
Maximiliano Fisterra
Evelyn Zap · Completado · 107.7k Palabras
Introducción
Maximiliano Fisterra es u verdadero nombre, pero todos lo conocen como "Bayá", el hombre más frío y calculador que pudiera existir y el cual, después de haber sido abandonado en el altar por la mujer que quería, decide dejar de creer en el amor.
No obstante, la incómoda y molesta condición que le pone su padre para heredar la mafia, lo lleva a buscar una esposa por contrato. Pero lo que nunca imaginó fue que aquella fuese una astuta y testaruda mujer; además de hermosa y dominante como él.
¿Qué pasará entre dos polos que se detestan a morir?
¿Será que con ellos sí se podrá decir que "del odio al amor, hay un solo paso"?
Descúbrelo en la candente y apasionada historia de Merlí y...
Maximiliano Fisterra.
Capítulo 1
-
-
-
-
-
-
-
- *Merlí * * * * * * * * * *
-
-
-
-
-
-
—Pues hoy sí terminé muerta, exhausta, como trapo, ¡es más! —exclama Cassandra— ¡mírame! —me pides—. ¿Crees que parezco de 26? Me siento como de 50 después de tanto trabajo —bromea; y yo río—. ¡Dios! No entiendo cómo es que tú has resistido tanto. Si se te ve muy delicada.
—Estoy acostumbrada al trabajo —es lo único que le digo mientras seguimos caminando juntas hasta el barrio en el que vivíamos.
—¡Venga! Pero Enrique me va a tener que escuchar mañana. Él solo nos paga para trabajar hasta las cinco. ¡Mira qué hora es! —articula indignada—. ¡Ocho de la noche, Merlí! ¡OCHO DE LA NOCHE! —indica al mostrarme la pantalla de su celular—. ¡¿Lo ves?! ¡¿Eh?! ¡Pero es que ese tipo me va a oír! O nos sube el sueldo o nos largamos de ese mugroso bar. Ya no puedo aguantar a tanto tío viendo lo que no debería —señala; y yo sonrío.
—Ya, Cassandra, relájate
—P...pe... pero ¡¿cómo es que quieres que me relaje, Merlí?! ¡Ese tipo está abusando! ¡está abusando! —exclama mucho más indignada—. Claro, se aprovecha porque tenemos nuestras necesidades. Yo tengo un hijo al que mantener y tú tienes a tu abuela y al ebrio de tu padre —precisa; y yo sonrío algo triste—. ¡Ay, Merlí! Perdóname, perdóname, perdóname. No debí decir lo de tu padre...
—No, no. Tranquila —le digo al girarme a verla y sonreírle—. Está bien. No es que sea la primera vez que alguien me lo diga y, aparte... —suspiro cansinamente— aparte es verdad —acepto algo decepcionada.
—Yo no logro entender cómo es que sigues haciéndote cargo de tu padre. Entiendo que lo hagas de tu abuela, pero de tu padre no.
—Tú lo has dicho, Cassandra. Es mi padre. No lo dejaría —expreso totalmente sincera—. Yo... lo quiero mucho
—¡Venga! ¡Que tú sí que eres una santa, eh! ¡Después de todo lo que te ha hecho! ¡Y nada es secreto en el barrio! ¡Todo el mundo lo sabe! A ti nada más falta encenderte una velita y llamarte "Santa Merlí" —precisa; y yo sonrío divertida—. Dios santo... ¡Que te admiro, Merlí! ¡Que te admiro! ¡Te admiro mucho! —exclama con su exagerado tono de voz y a mí no me toca más que reír divertida, al tiempo en que decido dejar de patear las pequeñas piedritas que golpeaba, durante todo el comino, como si fuera un balón, para poder concentrarme en la mejor de las amigas.
Cuando lo hago, puedo notar que Cassandra ha detenido su andar y está con la boca entre abierta, con un rostro que reflejo sorpresa, mucha curiosidad, así como también... temor.
