
La propuesta del ceo
Blanca Rios · Completado · 101.6k Palabras
Introducción
Capítulo 1
El velo de novia, una nube de encaje que alguna vez simbolizó la promesa de una vida eterna, ahora yacía en el fondo de un baúl, acumulando el polvo del olvido y la traición. Para Bianca, el tiempo se había detenido hacía un mes, justo en el instante en que el hombre que juraba amarla le confesó, con una frialdad que aún le calaba los huesos, que no se casaría con ella. No solo la dejaba plantada en el altar, frente a los ojos curiosos y lastimeros de sus invitados, sino que lo hacía por el más humillante de los motivos: se había enamorado de su vecina.
Aquel rechazo no solo rompió su corazón, sino que desmoronó su estructura de vida. Por amor —o por lo que ella creía que era amor—, Bianca había cometido el error de abandonar sus estudios universitarios y su beca, convencida por las palabras manipuladoras de su prometido, quien le aseguraba que bajo su protección ella "no necesitaba esforzarse tanto". Ahora, sin título, sin prometido y con el alma hecha jirones, Bianca se encontraba deambulando por las calles de una ciudad que parecía disfrutar de su desgracia.
Cada mañana, la joven salía de la modesta casa de su madre con la esperanza de recuperar su independencia. Sin embargo, el mercado laboral era una jungla despiadada. En las empresas grandes, la rechazaban por no haber terminado su carrera; en los negocios pequeños, su falta de experiencia la condenaba al olvido.
El día de hoy había sido, por mucho, el más detestable de todos. El cielo plomizo amenazaba con una lluvia que nunca terminaba de caer, igual que sus lágrimas. Al salir de una entrevista fallida en un edificio corporativo, sus pensamientos estaban en otra parte. Llevaba en la mano los últimos billetes que le quedaban, el cambio de un café que había comprado para engañar al hambre. Fue entonces cuando un hombre de traje impecable y porte arrogante salió a toda prisa del edificio. El impacto fue inevitable.
El choque hizo que Bianca perdiera el equilibrio y el poco dinero que sostenía saliera volando, cayendo en una alcantarilla cercana. Ella, con la respiración entrecortada, levantó la vista esperando una mano amiga o una disculpa. El hombre se detuvo un segundo, pero en lugar de remordimiento, sus ojos destilaron un desprecio visceral.
—¡Fíjate por donde vas, mendiga! ¡Ve a pedir a otra parte, que estorbas! —le gritó, antes de subir a su lujoso auto y arrancar dejando una estela de humo y humillación.
Bianca regresó a casa con las rodillas temblando y el eco de esa palabra, "mendiga", retumbando en su cabeza.
—¿Cariño, no vas a comer? —La voz de su madre la sacó bruscamente de sus recuerdos.
Bianca parpadeó, regresando a la realidad de su pequeña cocina. El plato de sopa frente a ella humeaba, pero el aroma, que normalmente le resultaría reconfortante, le revolvió el estómago de forma violenta.
—¿Estás segura de que no pasó nada malo? —insistió su madre, observando la palidez cadavérica de su hija.
Bianca forzó una sonrisa triste, una máscara que ya se estaba volviendo habitual. —Estoy bien. Solo me siento cansada —murmuró.
Sin embargo, el cuerpo no sabe mentir. De la nada, una oleada de náuseas la golpeó con la fuerza de un rayo. Sin poder contenerse más, se levantó de la mesa y corrió hacia el baño. Su madre, con el corazón encogido por la angustia, la siguió de cerca. Escuchó los sonidos del malestar de su hija y, cuando el silencio regresó, se atrevió a dar un paso al frente.
—Bianca... —la voz de la mujer temblaba—. No estarás embarazada... ¿verdad?
Bianca se puso de pie con dificultad. Abrió el grifo y dejó que el agua fría lavara su rostro y el sabor amargo de su boca. Evitó mirar a su madre directamente, fijando sus ojos en su propio reflejo en el espejo. La pregunta le dolió más que cualquier insulto, porque en el fondo de su mente, el mismo temor llevaba días germinando.
—No —respondió con una firmeza que pretendía convencerse a sí misma—. Solo estoy así por todas las desgracias que me han pasado. ¿Crees que es fácil? El hombre que amaba me abandonó e hizo que renunciara a todo por él. Mis estudios, mi futuro... todo se fue a la basura.
Molesta y dolida, lanzó la toalla sobre el inodoro con un gesto de desesperación pura. —Luego me deja plantada el día de nuestra boda diciendo que ama a nuestra vecina. No es un embarazo, mamá, es el peso de mi propia estupidez.
