
Mi jefe, mi refugio
rosi_angel1999 · En curso · 62.0k Palabras
Introducción
Destrozada y aferrándose solo a su trabajo, el destino la cruza violentamente con Alejandro, un hombre tan arrogante como atractivo, a quien ha estado a punto de atropellar y, peor aún, a quien le derramó café encima. Para su horror, este "insoportable" resulta ser su nuevo jefe, un empresario frío.
A pesar de los intentos de su madre por alejarla de la ciudad, Alejandro insiste en que Sofía se quede como su asistente, y la obliga a asistir a la boda por negocios. Entre sus continuas discusiones, ambos empiezan a descubrir que se gustan más de lo que quieren aceptar.
Todo explota en la recepción: un Leo ebrio confronta a Sofía, momento que Adela aprovecha para revelar que toda su relación con Leo fue una farsa urdida para dejarla sola. En medio del caos, Alejandro interviene con una ferocidad inesperada, defendiendo a Sofía y poniendo fin a los negocios de su padrastro, lo que desata una crisis familiar y corporativa.
Sofía deberá decidir si el hombre que tanto odió se convertirá en la única persona en la que puede confiar para empezar de nuevo.
Capítulo 1
La llamada de Leo a cenar era lo único que necesitaba. No nos habíamos visto casi en las últimas semanas, así que decidí pasar por su departamento. Allí había dejado un vestido negro con escote y una abertura en la pierna. Sabía que le iba a encantar; aún no me lo había puesto.
Cuando llegué, sentí una extraña calma. Estaba tan acostumbrada a su olor, a la comodidad de su espacio, que me resultaba fácil sentirme en casa. Rápidamente fui a cambiarme; si no me apuraba, llegaría tarde.
Al verme en el espejo sonreí y recogí mi cabello negro en un moño clásico.
—Perfecto, estoy lista
A punto de salir, fui a buscar mi abrigo en el armario y entonces vi: una pequeña caja de terciopelo roja, escondida entre unos zapatos en un rincón. La tomé con cautela, como si fuera a desintegrarse entre mis manos. Al abrirla, el brillo de un anillo de compromiso me cegó por un segundo. Un diamante grande y hermoso descansaba dentro, rodeado por la suave tela negra que lo enmarcaba.
¿Qué hace este anillo aquí? Mi corazón dio un vuelco y sentí una ola de emoción mezclada con confusión. Mi cuerpo estaba paralizado, pero mi mente iba a mil por hora. ¿Leo pensaba proponerme matrimonio?
Mi teléfono vibró en el bolsillo, interrumpiendo mis pensamientos. Lo saqué con manos temblorosas y vi que era él.
— ¿Hola? —respondí, intentando sonar tranquila, pero mi voz tembló ligeramente.
— ¡Hola, amor! ¿Estás lista? Ya te estoy esperando —dijo Leo, con la calidez de siempre en su voz—. Algo en su tono me hizo sentir que este era el momento. —Vente rápido —añadió.
—Sí… ya estoy saliendo para allá —mentí
—Ok, aquí te espero, amor —respondió con tanta confianza que no me hizo sospechar nada.
Me quedé mirando el teléfono un instante, como si esperara que algo más apareciera en la pantalla. Mi cabeza daba vueltas, pero decidí no perder más tiempo. Guardé la caja en su lugar, como si me quemara las manos, y me puse el abrigo.
— ¡Qué fuerte, me voy a casar! —exclamé en voz baja, incrédula.
Al llegar al restaurante, lo vi sentado cerca de la ventana, impecable en un traje gris humo, su cabello rubio perfectamente peinado, con una copa de vino frente a él. Esos lugares elegantes nunca fueron mis favoritos; yo habría preferido una hamburguesa en Big Junior, con mi querido amigo. Pero al mirarlo fijamente lo supe: era el hombre con el que quería pasar el resto de mi vida. Mi corazón se aceleró.
—Hola —titubeé al acercarme.
Leo levantó la mirada y sonrió.
—Hola, amor —dijo, recorriéndome con la mirada. Se detuvo en mi escote y sonrió levemente. Pude ver que el vestido le había gustado y cómo resaltaba mis curvas. Se levantó y me dio un beso fugaz que me supo a gloria.
