigue sin retractarse de su absurda, pero muy ventajosa decisión.
—No. —espeta.
—Muy tarde, la propuesta de matrimonio ya fue enviada —declara su padre con firmeza—. Solo quería ayudarte a entrar en razón para que vieras el lado bueno de todo esto. Vamos a salir de nuestras deudas, y nuestra fábrica empezará a surgir de nuevo.
—¿Has estado haciendo eso sin mi consentimiento? —lo mira con furia—. Será mejor que lo canceles.
—Demasiado tarde para eso —masculla—. La hija menor de los Volkova estará aquí dentro de dos días. Será mejor que te comportes con ella; es una figura importante, más que esa mujer insípida que tienes a tu lado.
Con eso, finaliza, dejando a su hijo en el recibidor con las manos hechas dos puños por la furia que estaba sintiendo por dentro.
Lo último que pensaba hacer era "comportarse" con esa mujer como su padre le indicó. Él no quería casarse, y si se ve obligado a hacerlo, no dudará en hacer la vida de la niña rica un infierno.
En Rusia. Mansión Volkova
—¿Nos estás escuchando, Atenea? —cuestiona su madre con voz severa, mientras la chica mira sus uñas con un rostro de aburrimiento.
—Ni de broma —responde por fin—. ¿Ahora puedo subir a mi recámara? Tengo mucho sueño.
—¡Atenea Volkova! —se enfurece su madre—. ¡Compórtate por primera vez en tu vida! ¡Esto es algo serio!.
Los gritos de su madre lo único que causan en la joven es... ¿Fastidio y flojera? Sí, justo eso. Pone los ojos en blanco y nuevamente finge escuchar a su madre, mientras su padre permanece inquieto.
—Cálmate, cariño —la alienta el hombre, mientras que la mujer está roja de la furia.
—¿¡No ves a tu hija!? ¡Sigue de malcriada! —se queja—. ¡Eso es porque la consientes mucho!.
—Ay mamá, por favor, deja la paranoia —hace una mueca—. ¿Por qué mejor no sigues con tu sermón para que así ya me pueda ir?.
—Bien —respira, volviendo a mantener la calma—. En dos días estarás en Italia. Te vas a casar con el hijo de Clodan Rizzo. Solo es un contrato de un año, luego de eso se divorcian.
—Ajá —suspira—. Ya me dijiste el chiste, ahora prosigue con lo importante que tienes que decirme.
—¡Atenea! —vuelve a estallar, haciendo parpadear a la chica. Reprime una sonrisa divertida, pero luego al ver a su padre, quien se pone serio, se retracta.
—Hija, tu madre habla en serio —agrega su padre, con un tono más calmado y dulce—. Justo nos llegó la propuesta de matrimonio por escrito de Valentino Rizzo. Es un matrimonio político, donde ambas familias se verán beneficiadas. Nosotros ayudaremos a recuperar su fábrica que está a punto de colapsar, y ellos nos brindan el apoyo comercial para poder distribuir nuestros productos desde Italia.
—¿Quieres decir que yo tengo que ser el puente de los Rizzo y al mismo tiempo el de ustedes para beneficios económicos? —alza una ceja, obviamente en total desacuerdo—. ¡No quiero estar casada con un bastardo que no conozco!.
—Solo será por un tiempo determinado —continúa su padre—. También es una oportunidad para ti, para que por fin sientes cabeza. Además, le debo mucho a los Rizzo, ellos también me brindaron su apoyo en su momento.
—Atenea —su madre también le habla—, ¿piensas pasarte toda la vida de fiesta en fiesta y gastando dinero?.
—Estamos podridos en ello —se encoge de hombros.
—Ese no es el punto. Tienes que comportarte como tal. Solo te la pasas de escándalo en escándalo y haciendo travesuras.
—¿Yo? —abre sus ojos de par en par, ofendida.
—¿Y lo del incendio en la casa del presidente?.
—Ese viejo quería tocarme.
—¿Y el video que subiste a las redes sociales de tu ex con tres mujeres casadas en su cama?.
—Por patán.
—¿Y la golpiza que le diste al novio de tu mejor amiga?.
—Le puso los cuernos.
—¿Y el día que tuvimos que irte a buscar a la comisaría por robo de alcohol en un bar de mala muerte?.
—El dueño quería verme las tetas. Se lo merecía.
—¿Los dos hombres que compraste en una subasta?.
—Estaban bien guapos.
—Y muchas más que ahora no quiero mencionar. ¿Te parece poco? Es hora de que te formalices y te comportes como una señorita decente.
—Lo de señorita lo dudo, porque hace rato...
—Sin detalles —le corta—. El punto es que no tienes opción. O tomas este matrimonio y reflexionas, o me veré obligada a encerrarte en un convento para que te eduquen como se debe.
—Prefiero el convento.
—¡Suficiente!—suspira con frustración —. Atenea, no está en discusión. La propuesta ya está en nuestras manos, y ya está firmada. Estás en edad de casarte, así que no se discute más del asunto.
—¿Edad de casarme a los veinte? —la mira expectante —¿Acaso te casaste con papá a los quince?.