—¿Cassandra? —cuestiono extrañada al observarla con mi ceño fruncido—. ¿Estás bien? ¿Qué te pas...?
—Pero venga, ¿qué hacen esos dos autos negros estacionados frente a tu casa, Merlí?
—¿Qué dices? —articulo extrañada al desviar mi vista en dirección a mi casa (la cual ya estaba un poco cerca).
Cuando mi mirada recae sobre aquella, confirmo lo que Cassandra ha dicho.
—¿Visita de algún familiar?
—¿Qué? No... — susurro muy confusa y extrañada cuando, de repente, se hace escuchar un disparo, el cual, precisamente, venía de mi casa.
Seguido a ello, se escucha también vidrios quebrarse y eso logra espantarme y preocuparme. Así que, sin pensarlo dos veces, comienzo a caminar apresurada y luego, correr hasta mi casa.
Al llegar a esta y cuando estoy a punto de entrar, unos tipos salen de aquella y me empujan contra el césped de mi pequeño jardín.
—Mierda —me quejo y, de inmediato, procedo a ponerme de pie y entrar a mi hogar.
No entendía lo que pasaba, pero ahora no me importaba saber quiénes eran esos tipos vestidos de traje (como si fueran guardaespaldas), sino que lo único que me interesaba eran...
–Abuela, papá —musito al llegar a la puerta y, otra vez, un hombre se interpone en mi camino y, de manera sorpresiva, toma mi brazo—. ¡¿Qué le pasa?! ¡Suélteme! —grito algo asustada; y el hombre se queda observándome unos segundos.
—Mmmmm... menudo padre... —es lo único que articula el hombre para luego sonreír con diversión y negar con su cabeza.
Finalmente, me suelta de manera adusta y continúa con su camino; sin embargo, no sin antes pronunciar unas palabras que me dejan confundida—. ¡Esperamos nuestro pago pronto, Fernand¡ ¡Tienes 24 horas! —concluye y, por fin, se va.
Cuando ha desaparecido, yo me apresuro en ir a ver a mi familia.
—¡Papá! —exclamo asustada, al verlo tirado en la sala y con un disparo en su muslo—. Papá, papá, llamaré a emergencias —susurro nerviosa, pero el me detiene.
—No, no lo hagas.
—¡Estás herido, papá!
—¡No lo hagas, Merlí!
—Papá...
—¡Eres un bastardo! —escucho, de pronto, la voz de mi abuela; y me giro hacia ella.
—Abuela, ¿estás bien?
—Bastardo... no entiendo cómo es que pude criar tan mal a mi único hijo —precisa llorosa al tiempo en que se sujeta el brazo izquierdo y se queja.
—¿Abuela? ¿Estás bien?
—Merlí, vete de...
—¡No digas una sola palabra, mamá! —grita papá.
—¡Cállate! ¡Cállate! Ah... aaa... —se queja de dolor.
—¿Abuela? —articulo muy preocupada al acercarme a ella.
—Merlí, hija, vete...
—¿Qué?
—Merlí, mi amor...
—¿Abuela? —la llamo muy preocupada cuando aquella se ha desestabilizado.
—Merlí... —es lo único que dice y después, se desvanece por completo.
-
-
-
-
-
- EN EL HOSPITAL * * * * * *
-
-
-
-
—Doctor, doctor, ¿puedo ver a mi abuela o a mi padre? —le pregunto al hombre que los estaba atendiendo, ni bien sale.
—Su padre y su abuela están bien, pero ambos necesitan descansar; sin embargo, ella insiste en verla.
—¿Y puedo hacerlo?
—Sí, claro que sí. Sígame, por favor, pero le recuerdo que solo podrá estar con ella 5 minutos.
—Sí, doctor. Lo que usted diga —respondo y, luego de eso, aquel me lleva hasta la habitación de mi abuela.
Yo entro al cuarto rápidamente, me acerco a su lado y tomo su mano.
—Abuela... —susurro; y ella abre sus ojos.
