
Una obsesión llamada amor
Ana Karina · Completado · 110.7k Palabras
Introducción
La buscó durante una década. Cada fracaso lo volvió más frío, más implacable. Hasta que finalmente la encuentra.
Valentina Montoya llega a Bogotá huyendo de una traición que destrozó su corazón, sin saber que su nueva vida ha sido planeada al detalle por el hombre que nunca dejó de pensar en ella.
Para Juan Pablo, Valentina no es una coincidencia: es una promesa, una obsesión, un amor que está dispuesto a conseguir sin importar el precio.
Capítulo 1
POV VALENTINA MONTOYA
Hay días en los que una jura que su vida es tan normal como la de cualquier ciudadano colombiano. Tan ordenada, tan predecible, tan meticulosamente construida, que para sentir un mínimo de emoción necesitas ver una novela exagerada o perderte en historias románticas donde un engaño absurdo sostiene toda la trama.
Clichés, les digo yo.
Tragedias ajenas. Dramas de otros.
Nunca —jamás— pensé que uno de esos vendría a buscarme.
Y mucho menos con la violencia de un huracán capaz de derrumbar mi vida.
Soy María Valentina Montoya. Tengo veintiséis años, un MBA, una especialización en proyectos financieros y una formación que no admite atajos. Aprendí pronto que el éxito no se hereda ni se mendiga: se construye con disciplina, con carácter y con largas horas de trabajo silencioso.
Trabajo en una de las compañías de transporte marítimo más grandes de la región. Gano bien. Vivo bien. Y me esfuerzo el doble para que nadie tenga la osadía de decir que llegué hasta aquí por ayuda ajena.
Mi novio, Camilo Guevara, es también mi jefe. Cuatro años mayor que yo, reconocido por su mente estratégica y su temple inquebrantable. Ocho años juntos. Ocho años creciendo, planeando, proyectando un futuro que siempre creí compartido.
Todos decían que éramos el equipo perfecto.
Que encajábamos como piezas exactas de un rompecabezas.
O eso pensaban…incluso yo.
Hasta que una de las piezas comenzó a desajustarse.
Meses atrás, el CEO de la sede en Cartagena anunció su retiro. La junta exigió proyectos para definir a su sucesor y, como siempre, Camilo y yo nos volcamos al trabajo. Ambos teníamos ambiciones y no nos limitamos en competir.
No podía negar que algo me resultaba extraño. En un proyecto tan importante, su actitud comprometida había disminuido; esta vez, él apenas se “desvelaba”, mientras el peso del trabajo recaía cada vez más sobre mí.
Pues yo… yo prácticamente vivía frente al computador en el último mes.
Semanas enteras comiendo frío, revisando cifras, ajustando proyecciones. Mientras él se excusaba con reuniones vagas, llamadas interminables y una distancia que, poco a poco, dejó de parecer casual.
Intenté entenderlo.
La presión. La competencia interna. El desgaste natural de los años.
«Ocho años pesan», me repetía.
Lo justifiqué como cualquier mujer enamorada lo haría.
Me convencí de que, al terminar este proyecto, todo volvería a su lugar. Incluso —ingenua de mí— imaginé que ese sería el momento en que por fin hablaríamos de matrimonio, del anillo postergado, de la familia que yo anhelaba construir.
Estaba en mí el deseo de mantener viva la llama de la pasión, de sostener ese romanticismo que aún creía latente en nuestra relación.
Es por eso que hoy pedí permiso en el trabajo.
Hoy cumplíamos ocho años exactos.
Quise sorprenderlo. Un almuerzo preparado con cuidado, un detalle discreto, un momento solo para nosotros en su oficina. Lejos del ruido, lejos del estrés. Quería recordarle que, pese a todo, yo seguía ahí. Apostando por nosotros.
Llegué al edificio con una sensación extraña en el pecho. Nada concreto, solo una incomodidad leve, como cuando algo no encaja del todo, pero decides ignorarlo.
Subí directo al piso de su oficina. Saludé a la secretaria. Su sonrisa fue breve, forzada.
—¿Está ocupado? —pregunté, intentando sonar natural.
—En… una reunión —respondió, evitando mirarme—. Tal vez sería mejor que volvieras más tarde, Valen.
Tragó saliva.
Ahí, por primera vez, algo se tensó dentro de mí.