—Sé que no es fácil, hija... —susurró su madre, intentando acercarse.
—Me iré a mi habitación —cortó Bianca, sintiendo que las paredes se le encimaban—. Te prometo que estaré bien. Tal vez mañana encuentre empleo de mesera. He visto un anuncio cerca del centro.
Su madre aceptó la respuesta, queriendo creer por su propia paz mental que solo era estrés. Pero una vez sola en la oscuridad de su cuarto, Bianca se derrumbó. Se abrazó a sus rodillas, llorando en silencio. No quería aquel embarazo. No quería que el fruto de un amor que resultó ser una mentira creciera dentro de ella, convirtiéndose en un recordatorio viviente de su fracaso y de las noches de tormento que aún la perseguían.
A la mañana siguiente, el sol brillaba con una ironía cruel. Bianca se vistió con lo mejor que tenía y se dirigió al restaurante. Al ver el cartel de "Se busca mesera", soltó un suspiro de alivio.
—Bien —murmuró para sí misma—. Por favor, Dios, no me abandones ahora. Es mi última oportunidad.
Cerró los ojos por un segundo e inhaló profundo, llenando sus pulmones de un valor que no sentía. Entró, hizo la entrevista y, para su sorpresa, fue contratada de inmediato. Comenzaría ese mismo turno de noche. Al salir del local, la adrenalina y la emoción de haber conseguido algo por fin la cegaron. Por primera vez en semanas, había una chispa de luz en su camino.
Caminó hacia el paso peatonal, absorta en sus pensamientos sobre cómo le daría la noticia a su madre. Estaba tan emocionada que no se percató de que el semáforo para peatones había cambiado a rojo. Cruzó la calle con paso firme, sin mirar a los lados.
De repente, un claxon ensordecedor rompió la calma de la tarde. Bianca volteó la cabeza y vio dos faros acercándose rápidamente hacia ella. Todo pasó en un segundo. El chirrido de las llantas contra el asfalto fue seguido por un impacto seco que la lanzó por los aires como si fuera una muñeca de trapo.
El golpe contra el pavimento la dejó inconsciente al instante. Mientras el mundo se desvanecía a su alrededor, una mancha carmesí comenzó a brotar de su nariz y, con una crueldad poética, un hilo de sangre comenzó a extenderse entre sus piernas, marcando el fin de un secreto que apenas comenzaba a aceptar.
Minutos después, en la sala de espera del hospital, un hombre caminaba de un lado a otro con el rostro desencajado. Era Eros, el mismo empresario prepotente que la había humillado el día anterior. Iba tan sumergido en sus problemas legales y financieros que no vio a la chica cruzar. Al reconocer su rostro sobre la camilla mientras los paramédicos la ingresaban, el pánico lo invadió.
—¡Mierda! —exclamó Eros, golpeando la pared con frustración. Estaba en el hospital donde atendían a la chica que acababa de atropellar—. ¡De un problema a otro, no puede ser!
Se quedó mirando las puertas de emergencias, debatiéndose entre su escasa conciencia y su instinto de preservación. Miró a su alrededor; la calle había estado casi vacía, el sol le había dado de frente.
“Nadie vio nada, nadie me vio, así que no hay problema”, se repitió a sí mismo, intentando convencerse de que su vida podía seguir como si nada hubiera pasado.
Últimos capítulos
#94 Capítulo 94 Epílogo
Última actualización: 5/23/2026#93 Capítulo 93 Nunca mas
Última actualización: 5/23/2026#92 Capítulo 92 Tu cabeza
Última actualización: 5/23/2026#91 Capítulo 91 Todo por ti
Última actualización: 5/23/2026#90 Capítulo 90 Mi esposa
Última actualización: 5/23/2026#89 Capítulo 89 Infiel?
Última actualización: 5/23/2026#88 Capítulo 88 Consecuencias
Última actualización: 5/23/2026#87 Capítulo 87 Intercambio
Última actualización: 5/23/2026#86 Capítulo 86 Muerte
Última actualización: 5/23/2026#85 Capítulo 85 Doctor
Última actualización: 5/23/2026
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ADVERTENCIA DE CONTENIDO:
Esta historia es estrictamente para mayores de 18 años.
Aborda temas de romance oscuro como la obsesión y la lujuria con personajes moralmente complejos.
Aunque es una historia de amor, se recomienda discreción al lector.
Alpha at the Door (versión editada)
—Ese es el último de ustedes, Cascata —dijo el hombre, mirando al lobo. Disparó de nuevo antes de escapar al final del oscuro callejón.
La tía Rita me dijo que nunca creyera en los hombres lobo. Eran malvados y desagradables.