—Mer... lí —pronuncia mi nombre con dificultad y luego, llora.
—Abuela, tranquila, estarás bien...
—Merlí, vete...
—Abuela, no entiendo de qué hablas.
—Te vendió...
—¿Qué?
—Él te vendió —articula y luego, se echa a llorar—. Corre, Merlí, escóndete.
—No entiendo de qué me estás hablando, abuela —expreso extrañada.
—Tu... tu padre, mi hijo... —empieza a llorar— te vendió —completa y, cuando dice ello, me quedo completamente absorta y desconcertada—. Vete, Merlí, vete... me suplica y, de repente, empieza a sonar un fuerte pitido de la máquina que estaba a un lado de su cama.
En ese instante, llegan médicos, enfermeras y me sacan de ahí. Lo único que me dijeron era que esperara afuera, pero no podía hacerlo; solo había una cosa que necesitaba hacer: confrontar a mi padre.
Sabía que no me dejarían verlo, así que me escabullí como sea en su habitación.
—Vete de aquí o mando a que te saquen...
—Mi abuela me acaba de decir algo...
—¡Vete de aquí! Dije que no quería visitas...
—¿Me vendiste? —pregunto de pronto; él se queda callado—. ¡Responde carajo! ¡¿Me vendiste?! —exclamo exaltada, pero él no responde, ni si quiera me pone un mínimo de atención.
Ante ello, decido acercarme a su cama y tomarlo de los pies, logrando así que él se quejara del dolor, debido a su pierna recién operada—¡¿Me vendiste?! ¡Responde! ¡Te lo exijo!
—¡Sí, sí! ¡Te vendí! —acepta sin descaro o remordimiento—. ¡Y ni se te ocurra escapar! —me amenaza—. Ellos fueron claros. Si tú no estás en su burdel, dentro de 24 horas, vendrían por mí... y por tu abuela —señala sin culpa; y aquello me hace sentir muy triste, pues poco parecía importarle el cómo me sentía con tamaña noticia.
Sabía que mi padre era capaz de muchas cosas, pero jamás de algo tan ruin. De pronto, siento las lágrimas rodar por mis mejillas; no obstante, las limpió muy rápido, pues no tenía tiempo para eso.
—¿Dónde está ese burdel? ¿Con quién debo negociar?
—No se puede negociar con ellos porque yo ya lo hice...
—¡¿Ah sí?! ¡¿Y cuál fue tu negocio?! ¡¿Venderme?! —increpo furiosa—. ¡Dame la dirección del maldito lugar y el nombre de la persona con la que debo negociar!
—Black Subway... y el nombre del tipo es Rashad.
—¿Dónde está? —exijo
—Vieja entrada, calle 2, puerta azul... —termina de decir y, rápidamente, me doy media vuelta para salir del lugar.
—¡No vayas a arruinar mi negociación, Merlí!
—¡Cierra la boca, viejo ebrio! —lo insulto y, después de eso, voy en dirección de aquel lugar.
-
-
-
-
-
- EN EL BURDEL * * * * * *
-
-
-
-
Entro al extraño y recóndito lugar; y un hombre de negro me recibe.
—Nombre —exige.
—Vengo a buscar a Rashad —digo muy seria; y él se ríe en mi cara.
—Rashad es de una noche. No creas que se ha enamorado de ti.
—¡Debo hablar con Rashad! ¡Dónde está Rashad!
—Hey... ya vete de aquí; no molestes, niña —me empuja y eso me hace perder el equilibrio hasta el punto de sentir caerme hacia atrás; sin embargo, alguien no lo permite.
—¿Está bien? —me pregunta un serio, alto, atractivo, imponente y sexi hombre de traje muy elegante y a la medida (quien, extrañamente, traía gafas oscuras).
—Busco a Rashad —es lo único que digo; y él asiente para luego ir hacia el hombre que me había empujado y tirarle una bofetada—. ¿Recuerdas la regla? ¿eh? —le tira otra bofetada—. ¿RECUERDAS LA REGLA?
