
Querido San Valentín
Merlyn Vindas · En curso · 38.4k Palabras
Introducción
Pero todo cambia la noche de San Valentín.
Después de regresar inesperadamente de un viaje de negocios, Valeria descubre a Richard, su esposo, con otra mujer en su propia casa. Lo que comienza como una infidelidad termina convirtiéndose en el punto de quiebre definitivo cuando Richard cruza un límite que jamás imaginó.
Con su matrimonio destruido y obligada a empezar de cero, Valeria decide divorciarse y reconstruir la vida que dejó de lado por amor.
Lo que no espera es que, mientras intenta recuperar el control de su vida, el destino vuelva a poner frente a ella a un hombre que conoció en las circunstancias más inesperadas.
Alexander Bennett no debería significar nada para ella. Es solo un cliente, un hombre que apareció por casualidad en una de las peores noches de su vida.
Pero cuando el trabajo los obliga a reencontrarse y posteriormente a viajar juntos, aquella casualidad comienza a convertirse en algo mucho más difícil de ignorar.
Valeria tendrá que descubrir si es posible volver a confiar después de haberlo perdido todo.
Porque algunas historias de amor terminan de la peor manera solo para darle espacio a una nueva historia que jamás habíamos imaginado.
Capítulo 1
He llegado a la ciudad después de un viaje de negocios de tres semanas fuera del país. Camino con mi maleta por el pasillo del aeropuerto hasta la salida principal mientras intento contener una sonrisa que lleva horas queriendo aparecer.
El aire fresco de la noche me recibe apenas cruzo las puertas automáticas. Me ajusto el abrigo alrededor del cuello y miro la hora en mi teléfono, es más tarde de lo que esperaba.
Suspiro.
No importa la hora, hoy es San Valentín y, aunque mi regreso estaba previsto para dentro de dos días, no podía esperar más, quiero verlo. Quiero llegar a casa antes de que se duerma, abrazarlo y sorprenderlo con el regalo que llevo meses buscando.
Salgo del aeropuerto y tomo un taxi hacia el centro. Mi maleta queda en el maletero mientras yo me acomodo en el asiento trasero y saco de mi bolso la pequeña bolsa que he cuidado durante todo el viaje.
La miro con total atención, dentro está su regalo. El reloj Rolex.
Llevaba meses hablando de él. Nunca directamente, claro. Richard no suele pedir cosas. Simplemente deja comentarios sobre aquello que le gusta y después continúa con su vida como si no hubiera dicho nada.
Yo, en cambio, presto atención, recuerdo perfectamente la primera vez que lo mencionó y por eso lo busqué.
Sonrío mientras vuelvo a guardarlo. Quiero ver su cara cuando lo abra, seguro que se va a infartar.
El taxi avanza hacia el centro y, mientras observo por la ventana, descubro que la ciudad parece haberse convertido en una película romántica.
En cada esquina hay vendedores ofreciendo rosas, globos y pequeños detalles envueltos en papeles brillantes. Las vitrinas están llenas de corazones rojos y frases sobre el amor. Las parejas caminan tomadas de la mano y algunas personas llevan bolsas de regalo mientras corren de un lado a otro.
Definitivamente, el efecto San Valentín lo invade todo. — Me río bajito.
Por un instante me dejo contagiar por el ambiente. Quiero que esta noche sea especial, quizá demasiado especial.
Después de tres semanas fuera, extraño mi casa, extraño a Richard y extraño hacer el amor con él.
Y, aunque me cueste admitirlo, también extraño la versión de nosotros que existía antes de que las cosas comenzaran a complicarse.
Llevamos dos años casados. Dos años que, hasta hace unos meses, habría descrito como los mejores de mi vida, pero algo cambió, no sé exactamente cuándo o porqué.
Empezamos a discutir por cosas pequeñas. Dejamos de hablar durante horas después de una pelea. Los mensajes se volvieron más cortos y las cenas juntos comenzaron a ser menos frecuentes. Incluso cuando estábamos en la misma habitación, a veces sentía que había una distancia enorme entre nosotros.
Durante mi viaje intenté no pensar demasiado en eso, me repetí que era una etapa que todos los matrimonios tenían momentos difíciles y que regresar a casa podría ayudarnos. Por eso pedí mis vacaciones, quiero recuperar lo que estamos perdiendo, quiero volver a encontrarnos.