Pero miré al lobo muy herido. Simplemente no podía dejar que alguien muriera frente a mí.
Corriendo por el oscuro callejón tenuemente iluminado, de nuevo. Miré hacia atrás con cautela. La bestia marrón de furia me estaba persiguiendo. Gruñendo en la oscuridad, estaba decidido a atraparme. Gemí y me giré, concentrándome en mi escape. No quería morir esta noche.
—¡Corre, Veera! —gritó Leo, pero luego lo vi ser arrastrado a las sombras por un par de guantes negros.
Habían pasado cinco largos años desde que había visto esos ojos brillantes.
No había tenido esta pesadilla por un tiempo. Soñaba con él después de esa noche. Me perseguían, atrapaban y secuestraban en los sueños, pero esta noche se sentía tan diferente.
—Si te comportas, te dejaré ir.
Veera miró a su secuestrador y levantó una ceja. Quería maldecirlo, pero se dio cuenta de que no sería prudente, ya que él era un Alfa a quien había salvado del borde de la muerte hace cinco años. Además, estaba atada a la silla y su boca había sido tapada nuevamente, ya que se había asustado y le había gritado como cualquier víctima normal en una película de suspenso.
Por favor, tenga en cuenta que esta es una versión editada de AATD, la historia y el contenido serán los mismos que en la original.
Lectura madura 18+
Alpha at the Door 2020 Por RainHero21 ©
UNA NOVIA FALSA PARA EL DON DE LA MAFIA
Mi hermana gemela se escapó y me dejó a mí para casarme con Luciano Moretti, un implacable Don de la Mafia. Caminé por el pasillo, temblando, rezando para que no notara el cambio. Pero en el instante en que me besó en el altar, su lengua invadió mi boca, exigente y posesiva, saboreándome como si fuera de su propiedad.
Creí que podría ocultar la verdad. Pero en nuestra noche de bodas salió del baño llevando apenas una toalla, con el agua resbalándole por los abdominales esculpidos y la marcada V que apuntaba hacia su pesada hombría.
Me acorraló contra la cama.
—Hueles diferente, esposita —susurró, y su mano se deslizó por mi muslo, con el pulgar rozando, peligrosamente cerca, mi calor húmedo.
Intenté apartarlo, pero a la mañana siguiente decidió ponerme a prueba. Empujó un plato de bagels con mantequilla de maní hacia mí: comida que me mataría, pero que era la favorita de mi hermana.
—Come —ordenó, y sus ojos bajaron a mi pecho, donde mis pezones se marcaban duros contra la bata de seda—. ¿O quieres que te dé de comer otra cosa?
Su mirada se ensombreció, se desplazó a mis labios, y supe que no estaba hablando de comida. Sabe que soy una impostora. Y va a disfrutar cada segundo de castigarme por ello.
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—Sé que sí.
—¿Y si no quiere este tipo de protección?
—La querrá —digo, bajando un poco la voz—. Porque necesita a un hombre que pueda darle el mundo.
—¿Y si el mundo arde?
Mi mano se tensa sutilmente en la cintura de Violet.
—Entonces le construiré uno nuevo —respondo—. Aunque tenga que quemar el viejo yo mismo.
No trabajo para Rowan Ashcroft.
Trabajo bajo él.
Desde mi escritorio, decido quién obtiene acceso al CEO más implacable de la ciudad y quién no pasa del lobby. Gestiono su tiempo, su silencio, sus enemigos. Mantengo su mundo en marcha mientras el mío se derrumba en silencio bajo facturas impagas, una madre internada en rehabilitación y un hermano que desapareció sin despedirse.
Rowan Ashcroft es poder envuelto en un traje a medida.
Frío. Intocable. Implacable.
No coquetea. No sonríe. No ve a las personas, solo su utilidad.
Y durante mucho tiempo, yo solo fui útil.
Hasta que empezó a observarme.
Al principio, el cambio en su atención es sutil. Una pausa demasiado larga. Una mirada que se queda. Órdenes que me acercan en vez de alejarme. El hombre que está de pie frente a mi escritorio empieza a controlar más que mi agenda, y me doy cuenta demasiado tarde de que llamar la atención de Rowan Ashcroft es mucho más peligroso que ser ignorada.
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Ansían posesión.
Esto se suponía que era un trabajo.
No una prueba de mis límites.
No una lenta y deliberada caída en su autoridad.
Pero si Rowan Ashcroft decide que pertenezco bajo su escritorio, que así sea.
Sobrevivir tiene un precio, y las facturas no se preocupan por cómo las pago.