—No puedo con esto —se lamenta la mujer —. Bernardo, dile algo a esa niña.
—¡Ya estoy en casa, familia! —las puertas del estudio se abren de golpe, revelando la entrada triunfal de la hija mayor de los Volkova.
—¿Dónde quedaron tus modales? —su madre la mira con el ceño fruncido.
—¿Qué pasa? ¿Comieron limón? Tienen unas caras que ni para qué les digo. —toma asiento al lado de su hermana menor— ¿Qué les hiciste esta vez, Atenea?
—Quieren casarme con un loco. —masculla la chica.
Cayetana mira a su hermana por unos segundos antes de soltar una estruendosa carcajada. Sus padres la observan cansados de lidiar con la misma situación.
—Dejen de bromear así, ya estoy grande para eso. —termina de limpiar una lágrima que salió por el rabillo de su ojo de tanto reírse.
—No es broma. —aclara su padre.
—¿En serio, Ate? —voltea a ver a su hermana con cara de sorpresa— ¿Quién es ese pobre hombre? Vamos papá, mamá, no le hagan ese daño a un hijo ajeno, ¿qué mal les ha hecho? Debe ser grave.
—Habla la que se quiere follar a uno de sus empleados. —espeta la chica con los ojos entrecerrados.
—¿Cómo? —sus padres reaccionan ante la confesión.
—¡No le crean! —chilla roja de vergüenza— ¡Saben que es una problemática y no quiere aceptar su responsabilidad!
—¿Responsabilidad? ¿Por qué diablos tengo que aguantar a un tipo que quién sabe si lo tiene chiquito? —cuestiona con los brazos cruzados— Es lo peor que me podría pasar en toda mi vida.
Sus padres y hermana se quedan con la boca abierta, mirándola fijamente por sus tan descabelladas palabras. Pensaban que le preocuparía el tipo de hombre, o que estaría en un matrimonio por un año que le impediría hacer muchas cosas un poco descontroladas que ella frecuenta hacer, pero... ¿el tamaño de la longitud es lo que le preocupa en un momento como ese? Debe faltarle un tornillo para solo pensar en eso.
—¿Qué? —ella los mira a todos con cara de inocencia.
—No lo puedo creer —su madre se tapa el rostro con una mano.
—Esto es una mala idea —su hermana aparta la cara.
—Tienes que ir a un psicólogo, hija —agrega su padre.
—No me miren así, ni crean que voy a tocar la cama de ese tipo para luego dudar de mi propia existencia si lo que digo es verdad —hace un mohín de manera despreocupada— ¿Y qué tal si termina siendo virgen?.
—¡Atenea! —todos la gritan al unísono, logrando que la chica se encoja en su asiento refunfuñando.
Atenea Volkova, el pequeño diablillo de la familia Volkov. Una joven de veinte años, mimada y caprichosa. Siempre obtiene lo que quiere y no se somete a ningún tipo de reglas, ya que ella misma crea las suyas.
¿Qué pasará cuando conozca a su futuro esposo? No lo sabe, pero lo que sí sabe es que no le importa. Aparenta seguir las reglas establecidas, pero si te descuidas, podría ponerte una correa en el cuello y tenerte a su merced bajo sus tacones de niña rica.
Cuidado, no confíes en el ángel.
—¿Qué me estás diciendo? —los ojos de la castaña se abren sorpresivamente ante las palabras de su amado— ¿Te vas a casar y me lo dices como si nada?.
—Escúchame, Lirio —la sujeta de los hombros, mirándola a los ojos— esta fue la decisión de mi padre para salvar la fábrica, solo será por un año.
Ella sacude la cabeza, negándose a aceptarlo. Ha pasado un año desde que Lirio ha estado junto a Valentino, brindándole apoyo tras la pérdida de su madre. Ha soportado mucho para que ahora la releguen a un segundo plano. Lirio pensaba que sería ella quien llegaría al altar en un vestido de novia para ser su esposa, pero la propuesta nunca llegó por parte de él.
—No lo acepto, Valentino —sus lágrimas se deslizan por sus mejillas, una táctica que siempre funciona con él— ¿Qué hay de nosotros? ¿Ya no me quieres?.
—Claro que te quiero —le seca las lágrimas que humedecen sus mejillas—. Pero, Lirio, es algo que tengo que hacer. Mi padre ha tomado la decisión, y la propuesta ya ha sido enviada. Necesito que lo entiendas.
—¿Qué quieres que entienda? —se aleja de él abruptamente— ¿Que te vas a casar con otra? ¿Que vas a pasar un año entero a su lado mientras que yo tengo que esperar como tonta?.
—Te juro que no la tocaré —promete, acercándose de nuevo. Ella le da la espalda sin dejar de llorar—. Lirio, por favor, cuando el plazo termine, ella y yo nos vamos a divorciar —se acerca por su espalda y la abraza—. Luego te daré ese lugar a ti, como mi esposa.
—¿Lo dices en serio? —gimotea, con voz dulce y frágil— Tienes que prometerlo.
—Te lo prometo —asegura, dejando un beso en su mejilla—. Solo espérame, Lirio.
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