
Mi Esposo El Magnate Mimador
Miry Reina · En curso · 69.6k Palabras
Introducción
Capítulo 1
La mañana en que Natalia cruzó el umbral del salón principal de la mansión Crandrall, un silencio incómodo se apoderó del ambiente cuando todas las miradas se posaran sobre ella. La joven avanzaba con la espalda recta y la cabeza alta, aunque podía sentir el repudio palpitar en cada par de ojos que la escrutaban.
Su madrastra, Susana, la escudriñaba de arriba abajo con esa expresión de burla y asco que le era tan habitual, como si estuviera observando un insecto desagradable que había osado entrar en un lugar sagrado. Sus labios pintados de rojo se curvaron en una mueca despectiva, mientras sus ojos entrecerrados evaluaban cada detalle del sencillo vestido de Natalia.
—Natalia, creo que te confundiste de salón —murmuró su madrastra—. Aquí no es la fiesta de los payasos.
Las risas estallaron entre los presentes. Algunas fueron discretas, cubiertas por abanicos de encaje o copas de vino cristalino; otras, descaradas y estridentes, como si aquellas palabras hubieran sido el mejor chiste de la mañana.
Natalia no bajó la cabeza. Su expresión permanecía lejos de cualquier rastro de sumisión. En el fondo de sus ojos brillaba una chispa de orgullo genuino, un fuego interno que pocos en esa sala conocían o podían imaginar. Ese orgullo era lo único que le quedaba después de años de humillaciones, y se aferraba a él como a un escudo.
—¿Qué haces aquí? —rugió entonces su padre—. ¡No te dije que permanecieras encerrada en tu habitación hasta que terminara todo esto!
Pero Natalia lo ignoró por completo. Sus ojos, serenos y decididos se posaron directamente sobre Alejandro O’Sullivan. Él estaba elegantemente vestido con un traje azul marino impecable que acentuaba su figura alta y atlética. Su semblante permanecía imperturbable, como una máscara de serenidad que solo poseen quienes han aprendido a dominarse ante cualquier tormenta emocional.
No había sorpresa, ni disgusto, ni curiosidad en su rostro. Solo una mirada profunda, casi analítica, que parecía leer cada detalle de la joven que tenía delante.
—No importa si la fea de la familia está presente —dijo Zara con aire altivo—. Después de todo, nada arruinará mi felicidad.
Y con una sonrisa triunfante, Zara Crandrall miró hacia Alejandro, como si ya lo considerara de su propiedad. Su vestido blanco y elegante resaltaba su belleza clásica: cabello dorado perfectamente peinado, piel luminosa y una figura que parecía salida de una revista de alta moda.
—Seré la esposa de Alejandro O’Sullivan —proclamó con voz clara y segura—. Eso es más que suficiente para que este día no sea arruinado.
Los O’Sullivan y los Gilmartin llevaban décadas enzarzados en una guerra, compitiendo por poder, tierras fértiles, contratos millonarios y prestigio social en el estado. Pero ahora, con los Crandrall al frente de la alianza, se celebraría el compromiso que sellaría la tregua definitiva: el matrimonio entre Zara Crandrall, una de las jóvenes más hermosas y codiciadas del país, y Alejandro O’Sullivan, el heredero más deseado y poderoso de su generación.
La joven Natalia sonrió apenas, un gesto tan fugaz y sutil que pocos en la sala lo notaron. En su interior, la idea de escuchar a Zara proclamarse esposa de Alejandro le producía una satisfacción profunda y secreta, la misma que produce ver caer una flor arrogante cuando sopla con fuerza el viento.
Ella sabía algo que los demás ignoraban por completo, y esa certeza le brindaba una serenidad.
El padre de Alejandro, Alexander O’Sullivan, hombre de porte imponente, cabello entrecano y semblante severo como el de un general, carraspeó con fuerza, claramente cansado del murmullo entre los invitados.
—Entonces no perdamos más tiempo —ordenó con voz grave—. Comencemos con la ceremonia de una vez.
El juez, asintió. Sacó su portátil del maletín de cuero, la conectó a una pequeña impresora portátil y comenzó a ingresar los datos de los novios en el software del Registro Civil Privado.
Sin embargo, su rostro impasible al principio cambió abruptamente. Un leve ceño se frunció entre sus cejas. Se detuvo, verificó una línea en la pantalla, luego otra. Tecleó una vez más, esta vez con más fuerza, como si la computadora lo estuviera desafiando deliberadamente.
La ansiedad de Natalia comenzó a crecer en su pecho. Su respiración se volvió más lenta y profunda, intentando mantener la compostura mientras el corazón le latía con fuerza contra las costillas.
—¿Ocurre algo, señor juez? —preguntó Susana, la madre de Zara, al notar la extraña expresión del funcionario.
El juez levantó la vista lentamente, ajustándose las gafas.
—Ocurre algo muy grave —dijo con tono serio, mirando directamente a Alejandro, que permanecía sereno, sin que una sola emoción asomara en su rostro atractivo. Con la mirada fija en Natalia.
—¿Grave? —repitió Alexander O’Sullivan, frunciendo el ceño con autoridad—. ¿De qué está hablando exactamente?
—Señor O’Sullivan —continuó el juez, dirigiéndose ahora al padre—, según los registros civiles actualizados… Alejandro no puede contraer matrimonio en este momento.
Un murmullo inquieto y confuso recorrió el salón como una ola eléctrica.
—¿Qué acaba de decir? ¿Por qué no puede? —preguntaron casi al unísono Roberto Crandrall y Susana.
—Porque ya está casado —respondió el juez.
El silencio que siguió fue absoluto y opresivo. Ni siquiera el leve tintineo de las copas o el susurro de las telas se escuchó. Todos los presentes intercambiaron miradas de asombro, confusión. Alexander abrió la boca para hablar, pero no encontró palabras coherentes.
Alejandro, por su parte, permaneció completamente inmóvil. Su mirada continuó fija en Natalia, que se había parado con firmeza delante de él, a solo unos metros detrás del juez. No había sorpresa en sus ojos, solo una intensidad tranquila que parecía decir mucho más de lo que las palabras podían expresar.
—¿Casado? —repitió Alexander—. ¿Con quién te has casado, Alejandro?
El juez revisó la pantalla una vez más, confirmando los datos, y luego pronunció con claridad.
—Con… Natalia Crandrall Gilmartin.
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Última actualización: 5/11/2026
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Lectura madura 18+
Alpha at the Door 2020 Por RainHero21 ©
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