—Sí, señor, perdón.
—Perdón nada. No admito otro error —parece amenazarlo—. Uno más y te vas —señala muy autoritario—. Y sabes lo que eso significa —le dice; y el hombre palidece—. Llévala con Rashad —ordena y, luego de eso, ingresa al interior del lugar y desaparece.
-
-
-
-
-
-
-
-
- Bayá * * * * * * * * * *
-
-
-
-
-
-
-
—Quiero resultados —es lo primero que digo, al ingresar a la oficina principal del burdel.
—Tenemos mercancía nueva, en menos de 24 horas.
—¿Quién?
—Una joven de 25 años.
—¿Ella decidió pagar así? —cuestiono divertido.
—Señor...
—No digas nada. Ya sé la respuesta. Todas las mujeres son iguales. ¿Cuál es el monto de deuda?
—La chica lo compensará con creces.
—¿Por qué la seguridad?
—Es muy guapa. Aparte ya la mandé a investigar y solo ha tenido un novio; es probable que sea virgen. Sabe que la mercancía nueva vale muchísima pasta.
—¿Virgen a los 25? No lo creo —menciono seguro—. Solo espero que el monto de la deuda sea cubierto.
—Totalmente, estoy seguro de que será una favorita. Mire su foto —me pide uno de los hombres que trabajaba para mí, al poner unos papeles sobre la mesa y... una curiosa foto (la cual tomo para observarla).
—Ya la vi; no es muy guapa... —preciso al tirar la imagen sobre el escritorio, con cierto desprecio.
—¿Cómo que no? Es nuestro mejor ingreso —señala y, de repente, suena el teléfono.
—Atiende la llamada —le ordeno y él lo hace.
Mientras tanto, yo me quedo pensativo, al recordar la estúpida cláusula que mi padre había puesto como único requisito para que yo heredara la organización por completo.
—Venga, señor Bayá. Le mostraré que la mujer vale mucha pasta.
—¿Ahora? —pregunto aburrido.
—La mercancía llegó antes de lo esperado. Justo para el evento principal de la noche.
—Bueno, más vale que sea como digas, sino ya sabes las consecuencias —advierto.
Después, solo salgo de la oficina y voy al salón de ventas sin esperar respuesta alguna. No la necesitaba.
Ya en el salón, puedo observar cómo están nuestros mejores clientes ahí.
—Señor, por favor, tome asiento —me pide uno de mis sirvientes; y lo hago.
Luego de eso, el evento de la noche empieza. Pasan los minutos y muchas mujeres desfilan por la pasarela. Mujeres que decidieron entrar al negocio por su propia voluntad, mujeres que solo buscaban dinero fácil para darse los lujos que deseaban; SOLAS, sin amedrentamiento alguno.
"Así son todas", es lo único que me repito en silencio.
—Y con ustedes, nuestro nuevo ingreso —anuncia el anfitrión y, de pronto, sale esa mujer que decidió venderse por pagar una deuda y, muy seguramente, por ganar más dinero.
—¡SUÉLTENME! ¡SUÉLTENME! —grita demandante mientras dos hombres la traían del brazo, a la fuerza, para pararse en el centro de la pasarela—. ¡SUÉLTENME! ¡LES DIGO QUE ME SUELTEN! —ordena con mucho carácter, pero miedo también.
—¿POR QUÉ GRITA? —pregunto molesto y desconcertado.
—Señor...
—¡CERDOS! ¡ESO ES LO QUE SON! —acusa—. ¡SUCIOS CERDOS! ¡SUÉLTENME! ¡SÁQUENME DE AQUÍ! ¡YO VINE A NEGOCIAR EN NOMBRE DE MI PADRE! ¡NO A QUE ME PUSIERAN COMO UN PEDAZO DE CARNE FRENTE A UNOS VIEJOS COMO USTEDES! —articula entre llanto.