El taxi se detiene frente a una de las calles principales y pago el viaje antes de bajar.
—Gracias —le sonrío al joven.
Tomo mi bolsa y camino entre las personas.
No quiero llegar a casa con las manos vacías.
Me detengo frente a una tienda y compro un pequeño ramo de flores, no son las más elegantes ni las más caras, pero sé que a Richard le gustan o al menos solían gustarle.
Sacudo la cabeza. No voy a pensar en eso esta noche. Esta noche quiero creer en nosotros.
Continúo caminando hasta que finalmente llego al lugar donde puedo tomar otro taxi hacia casa.
Durante el trayecto reviso mi teléfono, no tengo ningún mensaje de Richard. Miro la pantalla durante unos segundos y nada.
Frunzo el ceño, quizá está trabajando, es médico y algunas veces sus turnos pueden ser agotadores. Seguro está ocupado, no quiero convertir una ausencia de mensajes en un problema.
Guardo el teléfono.
Cuando finalmente llego, bajo del taxi y permanezco unos segundos frente a nuestra casa.
Las ventanas están oscuras, no parece haber nadie despierto.
Sonrío.
Quizá esté dormido y es perfecto, será una sorpresa.
Pago al conductor y saco mi maleta.
Antes de entrar, miro nuevamente la bolsa que llevo en la mano.
—Espero que te guste —murmuro.
Abro la puerta con cuidado. El interior está completamente silencioso.
Dejo la maleta junto a la entrada y cierro despacio.
—¿Richard? —llamo en voz baja mientras entro, pero hay respuesta. —¿Richard? —. Vuelvo a llamarlo en un susurro.
Escucho su risa que viene de nuestra habitación. Casi de inmediato un escalofrío recorre mi cuerpo. Camino despacio, casi conteniendo la respiración como si quisiera flotar.
De pronto, una carcajada se une a la suya, una risa femenina. Al oírla mi corazón comienza a latir de prisa, dando me golpes en mi pecho como si quisiera advertirme de no subir.
Mi cabeza es un torbellino de pensamientos. Intento convencerme de que estoy entendiendo mal, de que todo tiene una explicación.
—Vamos Richard —Logro entender en medio de la conversación.
Sigo avanzando por las escaleras hacia la habitación y las risas no cesan. Son más bajas esta vez como si fueran más íntimas.
El corazón me golpea contra el pecho con más fuerza. Me detengo a centímetros de la puerta y no sé por qué o para qué. Solo me quedo estática escuchando lo que parecen ser gemidos.
Y de pronto: —¡Oh Selene! —Es la voz de Richard —¡Así, muévete así!
Mi pecho es bombardeado sin que pueda explicar lo que siento. Las lágrimas empiezan a correr por mis mejillas sin que pueda detenerlas. Me cubro la boca para ahogar el gemido de dolor que amenaza con escapar. Estoy paralizada.
Las limpio deprisa en un movimiento rápido y brusco. Busco de prisa el móvil para pedir un taxi e irme, pero me detengo. Comienzo a grabar a Richard para tener evidencia de lo que está haciendo.
Llego hasta la puerta entreabierta de la habitación, coloco mi mano en ella y la empujo suavemente. El mundo se rompe en ese instante al ver la imagen de Richard.
—¡No puede ser! —Sale de mí en una voz ahogada, sin fuerza.
Últimos capítulos
#35 Capítulo 35 Alexander aquí
Última actualización: 10/1/2026#34 Capítulo 34 No quiere saber de mí
Última actualización: 9/30/2026#33 Capítulo 33 Tengo miedo
Última actualización: 9/7/2026#32 Capítulo 32 ¡Valeria!
Última actualización: 9/7/2026#31 Capítulo 31 Me resisto a aceptarlo
Última actualización: 9/6/2026#30 Capítulo 30 Se ha marchado
Última actualización: 9/6/2026#29 Capítulo 29 Un grave error
Última actualización: 9/6/2026#28 Capítulo 28 El beso inevitable
Última actualización: 9/4/2026#27 Capítulo 27 No fue imaginación
Última actualización: 9/4/2026#26 Capítulo 26 Valeria, no piense tanto
Última actualización: 9/4/2026
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