No dije nada. Caminé hasta la puerta de Camilo y toqué suavemente. No hubo respuesta. Extendí la mano hacia la manija, pero un sonido fuera de lugar… se escuchó.
Un murmullo entrecortado. Un jadeo.
Me quedé inmóvil.
Acerqué el oído, conteniendo la respiración, y las palabras se volvieron claras. Demasiado claras.
—Ay, Cami… así… por favor…
Reconocí la voz al instante.
Adriana de la Vega.
La misma que en la universidad se encargó de recordarme, una y otra vez, que yo no pertenecía a su círculo privilegiado. La que disfrutaba humillar, sabotear, sembrar veneno. La que siempre me miró como una amenaza.
La ironía era impecable y…asquerosa.
Mi pulso se aceleró, no por lo que hacían, sino por lo que ella dijo después:
—La estúpida de Valentina cree que es brillante —se burló entre risas ahogadas—. Pero no es capaz de imaginar que ese proyecto en el que ha trabajado no le servirá de nada. Tú y yo vamos a brillar sin ella, amor.
Sentí el frío recorrerme la espalda.
Pero fue Camilo quien terminó de sellarlo:
—Déjala creer —respondió con una carcajada liviana—. Todavía piensa que me voy a casar con ella. Cuando sea CEO, lo primero que haré será dejarla.
No hubo explosión. No hubo lágrimas.
Siempre he sido una mujer de carácter fuerte, criada para no bajar la cabeza; y ningún pelele, por muy amado que fuera, iba a venir a verme la cara de estúpida.
Abrí la puerta de golpe.
Me quedé en el umbral. Saqué el teléfono y tomé un par de fotos antes de entrar. Necesitaba pruebas. Siempre las necesito.
—¡Camilo! —mi voz salió firme, afilada.
Adriana gritó y se cubrió como pudo. Camilo palideció, forcejeando torpemente con su ropa.
—Valentina… ¿qué haces aquí? —preguntó, intentando recuperar autoridad.
Solté una risa baja.
—Vine a sorprender a mi novio en nuestro aniversario —respondí con calma glacial—. No esperaba que la sorpresa me la llevaría yo.
Adriana intentó decir algo. La miré con rabia.
—Cállate —le advertí—. No empeores tu situación.
Camilo dio un paso al frente.
—Esto no es lo que parece.
—Claro que lo es —lo interrumpí—. No insultes mi inteligencia.
Entré y cerré la puerta con cuidado. Él frunció el ceño.
—No armes un escándalo. Aquí no.
—Tranquilo —respondí—. No lo necesito.
Lo miré de arriba abajo.
—¿Sabes qué es lo realmente gracioso, Camilo? —sonreí sin humor—. Que siempre me tuviste miedo. Miedo de que fuera mejor. Por eso necesitabas a alguien como ella. Inofensiva. Incapaz de competir.
—¡Basta! —espetó.
—No. Esto apenas empieza.
Retrocedí cuando intentó tocarme.
—Ni se te ocurra.
—No pongas en riesgo tu futuro —insistió.
—El único futuro en riesgo es el tuyo —respondí—. Y no te atrevas a tocar mi proyecto. Antes renuncio que permitir que te apropies de mi trabajo.
Respiré hondo. Intentando controlarme, una basura así no merecía nada de mí ni siquiera mi odio.
—Camilo —dije finalmente—. Tú te estás destruyendo solo. Yo solo voy a observar… y tal vez empujar un poco.
Me giré hacia la puerta.
—Ah por cierto…Feliz aniversario —susurré—. El último. Porque si de pronto en tu pequeña cabecita no te queda claro ¡Terminamos!
Cerré sin hacer ruido ni escándalo.
Porque cuando una mujer deja de respetar a un hombre, ya no hay marcha atrás.
Últimos capítulos
#84 Capítulo 84 Epílogo
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Última actualización: 6/29/2026#81 Capítulo 81 Capítulo 81
Última actualización: 6/29/2026#80 Capítulo 80 Capítulo 80
Última actualización: 6/29/2026#79 Capítulo 79 Capítulo 79
Última actualización: 6/29/2026#78 Capítulo 78 Capítulo 78
Última actualización: 6/29/2026#77 Capítulo 77 Capítulo 77
Última actualización: 6/29/2026#76 Capítulo 76 Capítulo 76
Última actualización: 6/29/2026#75 Capítulo 75 Capítulo 75
Última actualización: 6/29/2026
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