—¿QUÉ ES LO QUE HA DICHO? —pregunto molesto al levantarme de mi asiento y confrontar al administrador del lugar.
—Señor —me mira asustado.
—¡¿Cómo que a nombre de su padre?! ¡¿La deuda no es de ella?!
—Señor...
—¡RESPONDE!
—Su padre nos la ofreció. ¿Cuál es la diferen...? OU... —se retuerce de dolor.
—Aquí, cada mujer ofrece sus servicios a voluntad, ¡No obligadas, idiota! ¡Quítate de mi vista y detengan la venta!
-
-
-
-
-
-
-
- *Merlí * * * * * * * * * *
-
-
-
-
-
-
Ya no pude más y me quebré. Después, solo escuché cómo los hombres ofrecían cantidades de dinero por mí. Vine a este lugar a negociar, pero solo se limitaron a burlarse de mí y luego, luego solo me vistieron y me trajeron hasta esta pasarela.
—Vendida —escucho y levanto mi cabeza para así encontrarme con la imagen de un asqueroso hombre venir hacia mí.
—Hola, preciosura —me sonríe y trata de acariciar mi rostro, pero no se lo permito, sino que, por el contrato, me alejó y me atrevo a escupirle en su rostro.
—Rebelde, como me gustan —señala—, pero me temo que tendré que enseñarte a respetar a tu amo, preciosa —me informa y, luego de eso, eleva muy alto su mano y veo cómo tiene la intención de estamparla contra mi cara; sin embargo, cuando estaba a punto de hacerlo, alguien lo detiene, lo golpea y, finalmente, lo empuja a un rincón del salón.
—Pero ¡¿qué es esto?! ¡La acabo de comprar! ¡Su primera vez es mía! —señala el cerdo.
—¿Me contradice? —pregunta el hombre que no permitió que me golpearan y el cual resulta ser el mismo que vi en la entrada de este lugar.
—Ah... no..., no, señor, perdón, perdone usted —le responde el otro.
—Tú, sígueme —me pide el hombre alto y atractivo de ojos grisáceos.
—¿Cómo sé que no me hará daño?
—Tú decides. Vienes conmigo o te quedas aquí, esperando a que cualquiera te compre. Esas son tus opciones —manifiesta muy serio.
—¿Cómo sé que usted no quiere lo mismo?
—Porque me pareces poco atractiva, no te tocaría por ese motivo y porque no obligo a mujeres a estar conmigo; no tengo la necesidad —menciona autosuficiente—. Bueno, si quiere, me sigue —es lo único que dice y, luego de eso, sale del lugar por el mismo pasillo por el que entré.
"Mierda, no tengo otra opción", señalo al ver a mi alrededor, así que sin pensarlo mucho, me pongo de pie y empiezo a seguir al hombre que, de algún modo, me había salvado.
Aunque tenía que ser sincera conmigo. No confiaba ni podía confiar, en lo más mínimo, en él, así que sabía que tenía que cuidarme... y mucho.
Últimos capítulos
#54 Mi corazón en tus manos
Última actualización: 1/14/2025#53 Perdón
Última actualización: 1/14/2025#52 Error
Última actualización: 1/14/2025#51 Un beso
Última actualización: 1/14/2025#50 Corazón abierto
Última actualización: 1/14/2025#49 Adiós
Última actualización: 1/14/2025#48 Mi corazón le pertenece a un hombre
Última actualización: 1/14/2025#47 ¿Otra vida?
Última actualización: 1/14/2025#46 ¡MERLÍ!
Última actualización: 1/14/2025#45 Extraño
Última actualización: 1/14/2025
Te podría gustar 😍
De la Ruptura a la Felicidad
En mi fiesta de compromiso, se desató un incendio. Mi prometido se lanzó heroicamente entre las llamas. Pero no venía a salvarme a mí—estaba salvando a otra mujer.
En ese momento, mi mundo se hizo pedazos.
Prisión del Destino
—Déjame decirte: te encontrarás con el desdén de tu esposo y sufrirás por la negligencia emocional.