— ¿Todo bien? —pregunté, con el estómago encogido.
El sonido de su teléfono, tomo su atención suspiró y por un momento lo vi vacilar. Bajó la mirada, lo que me hizo temblar.
—Sofía —dijo al fin, con un tono serio y esa sonrisa que tanto odiaba—. He estado pensando… ya tenemos cuatro años de novios y, bueno…
—Cinco, Leo —lo corregí, emocionada. ¡Dios mío, este era el momento! Pero, ¿y el anillo? ¡Rayos, debí haberlo traído!
«Cálmate, Sofía; te lo va a proponer. Solo di “acepto”.»
Él se acomodó en el asiento, incómodo, y yo traté de contenerme. Su celular repico y ignorando la llamada.
—He estado pensando mucho y… creo que lo mejor para los dos es terminar —soltó de golpe.
—Sí, acep… —balbuceé, sin procesar del todo. Me detuve en seco. — ¿Terminar?
Las palabras de Leo fueron como un balde de agua fría.
—Sí, terminar —repitió con firmeza.
— ¿Pero… y el anillo? —pregunté sin pensar, recordando lo que había encontrado en el armario. Mi voz salió quebrada, como si aún creyera que esa cena era para pedirme matrimonio.
Leo frunció el ceño.
— ¿Anillo? ¿De qué hablas?
Lo miré fijamente, buscando alguna señal de que estaba bromeando. Pero no lo encontré. Sus ojos solo reflejaban una calma tensa.
— ¿Por qué? ¿Acaso hice algo mal? —mi voz se quebró.
Él exhaló con fastidio, recostándose en la silla.
—No es lo que hiciste o dejaste de hacer. Simplemente estoy harto. Eres tan predecible, tan simple… siempre lo mismo, sin emoción. Me aburro contigo, Sofía.
Un dolor me atravesó el pecho. Sentí cómo me humillaba y algo en mí estalló.
—¿Aburrida? ¿Sin emoción? —alcé la voz, furiosa
Varios comensales voltearon a vernos. Leo cerró los ojos, molesto por la atención.
—Sofía, no hagas una escena.
—¡Oh, perdóname si no me quedo callada mientras me destrozas el corazón!
—Siempre tan dramática —bufó—. Quiero estar con alguien más…
Las palabras fueron un puñetazo en el estómago. Lo supe en ese instante.
—¿Con quién?
—Con alguien que no esté obsesionada con trabajar, cuando no lo necesita.
—¿Qué? ¿Te molesta que trabaje? —mi voz era apenas un hilo—. Te lo he dicho: ME GUSTA VALERME POR MÍ MISMA; disfruto hacerlo. No quiero ser una mantenida… como tú.
Él sonrió con cinismo.
—¿Mantenida como yo? Vamos, Sofía. No necesitas trabajar, tienes una familia rica y todo lo que tienes es por ellos.
Ese golpe me dolió más que cualquier otra cosa. Él sabía mejor que nadie que nunca había tocado el dinero de mi familia ni había usado mi apellido para conseguir algo.
—Eres un desgraciado —susurré con la voz rota.
—Soy honesto. Deberías agradecerme.
La rabia se apoderó de mí. Mis manos temblaban sobre la mesa.
—¿Qué quieres que te agradezca? —dije poniéndome de pie—. ¿Haber perdido cinco años de mi vida contigo? —Lo miré con desafío—. ¡Joder! Siempre estuviste conmigo por mi apellido y por lo que podías sacar de mí! ¿Cierto?
Él soltó una risa seca, burlona.
—¿Y si fuera cierto? ¿Qué vas a hacer?
Esa pregunta encendió algo en mí, un fuego que no era solo ira. Mi mano cruzó su cara en un movimiento rápido.
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Última actualización: 6/11/2026#61 Capítulo 61 El secreto de Carlo
Última actualización: 6/11/2026#60 Capítulo 60 Los hackers
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Última actualización: 6/11/2026
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Por favor, tenga en cuenta que esta es una versión editada de AATD, la historia y el contenido serán los mismos que en la original.
Lectura madura 18+
Alpha at the Door 2020 Por RainHero21 ©
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Lo.
Escuchó.
Todo.