—Incluso podría andar con otras mujeres a tus espaldas...
—No pude soportar más esta vida, así que decidí divorciarme de mi esposo.
—Pero después del divorcio, él se volvió loco buscándome, incluso se arrodilló frente a mí, rogando por mi perdón y pidiéndome que lo aceptara de nuevo.
—¡Los hombres pueden ser tan patéticos!
—¿Debería perdonarlo?
Doctor Gonzalo Daver
Sin embargo, Gonzalo no quiere reconocer sus sentimientos y sólo pretende convertirla en su amante.
Para él solo existen dos grandes pasiones, la medicina y el sexo.
Abigail se esfuerza y consigue ser médica, inspirada por la admiración y el amor secreto que le profiere.
La maldad y el egoísmo de terceros, intentarán separarlos, como en el pasado separaron al doctor Felipe Daver de otra mucama, Diana Soulé,tía de Aby.
¿Podrán dejar los prejuicios de lado?
¿Se dará cuenta a tiempo que esa atracción que él siente, se convirtió en amor?
Mamá por acuerdo: Corazón roto por el CEO
Pero cuando él insiste en concebir de forma natural, todo se descontrola. Entre encuentros ardientes y emociones que no deberían existir, Valentina cae. Él también... aunque nunca lo admitiría.
Hasta que nace el bebé.
Hasta que Damián desaparece.
Años después, el magnate regresa con una verdad que ya no puede callar: la perdió. Y ahora está dispuesto a recuperarla... aunque tenga que enfrentarse al mayor miedo de su vida: amar.
Maximiliano Fisterra
Maximiliano Fisterra es u verdadero nombre, pero todos lo conocen como "Bayá", el hombre más frío y calculador que pudiera existir y el cual, después de haber sido abandonado en el altar por la mujer que quería, decide dejar de creer en el amor.
No obstante, la incómoda y molesta condición que le pone su padre para heredar la mafia, lo lleva a buscar una esposa por contrato. Pero lo que nunca imaginó fue que aquella fuese una astuta y testaruda mujer; además de hermosa y dominante como él.
¿Qué pasará entre dos polos que se detestan a morir?
¿Será que con ellos sí se podrá decir que "del odio al amor, hay un solo paso"?
Descúbrelo en la candente y apasionada historia de Merlí y...
Maximiliano Fisterra.
Mi pecado, mi perdición.
—Yo…—apenas logro articular palabra. Cuando siento el primer azote en mi trasero que me hace jadear.— ¡Aaahs!— Jadeo, apretando el borde del fino mármol mientras lo enfoco por el espejo frente a nosotros.
— ¿Ya no eres tan desafiante como hace unos minutos?
Sonrió con maldad, mordiéndome el labio inferior.
— ¿Eso es todo lo que tienes, tío?”
Una relación prohibida a los ojos de la sociedad envuelve a Analla Maglot, y Arthur Maglot, ante los lazos familiares que los unen. Un secreto que le abre paso al deseo desbordado, que le da la bienvenida a un amor intenso, fugaz, que se ve truncado por la maldad de una mujer celosa, dispuesta a hacer lo que sea para lograr sus ambiciones. La maldad, la sociedad clasista, el tabú, los secretos y las mentiras desencadenan esta historia, que moverá cada fibra cuando todos se enteren de los secretos oscuros que ellos guardan, desatando un infierno antes de por fin lograr ser felices.
Sin embargo, cuando creían haberlo superado todo, su adorada hija revive la historia que daban por vencida. Monick Maglot, de veinte años, guarda un secreto peligroso: está enamorada del mejor amigo de su padre. El hombre que debería ser su tío político y el padre de su mejor amiga se ha convertido en su mayor tentación. Dispuesta a luchar por sus deseos, Monick desencadena una serie de eventos que la sitúan en el ojo del huracán, sucumbiendo ante un hombre mayor que representa su pecado más dulce y su perdición más intensa. Al arrastrar a Omar Flawer a la aventura más prohibida de su vida, él termina rindiéndose ante una mujer que está dispuesta a todo por convertirse en su reina de la mafia.
Cómo No Enamorarme de un Dragón
Por eso fue más que un poco desconcertante cuando llegó una carta con mi nombre ya impreso en un horario de clases, una habitación en el dormitorio esperándome y las materias elegidas, como si alguien me conociera mejor de lo que me conozco yo misma. Todo el mundo conoce la Academia, es donde las brujas afilan sus hechizos, los cambiaformas dominan sus formas, y toda clase de criatura mágica aprende a controlar sus dones.
Todos menos yo.
Ni siquiera sé qué soy. No hay cambio de forma, ni trucos de magia, nada. Solo una chica rodeada de personas que pueden volar, conjurar fuego o sanar con un toque. Así que me siento en las clases fingiendo que encajo, y escucho con atención cualquier pista que pueda decirme qué es lo que llevo escondido en la sangre.
La única persona más curiosa que yo es Blake Nyvas, alto, de ojos dorados y, definitivamente, un dragón. La gente susurra que es peligroso, me advierten que mantenga las distancias. Pero Blake parece decidido a resolver el misterio que soy, y de algún modo confío en él más que en nadie.
Tal vez sea imprudente. Tal vez sea peligroso.
Pero cuando todos los demás me miran como si no perteneciera a este lugar, Blake me mira como si fuera un acertijo que vale la pena resolver.
La herencia del rancho.
En allí, Margarita conoce a Ryder, un vaquero que la atrae desde el inicio y con agrado descubre que el sentimiento es mutuo. ambos cargan con un pasado turbio, y lo suyo fue demasiado rápido, ardiente. Margarita descubre que está embarazada, ahora, las cosas han cambiado y no solo por el exnovio de Margarita aparece y para empeorar todo, su padre y madrastra también.
Se enfrentan a las hormonas de una joven embarazada y la pasión abrazadora de un hombre que sabe montar toros y domar caballos salvajes.
Matrimonio Rápido con el CEO
Pero tal vez la suerte finalmente me encontró. Me liberé de esa pesadilla y me escapé con este hombre hermoso que tiene un poder serio y dinero que parece nunca agotarse...
Las Profecías del Lobo
Esta Vez Él Me Persigue Con Todo
Afuera del salón de baile, ella se acercó a él mientras fumaba junto a la puerta, con la intención de, al menos, darle una explicación.
—¿Todavía estás enojado conmigo?
Él tiró el cigarrillo y la miró con abierto desprecio.
—¿Enojado? ¿Crees que estoy enojado? Déjame adivinar: Maya por fin descubre quién soy y ahora quiere "reconectar". Otra oportunidad ahora que sabe que mi apellido viene acompañado de dinero.
Cuando ella intentó negarlo, él la interrumpió.
—Fuiste algo pasajero. Una nota al pie. Si no hubieras aparecido esta noche, ni siquiera me habría acordado de ti.
Las lágrimas le escocieron en los ojos. Estuvo a punto de hablarle de su hija, pero se detuvo. Él solo pensaría que estaba usando a la niña para atraparlo y quedarse con su dinero.
Maya se lo tragó todo y se marchó, segura de que sus caminos nunca volverían a cruzarse... pero él continuó apareciendo en su vida, hasta que fue él quien se rebajó, rogándole humildemente que lo aceptara de vuelta.
Una semana para el amor
Vicenzo (quien realmente se llamaba Leo) vive su propio tormento en su casa después de haber contraído matrimonio, hace 19 años, con Norka, una mujer que aceptó casarse con él por interés, pero quien mantiene una relación clandestina con uno de los mejores amigos de su esposo.
¿Cómo podría cruzarse las vidas de dos personas atormentadas como Lorey y Leo (por quienes consideraron al amor de sus vidas) en el momento exacto y en el lugar preciso?
Descúbrelo en…
Una semana para el amor...











